¿Comunismo o barbarie?

Por Iñaki Urdanibia

Nadie podrá negar que Slavoj Zizek tiene bien desarrollado el sentido de la oportunidad, a lo que se ha de unir, además del desenfado y los guiños peliculeros, la pluma o tecla veloz, como queda demostrado que en los primeros pasos de la pandemia que nos visita ya estaba pergeñando el libro que ahora tenemos en las manos, y esto último puede aplicarse igualmente a las conclusiones sumarias a las que llega sin cortarse ni un pelo. Estoy refiriéndome obviamente a su « Pandemia. La covid-19 estremece al mundo», recién editado por Anagrama.

Habiendo leído varias noticias de prensa en las que se daba cuenta de la pronta y oportuna edición del libro, la verdad sea dicho que me he acercado temeroso al cuaderno, colección en que ha sido incluido, el librito; conste que cuando uso el diminutivo me refiero únicamente al tamaño y paginación, no llega a las ciento cincuenta, que no a lo temático, ya que en las pinceladas que va salpicando el esloveno se abre un amplio abanico de asuntos que son preocupaciones / problemas de nuestro hoy. Sumaré a lo anterior, sin rizar rizo alguno, que no apunta mal Zizek en muchas de las cuestiones que trae a colación, agitándolas y unificándolas con el propósito de elaborar una mapa de la actualidad…otra cosa será las conclusiones que de ello extrae, y que a modo de reiterado estribillo recorre las páginas del libro, que es el que tomo como título de este artículo y que encabeza uno de los fugaces capítulos de la obra; expresión, sea dicho de paso, tomada y retocada a la empleada por Rosa Luxemburgo y más tarde por el mítico grupo francés, la nave de locos de la que hablase Jean-François Lyotard, de Cornelius Castoriadis, Claude Lefort et compagnie. Con respecto a esto, es fundamental tener en tiempo que la época de la espartakista y los momentos actuales distan enormemente, tanto en lo que hace al subidón de entonces, como a la diferencia de condiciones objetivas y subjetivas.

Se señalan los remedios chinos a la crisis, con una postura autoritaria en la que el Estado sin contar para nada con el pueblo adoptaba medidas paternalistas, como si el pueblo fuese menor de edad; cosa a la que éste está habituado ya que es el comportamiento habitual del Estado-partido. Se detiene igualmente en señalar el carácter inmanente de la crisis, que si se exceptúan algunos creyentes fanáticos, subrayando que la pandemia no ha venido de fuerzas externas o trascendentes como Dios o similares; como tampoco puede atribuirse como planteaba Wells en su ficción: de una invasión de marcianos. No falta los ajustes de cuentas: con Byung-Chul Han del que refiriéndose a sus tesis sobre la sociedad del cansancio, pone el acento en las carencias de tal visión ya que el cansancio no es generalizado a todos los trabajadores sino que el agotamientos al que se refiere el coreano es únicamente el de una franja de los trabajadores, aquellos que interiorizan la concepción de que ellos mismos son una empresa y sus propios empresarios lo que les hace establecer una cerrera loca de auto-superación y mejora: tal mecanismo no puede aplicarse al resto de trabajadores: los trabajadores de las cadenas de montaje, los currantes del Tercer Mundo, los trabajadores sanitarios en los momentos actuales, etc. se agotan realmente y no psicológicamente, debido a las tendencias de subjetivización: señala además la falacia en la que cae el filósofo del que habla, ya que mantener que tales imposiciones se las impone el propio sujeto es olvidar el modo de producción en el que están incluidos que es el que les impone el mecanismo desde fuera. No le falta razón. Más adelante criticará, a mi modo de ver con sólidos argumentos, al propio Han, que incide en las diferencias abismales entre las concepciones de Oriente y Occidente, lo que hace que aquél pueda aplicar algunas medidas que aquí son impensables; Zizek muestra lo falso de la argumentación aduciendo algunos ejemplos de las visiones apocalípticas que se ven también por estos lares occidentales [ recuerdo algunas críticas suyas vertidas con respecto a la New Age – a la que por cierto también se refiere en esta ocasión- y los infundados elogios que esta corriente hacía del supuesto pacifismo del budismo zen….por ejemplo, el comportamiento de los kamikazes formados en dicha espiritualidad. Véase su El frágil absoluto]. Ya de paso diré, que tampoco le falta razón en las críticas a Agamben en sus iniciales posturas negacionistas con respecto a la gravedad de la epidemia / pandemia; eso sí sin ni siquiera mentar las técnicas de control y excepción que señala el italiano, que desde luego parecen más reales que la pretendida actualidad del comunismo zizekiano.

También le asisten los argumentos cuando, a continuación, refiriéndose añ Viejo Continente, habla de la tormenta perfecta, al coincidir en él: además de la crisis del coronavirus, las consecuencias económicas que vendrá a una Europa ya en crisis, a la que añade lo que llama el virus Putogan ( para referirse a Puntin y a Erdogan), centrado en sus respectivas intervenciones en la guerra de Siria, lo que lleva a ambos aprovecharse del sufrimiento de la gente, aumentando la crisis de los refugiados cuya llegada se da masivamente a las costas europeas…con los intentos de sacar réditos, ambos gobiernos, de dicha situación. La conjunción de estas tres crisis es la que, según mantiene, facilita la tormenta perfecta. Asociando una película de Tarantino: Kill Bill: Volumen 2, aplica la Técnica de los Cinco Puntos de Presión, al caso chino, señalando que algunos mantienen que puede llegar el fin del régimen chino, superando Zizek la previsión al ser de la opinión de que tal presión supondrá el fin del capitalismo global, al mostrar la necesidad de un cambio ya que no se puede seguir como hasta ahora ( esta postura optimista, por tildarla de algún modo, recorre – como he señalado- todo el libro : pueden verse las páginas 62, 69, 75-76, 78-80, 97, 98, …). La prueba que confirmaría su tesis de que las condiciones del comunismo se dan se basan en la incapacidad mostrada por los países capitalistas para afrontar la catástrofe ( el comunismo que propone se distinguiría del chino en su carácter transparente, evitando las carencias del viejo comunismo), en los casos de solidaridad, por la base, que se han asentado en estos tiempos, y…hasta en algunas medidas adoptadas por carcamales como Boris Johnson ( nacionalizando algunos sectores de la industria) o Donald Trump( que toma la decisión de intervenir en algunas empresas privadas, al tiempo que asigna una renta – casi podría decirse una asignación- a los ciudadanos para fomentar el consumo, o también ve señales en las medidas de cooperación y coordinación puestas en pie por la OMS…medidas socializadoras y que hacen – según él- que los límites de los Estado-nación no tengan ya sentido hoy, y que auguran un futuro propicio, y necesario, para el comunismo ( se queja de las críticas recibidas por sectores de la derecha y de la izquierda con respecto a su tesis, mostrándose especialmente dolido por las descalificaciones Byung-Chul Han y de su amigo Alain Badiou, que « incluso se han burlado por haber sugerido de manera repetida la llegada de una forma de comunismo como resultado de la pandemia de coronavirus»; críticas al que desde luego quien esto escribe se une al ver en las previsiones zizekianas una fe delirante que ve pruebas que de hecho lo que más que prueban es la capacidad camaleónica del capitalismo para sobrevivir a esta crisis…Zizek a lo suyo: « no se trata de ninguna visión comunista utópica : es un comunismo impuesto por las necesidades de la pura supervivencia»; fe es creer lo que no vemos aunque parece que él lo ve, y ya.

Varios son los puntos que destacan por su perspicacia: así las cinco fases que toma de la tanatóloga Elisabeth Kübler-Ross, que mostraba las cinco fases que se suceden cuando a alguien se le da la noticia de que padece una enfermedad terminal, estas cinco fases para aplicarlas al caso que nos ocupa: negación, cólera, negociación, depresión…

Ciertas anécdotas personales realmente bien traídas ( papel higiénico incluido), algunos jugosos chistes sobre el pánico y las llamadas desde los medios gubernamentales a no caer en él mientras dan noticias que no pueden producir otra cosa que pánico, porque quienes llaman a la calma están dominados precisamente por el pánico…y algunas reivindicaciones de la antropología de Tolstói ( cuyo eje es la idea de infección), y las luchas de gente como Assange o Snowden, seres necesarios y que sería bueno que fuesen emulados, o los análisis de Bruno Latour ( que plantea esta crisis como ensayo general para el inminente cambio climático), y como no podía ser de otro modo, unas pinceladas de Lacan, aclarando que el super-ego no so supone limitaciones sino impulso del deseo, y hablando de desos , los del esloveno dos : visitar las calles solitarias de Whuhan y resultar contagiado para acabar con la situación de incertidumbre (¡ vaya por dios!)…salpican, algunas de las cuestiones nombradas, otorgando agilidad a las explicaciones y humor, marca de la casa, que tiñe de sutil ligereza la exposición, este libro que se lee veloz y que, no me privo de decir, que an algunas cuestiones da muestra de una atinada lucidez y sagacidad.

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