La ignorancia y los fanatismos

Autor: Jairo Alarcón Rodas
En países donde la ignorancia se difunde como medida de control para la población, el fanatismo se incuba y difunde para originar los más nefastos escenarios. La Edad Media, denominada por Bertrand Russel como la época de las tinieblas, en donde el pensamiento, la filosofía y la ciencia se constituyeron sirvientas de los dogmas teológicos, constituye el ejemplo más notorio en el que la irracionalidad pretendió sepultar las inquietudes humanas.

A lo largo de la historia, atreverse a pensar ha constituido un delito y el pensamiento innovador ha sido perseguido incluso hasta la muerte, si no se ajusta a los requerimientos de los que ejercen el poder. Los intereses económicos se han servido de los medios de comunicación, la religión, la educación para crear sujetos dóciles. Durante mucho tiempo la iglesia, ejerció todo el control total de las ideas. Las personas que cuestionan al sistema, eran vistos como una amenaza y por consiguiente, representan un peligro para el poder vigente.

Para los que ejercen el poder perversamente, fomentar la ignorancia les resulta producente, ya que es más fácil conducir a ovejas, que dirigir a lobos. Mitos, creencias, religiones son difundidas y fomentadas para alejar a las personas del pensamiento crítico y sumirlas, en muchos casos, en la oscuridad. Persuadir a través de la seducción de las emociones, resulta más fácil que convencer con argumentos lógico racionales. Creer es más sencillo que conocer, opinar que argumentar, manipular que orientar, aceptar por fe que por razón.

La ignorancia y el fanatismo resultan ser dos aspectos de lo más nocivos para la sociedad pues, amparados dentro de tales criterios, las personas perpetran los más atroces hechos, linchamientos, asesinatos, persecuciones son ejemplo de ello. El racismo tiene un componente de ignorancia, no se puede suponer que por el aspecto morfológico una persona, se tenga más valor que otra y lo mismo sucede con las creencias; en ellas se apela al aspecto emocional y contra eso no hay solución alguna que pueda llevar a buen término tal discusión.

Aquellos que fortalecen sus creencias a través de juicios de valor, sentimientos y pasiones desbordadas, consideran que lo propio es lo correcto y lo ajeno es perversión. El sofista Critias decía, que la idea de Dios no es más que el invento de una mente astuta para que las personas hicieran las cosas sin tener a un policía detrás. Es un mecanismo para tener el control sobre las personas.

Así se han creado ídolos, distractores, circos, entretenimientos. Se han fomentado miedos, temores, en donde la ignorancia es piezas esenciales para el control de las personas y de esa forma, incapaces de salir de su oscuridad, puedan ser manipulados y a su vez se corra el peligro de que sean capaces de realizar las más funestas acciones.

El fanatismo, incubado en la ignorancia, no solo causa grandes daños si no también, constituye la forma más visible del atraso de los pueblos.

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