A propósito del antejuicio contra la Jueza Aifán

Por Mario Rodríguez

Lo que está en juego es el control del poder, más la repartición de las rentas producto de la corrupción y del saqueo al estado, está en juego la hegemonía del sistema. No es una cuestión baladí, es más bien, la reproducción del sistema, su profundización y sobre todo su propia institucionalidad sobre una sociedad postrada por la indiferencia y el virus. En ese esquema es que se suman todos los principales líderes de las fracciones beneficiadas y sobre todo las mafias que se han enriquecido con esta cooptación. Por eso, Giammattei guarda silencio y avala, la fiscal frena los procesos y se desentiende, los empresarios incitan al golpe, los militares azuzan el fantasma del comunismo desde el control psicológico y la guerra del miedo, mientras la dirigencia de las instituciones del estado se alinean proclives a donde se decante la balanza. Todos son parte del mismo esquema, llegaron a esos puestos gracias a esos mecanismos. Mientras los operadores políticos incrustados en las instituciones corruptas, dan marcha al golpe, con total alevosía y premeditación. Los Alejos y compañía tienen vía libre para sus fechorías. Aquí no hay cómplices porque todos son parte de esas mafias. Aquí ya no importa nada, ni la legitimidad, ni la legalidad, ni las apariencias políticamente correctas, mucho menos la formas, porque se saben ganadores y con respaldo de un amplio sector de fieles y devotos de los templos de la prosperidad. Por eso no es extraño que ahora vayan con todo contra los jueces independientes, contra los fallos incomodos, contra la disidencia al sistema, contra los opositores. La venganza sienta un precedente y envía un mensaje inequívoco para que nunca más nadie se atreve a cuestionar la cooptación corrupta del Estado guatemalteco. Así de simple es la pandemia que nos corroe.

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