Dos pesos, dos medidas, incluyendo racismo

Miguel Angel Sandoval
En medio de la crisis ocasionada por el covid19, nuestro país ha sido capaz de dar muestras renovadas de racismo. Dos ejemplos son suficientes para ilustrar lo señalado. Algo que venía en desarrollo desde antes de la crisis sanitaria, ahora se expresó con todas sus variables y posibilidades: las tiendas de barrio generalmente propiedad de indígenas, se convirtieron en la tienda del “chino” que vende caro. Y es verdad, los productos tienen sobreprecio. Pero, es lo mismo que las tiendas de conveniencia, en donde los precios siempre son mucho más caros. En unas se critica la base conceptual del sistema: la oferta y la demanda. En otras se acepta sin chistar. ¿En qué quedamos?

Es otra la discusión sobre los derechos laborales. Incluso de la propiedad de las mismas. En las tiendas de “chinos”, se trata de algo familiar, a veces con tortillería incorporada lo que subraya lo familiar del negocio. El extra debe andar en un 10 o 20% sobre producto. En las tiendas de conveniencia, muchas asociadas a gasolineras, puede ser de un 20. 30 o 50% más. Con las tiendas de “chinos” se protesta mientras que con las de conveniencia no. La razón puede ser la carga de racismo en la sociedad chapina. En las de “chinos” una taconuda cuesta Q2 más, en la de conveniencia, una botella de vino de Q30 cuesta el triple….

En medio de la crisis vimos otro tema que puede ser de alcances insospechados. En Sololá, la gente indignada tomo algunas decisiones de trascendencia nacional, que nos dicen de la necesidad de cambios urgentes en la organización del país y su economía. A pesar que hubo rectificación del gobierno, producto del inocultable levantamiento indígena, no es menos cierto que asistimos a dos pesos y dos medidas en la valoración de ciertos aspectos de la crisis. El derecho de circulación o locomoción, se limitó para los camiones de verduras de productores indígenas, no así a los transportes de empresas de cervezas, refrescos carbonatados, cochibocas, etc. ¿De nuevo una expresión racista?

Ello, sumado a la falta de atención concreta de la parte gubernamental y la actitud empresarial de presionar hasta el tope, llevó a los indígenas indignados, a plantear otras medidas. Entre ellas el bloqueo de la interamericana, el cierre de algún restaurante de pollo frito, y a desarrollar la idea de impedir la circulación de vehículos de cerveza, carbonatadas, y algo más. Es una actitud que se extiende por el país. La crisis es nacional y afecta a todos los sectores, lo cual dicho en otras palabras, obliga al gobierno a tomar medidas en dirección a todos lodos sectores no solo de los más favorecidos. O todos hijos o todos entenados, se escuchó en esos momentos graves. Pues en palabras claras, si no se toman esas medidas es la ingobernabilidad absoluta. O una insurrección extendida, si se prefiere.

Por ello la necesidad de publicar cuanto antes el aprobado decreto 15/2020. Ello no resuelve los problemas que existen por la crisis económica, es solo un alivio. Pero no hacerlo hará que los ojos que ahora se vuelcan sobre símbolos del poder económico y la prepotencia empresarial como las cadenas de pollo frito y las cerveceras, cambien de lado y se vuelquen hacia otras empresas esenciales. Puedes dejar de comer pollo y tomar cerveza, total no son de primera necesidad, pero no puedes dejar de tener luz, telefonía, gas, internet. Se puede plantear la idea de un boicot al pollo frito o la cerveza, pero no de la misma forma y propósitos, a la luz, el gas, la telefonía o el internet.

El desenvolvimiento de la crisis nos lleva hacia ese escenario. A los cortes de estos servicios, se ira gradualmente creando un rechazo social que se debe expresar, en sus tiempos y sus formas por todo el país. Lo ocurrido en Sololá es apenas la punta del hilo. La indignación nacional está subiendo de temperatura. Las medidas de emergencia que el Estado debe impulsar no llegan. Y aquí un recordatorio: a nivel mundial es el Estado quien acudió en defensa de la salud, que facilito bonos, plazos nuevos, ayudas; no el mercado, que como sabemos desde siempre, carece de sentido social. O si se prefiere, no tiene el bien común como objetivo, sino que tiene la ganancia como razón de ser. En ello llevándose por delante a los trabajadores, al medio ambiente, al Estado, al país.

No hay vuelta posible ni deseable, a la normalidad pre-crisis. A modo de ejemplo, la salud no puede ser privatizada menos dejada a su suerte, los servicios esenciales y estratégicos deben ser controlados o regulados por el Estado. No podríamos aceptar por mucho más tiempo, que los monopolios de la telefonía o de la energía eléctrica, vivan de manera permanente, haciendo su agosto todo el año. La idea del libre mercado absoluto que tiene que terminar con el Estado, se vino al suelo con la crisis a la sombra de la pandemia. Se imponen cambios de diverso alcance y calado. En otras palabras, la privatización llegó a un punto muerto. No es viable, se requiere de otro modelo, de una nueva organización de la economía y la sociedad.

La normalidad de todo para un grupito y nada para las mayorías tiene que cambiar. Ojo, el cambio debe ser no el que sea de gusto de la elites; tiene que ser, el que beneficie a las mayorías. Ese es el desafío que tenemos como sociedad. Agrego, es un tema que tiene hoy día, un amplio debate a nivel mundial, pero junto con ese debate, medidas sociales de organización, nuevas formas de solidaridad comunitaria, en una palabra, se está desarrollando en medio de la crisis y junto a la caída de verdades que se consideraba inamovibles, una nueva forma de gestión social, de organización comunitaria. A manera de ejemplo, las cocinas comunitarias que poco a poco se abren camino, a pesar de funcionarios oficiales o empresariales, expresan, aún de forma mínima, esa necesaria y reencontrada solidaridad. Son los tiempos poscrisis que se están construyendo en diversos lugares del mundo. En este marco, las redes sociales son apenas una herramienta, no la solución de ninguna de los temas que se abordan en estas notas

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