Estados Unidos amplía la guerra psicológica contra China

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por Alan MacLeod, editor jefe de MintPress News

En momentos que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos dirigen toda su atención hacia un conflicto contra Rusia y China, los estrategas militares norteamericanos han decidido ampliar las «operaciones psicológicas» contra Pekín.

Un reciente informe del Financial Times detalla cómo los altos mandos en Washington están planeando una nueva Guerra Fría contra China, describiendola como «patearse unos a otros bajo la mesa».

La semana pasada, el General Richard Clarke, jefe del Comando de Operaciones Especiales, dijo que las «misiones de captura y muerte» que los militares llevaron a cabo en Afganistán eran inapropiadas para un nuevo conflicto, y que en cambio las Operaciones Especiales debían hacer acciones de ciber-intervención.

El analista militar David Maxwell, ex miembro de Operaciones Especiales, abogó por una guerra cultural generalizada, que incluiría que lo que llamó series de televisión “con un Tom Clancy taiwanés», con la intención de demonizar a China y desmoralizar a sus ciudadanos. Maxwell argumentó que el Pentágono debería «armarse» para bombardear al pueblo chino con historias de asesinatos en tiempos “la política del hijo único”.

Una táctica no muy diferente a la utilizada durante la primera guerra fría contra la Unión Soviética. En ese momento la CIA patrocinó una enorme red de artistas, escritores y pensadores para promover críticas de liberales y socialdemócratas a la URSS. El público en general – y algunas veces los propios artistas – no sabían que detrás de esa campaña de demonización estaban los servicios de inteligencia norteamericanos.

La fabricación del enemigo

En sólo unos meses, la administración Trump ha pasado de elogiar la respuesta de China a la pandemia de COVID-19 a culparlos por el brote, incluso sugiriendo que paguen reparaciones por una supuesta negligencia.

Hace sólo tres años, los estadounidenses tenían una visión neutral de China (y hace nueve años era fuertemente favorable). Hoy, las mismas encuestas muestran que al 66% de los estadounidenses no les gusta China, y que sólo el 26% tiene una opinión positiva de la nación asiática. Más de cuatro de cada cinco personas apoyan una guerra económica a gran escala contra Beijing, algo que el presidente Trump amenazó con promulgar la semana pasada.

Ciertamente la prensa corporativa también está haciendo su parte, culpando a China de ser una amenaza para los Estados Unidos, induciendo a un aumento de los ataques racistas contra la población de origen chino en el país.

Reestructuración para una guerra intercontinental

En 2002, los EEUU llevaron a cabo un simulacro de guerra de invasión de Irak, donde fue derrotado por el Teniente General Paul Van Riper, lo que llevó a aparentemente a eliminar este ejercicio. Sin embargo, para sorpresa de algunos despistados, meses después la invasión se llevó a cabo sin una pérdida masiva de vidas estadounidenses.

La solicitud de presupuesto del Pentágono para 2021, recientemente publicada, deja claro que los Estados Unidos se están preparando para una posible guerra intercontinental con China y/o Rusia.

El Pentágono solicita 705.000 millones de dólares para «dejar de centrarse en las guerras de Iraq y Afganistán y hacer mayor hincapié en el tipo de armas que podrían utilizarse para hacer frente a gigantes nucleares como Rusia y China», señalando: “requerimos sistemas de armas más avanzados, que proporcionen mayor distanciamiento, mayor letalidad y objetivos automáticos para su empleo contra amenazas en un entorno más disputado».

El ejército estadounidense ha recibido recientemente el primer lote de ojivas nucleares de bajo rendimiento que, según los expertos, difumina la línea entre el conflicto convencional y el nuclear, lo que hace mucho más probable un ejemplo de este último.

Un asunto bipartidista

Los demócratas están apoyando la política de Trump . De hecho, el equipo de Joe Biden ha sugerido que toda la política industrial de los Estados Unidos debe girar en torno a «competir con China» y que su «máxima prioridad» es hacer frente a la supuesta amenaza que representa Beijing.

El ex vicepresidente también ha atacado a Trump desde la derecha sobre China, tratando de presentarlo como una instrumento de Pekín, recordando cómo Clinton retrató a Trump como un activo del Kremlin. ( El único candidato presidencial que ha prometido recortar el presupuesto militar en un 75 por ciento es Howie Hawkins del Partido Verde)

Las voces que plantean preocupación por una nueva carrera armamentista son todavía demasiado pocas. El veterano activista por des-proliferación de armas nucleares Andrew Feinstein es una excepción: “nuestro gobierno gasta más de 1,75 billones de dólares cada año en guerras, en armas, en conflictos… Si pudiéramos desplegar ese tipo de recursos para hacer frente no solo a la crisis del coronavirus también podríamos detener la crisis climática, derrotar la pobreza y la desigualdad. Nuestra prioridad nunca debería ser la guerra; nuestras prioridades deben ser la salud pública, el medio ambiente y el bienestar humano”.

Sin embargo, si el gobierno a lanzado una nueva guerra psicológica contra China es muy poco probable que las voces antibélicas como la de Feinstein tengan eco en la prensa convencional.

Observatorio de la Crisis

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