No tenemos Estado, pero no estamos solxs

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Por Andrés Cabanas
Fuentes: Rebelión

Aunque estamos mal en términos de propagación de COVID-19, no estamos peor que hace unos días o una semana. Me explico: los más de 600 nuevos casos positivos reportados ayer (la cifra más alta desde el primer caso identificado) tienen que ver con contagios de hace diez días o dos semanas atrás, no con los contagiados ayer, que se reportarán (más o menos) hasta dentro de dos semanas. Y aquellos a su vez se originan en brotes de multiplicación de muchas semanas atrás, que no fueron debidamente identificados, ni contenidos, ni mitigados. Es decir, que venimos estando mal desde hace rato, sin que todas las alarmas se enciendan.

Otra razón: las cifras de ayer nos parecen malas pero no dejan de ser irreales, porque la cantidad irrisoria de pruebas realizadas y la centralización de la mismas (la mayoría en el departamento de Guatemala) no permite saber qué tan mal estamos. En el escenario más pesimista estamos mucho peor a nivel nacional, no solamente en el departamento central.

El problema es que desde el inicio de la pandemia el gobierno optó por análisis de muy corto plazo e interpretación de datos aislados, sin contexto suficiente y evaluación de tendencias (por decir, algo, porque lo que menos ha habido es análisis e interpretación). Al menos al principio, esto sirvió para presentar a Guatemala como modelo de combate a la pandemia en todo el mundo, mensaje repetido hasta la extenuación por el presidente y primer doctor de la nación, Alejandro Giammattei.

Esta visión no solamente respondió a la mediocridad de nuestra clase política y su patético (pero muy dañino) ejercicio de tomar decisiones sin consultar más que a los aliados empresariales, sino que fue muy funcional a la estrategia de mantener abiertas actividades económicas sin protocolos de salud (maquilas, construcción) y otras manifiestamente superfluas (centros comerciales). Por cierto, en la incontrolada actividad económica debería buscarse una de las razones principales de la expansión actual de la enfermedad. No son (al menos solamente) el Día de la Madre ni la irresponsabilidad individual (que existe, paralela a la des-responsabilidad institucional y colectiva).

Cuando los datos favorables se fueron cayendo uno a uno (como era previsible por la experiencia de la propagación de la enfermedad en otros países y por los modelos matemáticos que presentaban medios de comunicación, universidades, médicxs, matemáticxs y científicxs independeintes) el presidente y primer doctor de la nación simplemente desapareció de la exposición pública. Mejor no explicar que reconocer errores y fracasos.

Esta etapa oficialmente de mitigación, que tiene más sentido si la denominamos de propagación acelerada, tiene que ser de autocuidado, individual y colectivo, mucho más viable -porque se hace tradicionalmente- en comunidades donde el Estado siempre ha estado ausente y/o en aquellas donde el poder se ejerce de forma asamblearia, con procedimientos propios y con el objetivo de garantizar el bien común. No es que el Estado no sea necesario, por ejemplo en los recursos que hoy se roban o destinan a actividades no prioritarias ni demandadas por la población, pero no podemos esperar mucho, aunque es legítima y necesaria la auditoría y la demanda.

La información objetiva nos debe permitir tomar decisiones, sin entrar en pánico. La autoorganización debe preservar la salud con las medidas necesarias, adecuadas a cada contexto, más allá de las erráticas y limitadas disposiciones presidenciales, a la medida de los factores de poder. La solidaridad y el bien común garantizarán que nadie en las comunidades tenga necesidades económicas y alimentarias, aunque carezca de trabajo y posibilidades de movilización. En comunidades urbanas, la multiplicación de redes de apoyo (bancos de alimentos, ollas comunitarias, apoyo a producción y comercio local, trueque, producción propia de alimentos) orientan el camino a seguir.

El sistema de salud y el sistema social recolapsaron: difícil definir la catastrófica situación de algo que ya era sumamente precario, insuficiente e ineficiente. No tenemos Estado, lo sabemos. Pero no estamos solxs.

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