Políticas Públicas…declaración de buenas intenciones.

Edi D. López S.

Nuestro querido y sufrido país, en el contexto de la pandemia del Covid 19, como desafortunadamente era de esperar, está afectando a la población más vulnerable socioeconómicamente; y todo indica que aún falta efectos más nefastos en la población rural, históricamente el segmento de sociedad más abandonado por los diferentes gobiernos, la Guatemala profunda, que presenta los principales rezagos en condiciones de vida digna. El cierre abrupto del país que en su momento el ejecutivo ordenó, dejó de manifiesto los graves problemas económicos de la gente que genera la alimentación para el país, por cuanto sus procesos productivos, en general no están en función de cadenas productivas que les permita afrontar este tipo de contingencias.

En la región centroamericana, sobresale por sus mejores índices de bienestar de la población, Costa Rica y entre una de las causas de ello, es evidente el hecho de la formulación y ejecución de Políticas Públicas, independiente de los partidos que han gobernado. En el caso de Guatemala, se han formulado políticas que podrían haber dado la pauta para mejorar las condiciones socioeconómicas de la mayoría de la población, pero no se ha contado con la voluntad de los gobiernos de turno, por cuanto además de la falta de visión de país, responden a los intereses de sus financistas, en última instancia de la élite económica que no visualiza las principales acciones del gobierno más allá de sus beneficios sectoriales. Una de las Políticas que, tendría que haber generado cambios importantes en las oportunidades para los guatemaltecos, es la Política Nacional para el Desarrollo de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas; y es que, en la concepción del sistema capitalista, uno de los principios fundamentales es la oportunidad para todos de la libertad de empresa, que daría la pauta a la competencia, y para nuestro caso de mucha importancia, la generación de empleo.

Sin estar planteando cambio estructural del sistema capitalista, sino más bien que una mayoría importante tenga la oportunidad real de ser empresario, micro, pequeño o mediano; las oportunidades reales en Guatemala, han estado en función de los grandes empresarios, sobran los ejemplos de las facilidades, ventajas dadas a estas iniciativas. Los micro y pequeños empresarios tienen como principal barrera la falta de recursos económicos sin contar con las trabas burocráticas para formalizar sus negocios; por ello no es extraño que la gran cantidad de este segmento se desenvuelva en el sector informal de la economía de hecho, termina siendo una estrategia de sobrevivencia el autoempleo, característica fundamental de las microempresas.

La Política que se ha hecho referencia, plantea entre otros aspectos de apoyo a los microempresarios, apoyo financiero y de servicios de desarrollo empresarial; se han gastado millones de créditos, donaciones en programas que deberían haber apoyado a este sector de la economía, sin mayor impacto real. Y esto no obstante que en la formulación de la Política que data de 2004, reconoce las limitaciones, obstáculos de esta clase de empresas. Hay coincidencias, al evaluar esta Política, que hay una carencia de una institucionalidad fuerte de apoyo, de hecho, no se tiene la coordinación necesaria y los pocos esfuerzos a veces resulta en duplicidad de funciones; no se tiene una estrategia de inserción de las microempresas en el proceso productivo nacional, por ello quedan relegadas a actividades económicas marginales.

Y otra de las Políticas, que de ejecutarse cambiaría para bien la situación de miles de familias; de la que ni siquiera se quiere que se hable y ha quedado únicamente como adorno de lo pudiera ser, la Política de Desarrollo Rural Integral; la cual entra en contradicción con el modelo atrasado de tenencia de tierra en Guatemala y sus relaciones de producción que ello genera; y eso ya de por si resulta en una barrera infranqueable, hasta ahora.

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