La pandemia se irá, la opresión consolidada se queda

Por Crosby Girón

Uno de los comportamientos que más me ha sorprendido durante esta pandemia que nos ha conminado al encierro, viene de muchos de mis colegas y conocidos. Por una parte, tenemos a los que simplemente están hartos de la pandemia y el encierro y, por lo tanto, no quieren saber ya nada del asunto. Están concentrados en tolerar no sólo el encierro sino a determinadas personas con quienes conviven, o con quienes les ha tocado vivir durante estas semanas. Por la otra parte, tenemos a quienes se han convencido de que solamente el gobierno tiene la información “verdadera” que nos servirá para cuidarnos de no contagiarnos, y por lo tanto, repiten como mantras aquellas recomendaciones de los expertos de los gobiernos.

Hemos dejado de pensar. Hemos dejado de imaginar. Y cuando pensamos, solamente queremos preguntar una cosa: ¿Cuándo terminará todo esto? Y cuando imaginamos, lo que hacemos es abstraernos de la realidad circundante, huimos para no enfrentar lo que aparentemente no estamos entendiendo.

Recientemente, una colega me recomendó ver una entrevista con Edward Snowden, el agente de inteligencia norteamericano que denunció el sistema de vigilancia clandestino que se creó en Estados Unidos y que se implementó sin que la población lo supiera. Curiosamente, este personaje, es de los que está muy preocupado por lo que se conoce como “libertades” individuales, además, pone énfasis en temas como la democracia y la propiedad privada. No me sorprende porque Snowden es norteamericano, y por lo tanto, creen que tienen un sistema democrático de libertades sin igual.

No obstante, fue en esta entrevista donde pude notar esa idea que me parece el trasfondo de todo: el virus permitió un “apagón” parcial del sistema, un “reset” del mercado hecho en pocas semanas. Quizá, nadie puede afirmarlo, pero el virus sí vino “como anillo al dedo” para aquellos grupos elitistas que “sienten” que ya el mundo necesita una “limpia”, una “poda”, o un “despoblamiento” como se ha hecho en varios lugares del mundo, en distintos momentos de la historia. Entonces, el trasfondo es que se ha logrado la coyuntura perfecta para la consolidación de un sistema global autoritario, una nueva forma de opresión bajo la excusa de la salud pública.

Precisamente, esa idea de que la pandemia en algún momento pasará, como ya ha sucedido, es la que mueve todo en nuestra mente: entramos en modalidad de sobrevivencia. El objetivo se convierte primordialmente en eso, en pura sobrevivencia del más apto, del más listo, del que tiene más recursos, más contactos, más información, más poder… la mayoría anhela con todas sus fuerzas que la pesadilla pase y que se vuelva a la “normalidad”, es decir, al mundo de crisis nuclear, de totalitarismos, de guerras, de súper explotación, de pobreza, de violencia masiva, de entretenimiento sin fin, de vacaciones a la playa, de saltos en paracaídas, de campañas electorales…

Curiosamente, hay algunas voces diciendo que esa “normalidad” ya se terminó, que de ahora en adelante tendremos que construir una nueva forma de vida. Está claro que los gobiernos serán el instrumento para la implementación de un sistema de opresión internacional. No importa si son de derecha o de izquierda. De hecho, el mismo Snowden en la entrevista reclama una posibilidad “revolucionaria”, en el sentido de buscar soluciones en un sentido totalmente nuevo. No sería una revolución marxista-socialista que tome el Estado para cambiar la sociedad. Es más, algunos empiezan a hablar del año 0, o sea, un Gran Nuevo Inicio.

Tristemente, muchos países con tradiciones autoritarias, por ejemplo Centroamérica, han visto la violencia y la imposición de medidas que de ninguna manera mejoran sus condiciones de vida frente a la pandemia. Se imponen medidas desde los gobiernos electos “democráticamente” que no van encaminadas a generar capacidades sociales para lidiar con los problemas que han sobrevenido, todo lo contrario, toman medidas que garanticen, según, que la “economía” no se destruya, y así, la vida de “mucha gente”. Otros gobiernos están puntualmente preocupados por su sistema de poder en sí mismo, el ejercicio de gobierno se vuelve un fin en sí mismo y la población pasa a un segundo plano, por no decir al último plano de las preocupaciones de los gobernantes.

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