EEUU: el asesinato racista de George Floyd y el estallido de la indignación.

La revuelta es el idioma de los ignorados

Arwa Mahdawi

Cuando estás oprimido, no hay forma aceptable alguna de luchar contra la opresión. Te motejan de “antipatriótico” por poner pacíficamente una rodilla en tierra para protestar contra la brutalidad policial. Te vilipendian por recurrir al boicot como instrumento no violento de resistencia. Os tachan de “MATONES” cuando, después del asesinato de otro hombre más, negro y desarmado, a manos de la policía, protestas en la calle.

El repugnante video en el que se ve cómo a George Floyd lo mata un agente de policía blanco de Minneapolis, tras los asesinatos de Ahmaud Arbery en Georgia y Breonna Taylor en Kentucky, ha provocado manifestaciones por toda Norteaméricas. En Minneapolis algunas de las protestas han acabado en violencia: hay edificios (entre ellos una comisaría de policía) a los que se ha prendido fuego y se ha saqueado una tienda de Target. Donald Trump reaccionó prometiendo sangrientas represalias, tuiteando: “Cuando empieza el saqueo, empiezan los tiros”. Otros han reaccionado retorciéndose las manos. Se han oído muchos gritos de que “¡la violencia nunca es la respuesta!” y “¡los disturbios son contraproducentes!”

Pero si la agitación violenta no es la respuesta, ¿cuál es entonces? ¿Cómo hacemos para acabar en Norteamérica con la brutalidad policía y el racismo del sistema? ¿Tendrían los manifestantes que irse a casa y escribir cartas en tono severo a su representante en el Congreso? Deberían emular a Madonna y colgar videos de sus niños bailando como forma de protesta? ¿Deberían hincar pacíficamente una rodilla en tierra? ¿Deberían los norteamericanos votar simplemente para sacar a Trump y meter en cambio a Joe Biden? Ya saben, ese tipo cuya ley de 1994 sobre delitos contribuyó de modo señalado al encarcelamiento masivo en Norteamérica? ¿Tendría la gente que esperar pacientemente un cambio gradual?

“La revuelta es el idioma de los ignorados”, afirmó Martin Luther King Jr. en una alocución de 1967 que hoy reverbera a través de las redes sociales por razones evidentes. “¿Y qué es lo que Norteamérica no consigue oír? No ha logrado oír que (…) no se han cumplido las promesas de libertad y de justicia. Y no ha logrado oír que amplios segmentos de la sociedad blanca están más preocupados por la tranquilidad y el estatus que por la justicia, la igualdad y la humanidad”.

Esa alocución se pronunció hace 53 años y Norteamérica sigue sin escuchar. La incómoda verdad es que, a veces, la violencia es la única respuesta que queda. Nos gusta fingir que es de otro modo, que es la razón por la cual a a menuda se higieniza convenientemente a los movimientos sociales. Al movimiento sufragista, por ejemplo, se le honra como “no violento”. No lo fue: pasó pasó por una fase muy militante. “Si los hombres usan explosivos y bombas para sus propios fines, lo llaman guerra”, esribió la sufragista británica Christabel Pankhurst en 1913, “y el lanzamiento de una bomba que destruye a otra gente se describe como una acción gloriosa y heroica. ¿Por qué tendría que renunciar una mujer al uso de las mismas armas que un hombre?”

No me malentiendan, no estoy glorificando la violencia…que es lo que está haciendo el presidente de los Estados Unidos. Y no estoy, desde luego, llamando a la violencia. Estoy sencillamente diciendo qué debemos interrogarnos sobre a qué llamamos “violencia” y a que llamamos “política”. Mucha de la gente que chilla “la violencia no es la respuesta” a propósito de los disturbios de Minneapolis es la misma gente que apoya de todo corazón las inacabables guerras de Norteamérica. Muchas de las personas que condenan a los saqueadores son los mismas que veneran a los multimillonarios. Saquea un televisor y eres un peligroso criminal; saquea un país y eres un capitalista emprendedor.

Norteamérica no tiene problema alguno con los disturbios o el saqueo mientras se a la gente “correcta” la que los lleva a cabo. Y todos estamos obligados a pagar por esta visión del mundo. El contribuyente norteamericano ha pagado una media 8.000 dólares per cápita y más de dos billones en total sólo por la guerra de Irak, de acuerdo con un informe del proyecto Costes de la Guerra de la Universidad de Brown, lo cual suscita la pregunta: si la violencia nunca es la respuesta, ¿por qué entonces gasta Norteamérica tanto dinero en ella?

Traducción para SP: Lucas Antón

the Guardian
Sin Permiso

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