El rescate

David Brooks

Desde los escombros de un país que ha sufrido decenas de miles de muertes, millón y medio de contagios, y ahora más de 36 millones de desempleados como resultado del manejo inepto y criminal de la pandemia por la cúpula política, aparecen brotes organizados de solidaridad que podrían rescatar a Estados Unidos.

Junto con el esfuerzo realmente heroico de los trabajadores de salud, una extraordinaria respuesta a las emergencias sociales de los más vulnerables ha brotado de cientos de grupos que se identifican como de asistencia mutua, y que tienen como principio en común ejercer la «solidaridad, no caridad» (frase frecuentemente atribuida a Eduardo Galeano, pero que también tiene raíces anarquistas primero articuladas por Kropotkin hace más de un siglo). Y a través de esas acciones colectivas están realizando un tipo de educación popular, a veces sólo al dar el ejemplo, al invitar a todos a ser participantes activos para rescatar a todos.

Si algo ha dejado la pandemia al descubierto para todos es la extrema desigualdad, la injusticia económica y racial, y la corrupción y deficiencia social del sistema estadunidense. Por lo tanto, algunos opinan que la crisis ofrece una oportunidad mayor para las fuerzas progresistas del país. Pero las consecuencias también han dañando a varias de las principales organizaciones sociales progresistas, sobre todo los sindicatos (por ejemplo, unos 300 mil miembros del sindicato nacional de trabajadores de hoteles y servicios de restaurantes se encuentran sin trabajo). Mientras tanto, las tácticas tradicionales de protesta y organización colectiva –manifestaciones, marchas, asambleas–no pueden realizarse ahora bajo las medidas sanitarias.

Pero algunos están tomando una especie de acción directa en esta emergencia a través del esquema de asistencia mutua, que ofrece desde la entrega de alimentos y medicamentos a familias necesitadas y desempleadas, esfuerzos de organización de los ahora llamados «trabajadores esenciales», o la organización de inquilinos amenazados con perder sus hogares, la distribución y hasta producción (de agrupaciones indígenas mexicanas en Nueva York y costureras asiáticas en Los Angeles, y trabajadores en fábricas inoperantes, entre otros) de equipo de protección sanitaria, la defensa de comunidades migrantes, iniciativas para liberar a presos del país más encarcelado del mundo, amenazados con el contagio masivo, esfuerzos de apoyo entre trabajadoras sexuales (entre las más afectadas por medidas de «distanciamiento sano»), al apoyo directo a trabajadores de salud, redes de apoyo a comunidades indígenas y hasta el más sencillo servicio de comunicación para combatir la soledad y la ansiedad de los que están solos en cuarentena.

Han surgido cientos de organizaciones de asistencia por todo el país, con directorios extensos en cada ciudad, donde tanto los necesitados como los que pueden ofrecer se encuentran y se coordinan, estableciendo redes informales cada vez más amplias, algunas con miles de voluntarios (por ejemplo, ver el directorio para Nueva York: https://docs.google.com/document/ d/18WYGoVlJuXYc3QFN1RABn ARZlwDG3aLQsnNokl1KhZQ/ mobilebasic?usp=gmail).).

Este tipo de organización social no es nuevo en Estados Unidos. Sus antecedentes más recientes incluyen algunos de los proyectos relacionados con Ocupa Wall Street, sobre todo el gran proyecto de Ocupa Sandy después del huracán en Nueva York en 2012 (uno de los proyectos más efectivos hoy día para atender las necesidades urgentes de comunidades en Brooklyn está encabezado por algunos de los mismos líderes), con otros parecidos surgidos en Nueva Orleans después del huracán Katrina. Antes de ello, también estaban los proyectos de las Panteras Negras en los años 60, de esfuerzos entre granjeros en la crisis agraria de los 80 y 90, iniciativas de apoyo mutuo entre comunidades indígenas, y toda una larga historia de esfuerzos para establecer cooperativas de todo tipo.

Aún está por verse si estos esfuerzos pueden consolidarse en, o alentar, una fuerza política progresista de largo plazo. Pero por ahora están entre los rescatistas del futuro de este país.

La Jornada

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