Trump: Entre la pandemia y la crisis petrolera ¿Guerra en el Golfo Pérsico?

Por: Abner Munguía Gaspar

La caída de los precios del petróleo ha causado repercusiones negativas a la industria petrolera así como a la economía de los Estados Unidos, por un lado, ha golpeado a las principales empresas productoras de hidrocarburos que utilizan las técnicas de hidrofracturación y por otro ha generado que se dispare el desempleo en ese país, al grado que al momento de escribir esta nota, de acuerdo con el New York Times, la cifra de desempleados ya alcanza los 30 millones.

Esta misma dinámica se presenta en el corazón petrolero de los Estados Unidos, donde la ciudad de Houston totaliza un monto de 300,000 desempleos como consecuencia de la pandemia, lo cual ha generado el cierre de muchas empresas, situación que impacta de forma apremiante al sector energético de Washington.

En este contexto se observa que el sistema de alianzas internacionales puede verse severamente transformado, ya que es evidente que una prolongada temporada de caídas e inestabilidades en el mercado petrolero impactará en el diseño de la política exterior de países que dependen de forma profunda de sus exportaciones petroleras. Tal es el caso de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita. Como consecuencia de la guerra de precios desatada entre Moscú y Riad a principios de marzo, ambas naciones mostraron sus intenciones de golpear de forma directa la industria petrolera estadounidense, principalmente a las empresas especializadas en hidrofracturación, por tal motivo resultaba innegable que se podrían esperar cambios en la forma en que ambas naciones mantienen sus relaciones con los Estados Unidos.

Por el lado ruso es evidente que Moscú ya estaba preparado con una estrategia de mitigación sobre el impacto en la caída abrupta de los precios del petróleo, una parte de esa estrategia la abordamos previamente. No obstante al contexto ruso se pueden sumar los análisis llevados a cabo por el Financial Times que en su edición del pasado 27 de abril destacaba tres factores cruciales que ayudan a la industria petrolera rusa a soportar el impacto en la caída de los precios: un régimen fiscal flexible, bajos costos de producción y las sanciones económicas impuestas por occidente. Tal es la confianza que muestran los rusos en su estrategia, que Igor Sechin CEO de Rosneft, la principal empresa petrolera rusa, plantea que la actual sacudida en el mercado petrolero ocasionará que, “el mercado se pueda corregir”, resultan temerarias dichas declaraciones en un entorno donde la propia Rosneft ha perdido cerca del 40% de su valor, por lo cual se torna fundamental preguntarse qué significa para Rusia que el mercado se oriente hacia una corrección, es muy probable que el objetivo estratégico es golpear no solo a la industria petrolera de los Estados Unidos, sino a toda su economía, descarrilando al petrodólar.

Bajo esa misma tónica, resalta el hecho que el mencionado Igor Sechin plantea que la industria petrolera rusa se encuentra con mayores recursos para enfrentar un entorno prolongado de precios deprimidos, e incluso el propio Financial Times resalta que, “Rusia podría operar sin demasiados problemas por al menos 2 años”. A esta estrategia se debe sumar el posicionamiento que han tenido los sauditas en las últimas semanas con relación a su visión de corto plazo en el mantenimiento de la producción de los pozos petroleros más importantes del mundo como el legendario pozo Ghawar que ha sido el más productivo del mundo en los últimos treinta años.

Resalta que Riad se encuentra con un menor número de herramientas disponibles para paliar un entorno deprimido de precios del petróleo, especialmente porque no cuenta con otros sectores económicos para enfrentar la crisis, a lo cual se suma que el sostén político de la casa real de los Saud se ha mantenido gracias a la alianza política y económica que mantiene con Washington desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que quedó sellada con la famosa reunión entre el Presidente Roosevelt y el Rey Abdul Aziz Ibn Saud a bordo del acorazado Quincy. Como es sabido dicho acuerdo pactó que Estados Unidos velaría por la seguridad del reino a cambio de que los sauditas mantuvieran un mercado de exportación constante de petróleo hacia los Estados Unidos, es decir, se generó un intercambio de seguridad energética para Washington a cambio de seguridad militar para Riad.

Además de este histórico acuerdo, no se puede pasar por alto el crucial año de 1971, momento en que la Reserva Federal llevó a cabo el proceso de desacoplamiento del patrón oro, con lo cual al surgir el mercado de flotación de divisas se establecieron los cimientos para la construcción del llamado “petrodólar”, en el cual Arabia Saudita se comprometió a que el petróleo solo se podría cotizar en dólares, generando así una demanda constante de los mismos. Este abastecimiento de la divisa estadounidense ha sido la estrategia preferida por la Reserva Federal que suministra con gran gusto al mercado mundial, ya que esto le permite a la moneda estadounidense dominar en las transacciones en el comercio internacional.

Este acercamiento entre Estados Unidos y Arabia Saudita, inició su resquebrajamiento en 2014, momento en que el petróleo saudita empezó a ser desplazado por los productores petroleros de hidrofracturación en Texas y en otros estados como Dakota del Norte. A pesar que en aquel año el gobierno de Obama utilizó a los sauditas para realizar un dumping petrolero y sobre ofertar artificialmente el mercado y obligar con ello una caída en los precios. Esa estrategia tenía como objetivo golpear al gobierno de Vladimir Putin, quien después de haber llevado a cabo la reunificación de la península de Crimea a territorio ruso, recibió una diversidad de sanciones económicas que buscaban colapsar su gobierno, situación que el ejecutivo de Washington nunca logró e incluso como mencionamos arriba y lo corrobora el Financial Times, ha sido una de las fortalezas del gobierno ruso ya que logró iniciar un proceso de sustitución de importaciones que le ha dado fortaleza a sus cadenas de suministro locales.

Por su parte Arabia Saudita se enfrenta directamente con su otrora gran aliado político, ya que al no tener alternativas económicas viables, el gobierno de Riad no tiene otra alternativa que continuar con el juego de caída de los precios del petróleo, que en el actual contexto se dinamiza por una sobresaturación de almacenamiento, Arabia Saudita sabe que si empieza a realizar el almacenamiento de crudo en su territorio su economía colapsará en cuestión se semanas y el gobierno se volverá más vulnerable en los frentes armados que mantiene en el exterior, especialmente el frente de guerra en Yemen; no se debe perder de vista que, en septiembre del año pasado, instalaciones de refinación de Saudí Aramco ya habían sido objeto de ataques militares por parte de fuerzas rebeldes yemeníes.

Lo anterior obliga al gobierno saudí a no ceder frente a Washington, ya que mientras se llenan los tanques de almacenamiento de petróleo en Estado Unidos, el almacenamiento se desplaza hacia los mares, en tanques petroleros, por tal motivo y dado que Riad ya decidió que no buscará cerrar tan rápidamente su producción petrolera. Mientras tanto ha enviado una flota de 28 buques tanque que se sumarán a los 76 buques que ya están en costas estadounidenses.

Estos buques se ubican tanto en el Golfo de México, así como en la costa oeste de Estados Unidos. Esta flota llevará al menos 43 millones adicionales de barriles de petróleo, los cuales se espera que estén arribando a las costas estadounidenses en el periodo comprendido entre el 24 de abril y el 24 de mayo.

El portal Bloomberg reporta que los 76 buques tanque petroleros que ya están en aguas territoriales estadounidenses generan un importante proceso de congestión portuaria. Es por ello que el presidente Donald Trump ya ha declarado que podría recurrir a imponer la prohibición de importaciones de petróleo con Arabia Saudita, ya que el arribo de más petróleo generaría que más empresas petroleras estadounidenses pudieran colapsar con mayor velocidad, ya que no solo afectará a los productores sino también a las empresas refinadoras de crudo que ya han empezado a cancelar contratos de refinación de embarques petroleros.

Además se debe sumar que, después del acuerdo de la OPEP Plus, Estados Unidos se comprometió en reducir su producción en poco más de 250,000 barriles de petróleo, no obstante estas reducciones no servirán de nada, ya que la sobre oferta de petróleo saudí terminará por llenar los espacios de almacenamiento de Estados Unidos, lo cual ya ha generado importantes pronunciamientos de figuras políticas estadounidenses como la del republicano Ted Cruz, quien de forma enérgica escribió en su cuenta de Twitter: “mi mensaje a los Sauditas: den la vuelta a esos malditos tanqueros”.

Trump está en un callejón sin salida, ya que al iniciar el presente mes declaró que haría lo que fuera necesario para proteger los puestos de trabajo de los obreros petroleros, así como resguardar a las empresas petroleras estadounidenses. Es posible que el presidente Trump opte por medidas más agresivas tanto en el plano económico, así como en el militar para estabilizar el mercado, especialmente porque de acuerdo al escenario actual de sobreoferta, se visualiza que será complicado que en el corto plazo se pueda llevar a cabo el estímulo necesario para evitar un golpe mayor a la economía de los Estados Unidos, la cual debido a los impactos que ha tenido en su planta laboral como resultado de la pandemia de Covid-19 se anuncia que en próximas semanas puede tener un desabasto en la producción de alimentos y carnes.

Es en este marco que el presidente Trump ordenó el pasado 22 de abril que la marina de los Estados Unidos atacara a los buques de la armada iraní, si éstos acosaban a los navíos estadounidenses, lo cual tuvo una repercusión inmediata en los precios del petróleoWest Texas Intermediate, ya que éstos regresaron a marcadores superiores a los 20 dólares, después de atravesar por su peor cotización cuando llegaron a mínimos históricos de -37.90 dólares.

La contracción del mercado como resultado de la pandemia así como una imposibilidad de establecer un mayor marco de reducción de cuotas de producción entre los países de la OPEP Plus por miedo a perder sus respectivos espacios de mercado en un escenario de post-pandemia y sobre todo que el presidente Trump se encuentra en un año electoral, plantean que el ejecutivo estadounidense enfrente un contexto recesivo e incluso de crisis profunda en el mes de noviembre, ya que para elevar los precios del petróleo se requiere que al menos sean sacados del mercado un monto de 30 millones de barriles y no solo 10 millones como fue acordado al interior de la OPEP Plus. Es claro que ese recorte no será posible por medio de acuerdos políticos, es aquí cuando el escenario de guerra en el Golfo Pérsico se torna posible.

De acuerdo con Scott Ritter ex analista de los Marines y experto en procesos de desarme de la ONU, argumenta que es altamente probable que el presidente Trump esté evaluando acciones militares contra Irán, lo cual permitiría la reducción del crucial flujo de 20 millones de barriles, obligando que los precios pudieran regresar a una banda aceptable para que las empresas de hidrofracturación pudieran ser más rentables en el corto plazo, por lo menos de aquí a noviembre.

Por esta razón los intereses de los grupos neoconservadores, que han buscado durante años una guerra contra Irán, así como los del sector nacionalista estadounidense, que encabeza Trump, pueden ver que sus objetivos de corto plazo se pueden complementar por medio de un ataque a Irán, justo en una coyuntura donde en Estados Unidos se estima que el régimen iraní se encuentra debilitado y posiblemente pueda tener fracturas internas, ya que las peticiones que ha establecido el liderazgo del presidente iraní Hasán Rohaní con el Fondo Monetario Internacional ha enfurecido a los grupos más radicales anti occidentales al interior de la nación persa.

Teniendo en cuanta que una recesión en un año electoral es una derrota segura para un Presidente que busca su reelección en Estados Unidos, la posibilidad de lanzar una guerra contra Irán se torna factible y económicamente deseable para el futuro político de Trump, sin embargo, no hay que perder de vista que como resultado de la pandemia de Covid-19 incluso la marina estadounidense ha visto diezmada su capacidad de proyección de fuerza, ya que al menos 7 portaviones se encuentran anclados o no desplegados por diversos motivos, tanto por tener tripulantes infectados como por largas reparaciones, al tiempo que dos portaviones en activo como son los casos del USS Theoroe Roosevelt y el USS Ronald Reagan han visto disminuidas sus capacidades operativas como resultado de tener tripulantes positivos a Covid-19. Ante tal escenario Estados Unidos no tendría una total capacidad de operación naval en caso de optar por una estrategia militar que tenga por objetivo dejar fuera del mercado los 20 millones de barriles, como resultado de un enfrentamiento militar en el estratégico estrecho de Ormuz.

Trump parece estar atrapado, pero no se puede descartar que su base electoral le será fiel hasta el último momento, especialmente porque es palpable que un escenario de confrontación tipo guerra civil se empieza a fraguar al interior de los Estados Unidos, ya que el conflicto con el llamado Estado profundo ha llegado a un nivel nunca antes sospechado, los choques entre los servicios de inteligencia son cada vez más profundos, tal como ya lo había planteado Michael Wolff en su libro Fuego y Furia.

Esta confrontación entre el presidente y los servicios de inteligencia desarrolla un nuevo capítulo, ya que la Oficina de Director de Inteligencia Nacional ha declarado en un comunicado abierto que el Covid-19 no es de creación humana ni ha sido genéticamente modificado. Estas declaraciones ya han tenido una réplica por parte de Donald Trump, quien en su conferencia de prensa del día 30 de abril, declaró que posee información basada en científicos y personal de inteligencia que indican que el origen del virus es el laboratorio de virología de Wuhan.

Todos estos hechos plantean que el futuro político de Trump así como del mundo dependen en gran medida de la dinámica de conflicto al interior de las élites estadounidenses y particularmente entre el ejecutivo de ese país y sus servicios de inteligencia, sin embargo las posibilidades de una escalada de conflicto en medio oriente en medio de una crisis de precios petroleros se encuentran más presentes nunca, especialmente cuando el futuro económico y de la industria petrolera estadounidense están de por medio.

Abner Munguía Gaspar

Abner Munguía Gaspar: Doctorante en Relaciones Internacionales, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México.
La fuente original de este artículo es Globalización
Derechos de autor © Abner Munguía Gaspar, Globalización, 2020

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