Con piloto automático y casi sin gobierno

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Por Miguel Angel Sandoval

Hace algunos años leí que Italia funcionaba a nivel gubernamental con piloto automático. Ello porque la elección del gobierno luego de la renuncia de un primer ministro y sus ministros, la elección del nuevo demoraba mucho tiempo, mientras tanto, el país seguía funcionando con normalidad. Como en los vuelos aéreos, cuando se alcanza la denominada altura y velocidad crucero, es el turno del piloto automático.

En la actualidad vivimos en Guatemala una situación o al menos la sensación, de vivir con piloto automático, incluso en medio de la crisis del covid19. Es un asunto grave, pues a diferencia de Italia en la época que comento, aquí no funcionan las instituciones de forma normal en ausencia del capitán-piloto. Mientras que en Italia los gobiernos regionales o las instituciones de justicia o policía o del correo y aduanas seguían su funcionamiento habitual, aquí en Guatemala asistimos a un desgarriate en forma.

Digo esto pues la declaración ultima del presidente que textualmente dijo “o les da o se salvan” en referencia el virus, equivale sin muchas vueltas y sin hojas de parra, a decir, sálvese quien pueda. No hay otra manera de explicar este despropósito verbal, que por lo demás corresponde a una realidad que estamos asumiendo, nos guste o no. Es lo que ocurre cuando vemos que el Ministerio de Salud es incapaz de comprar pruebas para la pandemia. Es lo que ocurre cuando el MAGA tiene planes escritos con fondos asignados y no ejecuta ni el 0 por ciento. Es el desastre del libramiento que no tiene responsables ni causas penales activas, es en suma, la parálisis del gobierno y el reino de la impunidad, de la ley del más fuerte, del imperio de la finca decimonónica.

Esto que refiero de la manera de funcionar de la finca en nuestro país se expresa ahora que escribo este análisis, en los desalojos de campesinos en la región norte del país o en el rechazo de las empresas maquiladores a ser visitadas por funcionarios del Ministerio de Trabajo, la PDH y diputados. Todo en aras de la denominada empresa privada y los derechos de propiedad, lejos del ojo de los intrusos que se animen a ver de qué forma se violan los derechos laborales en toda la línea. Mientras las instituciones del Estado como el Ministerio de Trabajo, bien gracias.

En efecto. Muchas personas ante la idea de ir por contagio del virus o por señales que indican contagio a la red de hospitales públicos, prefieren quedarse en casa, utilizar medicina tradicional o procurarse alguna industrial al alcance de sus menguadas finanzas. Preferible morir en casa antes que en un hospital desfinanciado, con personal que trabaja a contra corazón porque no le pagan, porque no le dan los implementos de seguridad clínica indispensables. En suma, es el literal sálvese quien pueda. En la práctica, en los hechos, en la dura realidad.

Como dicen los abogados que no defienden al pacto de corruptos, “a confesión de parte, relevo de pruebas”. Se señala esto pues la declaración presidencial es como decía un amigo, un delito de lesa presidencia. Si es que existe algo parecido a ello. Que por lo demás, creo que sí debería existir. No se puede aceptar la impunidad y la ausencia de responsabilidad, al abordar un tema como es el efecto devastador de la pandemia del coronavirus en nuestro territorio.

Estas consideraciones generales tienen que ver con hechos que quizás no se han analizado con rigor y en todo su significado por los habituales analistas de nuestro país, o por los medios de comunicación en su función de orientación y formación.

Si somos medianamente serios podemos concluir que el ejecutivo se encuentra en plena parálisis. Técnicamente dicen que están en cuarentena. O sea, cada quien en sus casas, haciendo lo que mejor saben… que es no mucho. El grito de alarma o alerta lo da la ministra de Cultura que admite haber dado positivo al virus. A continuación se produce la cuarentena del consejo de ministros, etc.

En pocas palabras. No funciona el Consejo de Ministros. No lo digo yo, es una declaración formal del propio presidente.

A continuación es el turno del Legislativo. Como los ministros están en cuarentena y no pueden asistir a ninguna reunión, pues los diputados se quedan sin materia, ya que no pueden ejercer su función de fiscalizar y auditar el funcionamiento del poder ejecutivo. O sea que los ministros no tienen que dar cuentas de lo que hacen pero sobre todo, de lo que no hacen. Es el vacío de gobierno.

Para cerrar este círculo infame, resulta que las cortes se encuentran en stand by pues ya tienen unos 9 meses de demora en la elección de los nuevos magistrados, lo cual tiene en virtual parálisis el sistema de justicia en nuestro país. A ello se puede sumar que las resoluciones de la Corte Constitucional no son respetadas por el Organismo Legislativo y por el Organismo Ejecutivo.

Otras instancias del Estado funcionan en Baño de María. O sea, se toman todo su tiempo para accionar en lo que les compete. Es el caso del MP en donde su silencio provoca un ensordecedor clamor por la persecución penal y por el cumplimiento de los deberes en la lucha contra la impunidad.

Con ello se produce una parálisis absoluta o casi, en el funcionamiento institucional del país. Todo ello agravado por el impacto de la pandemia que nos azota. En otros términos estamos o mejor, vivimos en medio de una anomia institucional sin precedentes. La democracia guatemalteca se encuentra, utilizando una figura de moda, en cuidados intensivos.

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