Twitter vs Trump y la «Enmienda de la Decencia (sic) de las Comunicaciones»

Alfredo Jalife-Rahme

Suena paradójico que Trump, con 80 millones de seguidores en Twitter, se enfrasque en una feroz batalla contra la polémica red social que cuenta con 330 millones de suscriptores al mes en el mundo.

A diferencia de los discriminados multimedia, la «sección 230» de la Enmienda de Decencia (sic) en Comunicaciones –que depende de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC)– otorga inmunidad a los gigantes de Internet frente a cualquier reclamo de libelo y/o difamación en la fase desinformativa de la Postverdad(https://bit.ly/36Iwkzk).

Una insólita censura a los tuits de Trump y la cuenta oficial (sic) de la Casa Blanca–que el presidente juzgó como un atentado a su inalienable libertad de expresión (https://bit.ly/36KAoz1)– orilló a que Trump utilizara una «Orden Ejecutiva» para intentar controlar a Twitter, en particular, y a las redes sociales,en general. Trump acusa a Twitter Inc. de EU de estar en contra de los conservadores y padecer sesgo izquierdista.

Hay que tener mucho cuidado con la doble cara de Twitter, que en EU es más proclive a la agenda anti-Trump, mientras que su impugnada directiva en Latinoamérica estuvo controlada por el madrileño Pepe López de Ayala, aliado del fascista Partido Popular Español que opera(ba) en México con los golpistas Felipe Calderón y su socio Enrique Krauze Kleinbort (https://bit.ly/3gx7E1r).

Entre los 10 primeros ( top ten) tenedores de acciones de Twitter Inc. se hallan en los tres primeros los megabancos de Wall Street: The Vanguard Group Inc., con 10.10 por ciento; Morgan Stanley Investment Management –del que es socio el itamita Jesús Reyes Heroles GG, quizás en premio por su entrega del petróleo mexicano–, con 5.7por ciento, y el ubicuo BlackRock, con 4.81 por ciento (https://cnn.it/36IsWo6).

Hoy la capitalización de mercado de Twitter Inc. es de 25 mil millones de dólares, que sufrió fuertes pérdidas con la prohibitiva Orden Ejecutiva de Trump, y que representan 4 por ciento (sic) de la capitalización de mercado de Facebook, con 2 mil 600 millones de suscriptores activos al mes.

No hay comparación en finanzas ni en suscriptores entre Twitter y Facebook que elabora su divisa digitálica: la Libra(https://bit.ly/2Xjdj3v).

En el top ten de Twitter Inc. figuran la japonesa Nomura –aliada de la banca Rothschild–, y Credit Suisse , vinculada a George Soros en la caja española FCC.

Resalta que los cuatro gigabancos BlackRock, Vanguard, State Street y Fidelity controlan la mitad de Wall Street (https://bit.ly/2XeKUeW).

Sin contar el control del Pentágono de la joyas estratégicas de Silicon Valley mediante el DIB (https://bit.ly/3doPa1e), ¿Existe realmente la disociación entre los cuatro gigabancos de Wall Street que controlan financieramente las redes sociales (Twitter/Facebook/Google/Amazon) y su directiva administrativa muy maleable ideológicamente hablando?

Mark Zuckerberg, mandamás de Facebook se desmarcó de la política de Twitter y comentó que «no piensa que las redes sociales deban realizar verificación de hechos sobre lo que postean los políticos» cuando “el discurso político es una de las partes más sensibles en una democracia, y la gente debe ser capaz de ver lo que dicen los políticos (https://cnb.cx/2TS2vaz)”.

En mi investigación forense descubrí que Twitter en EU opera a favor de la agenda globalista de Soros. Luego que éste vendió su participación en Facebook y Google, porque ya no las podía controlar, descubrí el acercamiento de Mark Zuckerberg con la agenda anglosajona del «nacionalismo económico» en Gran Bretaña –en su colusión con Cambridge Analytica para impulsar al Brexit– como en EU, donde Facebook se ha mostrado menos hostil a Trump (https://bit.ly/3eyLJoz).

El grave problema deriva de la ausencia de una legislación moderna que defina los derechos y obligaciones de las redes sociales que no pueden ser al mismo tiempo una plataforma lucrativa y erigirse en un tribunal inquisitorial Supra y Metaconstitutional, al estilo Torquemada que redireccione e induzca el control mental de los ciudadanos acorde con sus intereses financieros y electorales.

HOME


La Jornada

Comparte, si te gusto