Amazon, Blackstone y BlackRock, los grandes beneficiados en la economía tras el covid-19

Pablo Elorduy
@pelorduy

El 16 de marzo el Ibex tocó fondo. El cierre de la sesión a 6.107 puntos ha sido la bajada más importante desde el 1 de junio de 2012, a las puertas del rescate bancario aprobado por el Gobierno de Mariano Rajoy. Para profanos esto no significa gran cosa, puede sonar incluso como una buena noticia que las bolsas caigan. El capital, no obstante, lo ve desde el punto de vista la necesidad: si no hay rentabilidad en ese mercado, debe buscarse en otros lugares.

En 2012, la baja rentabilidad de la bolsa contrastaba con la rentabilidad que prometía la compra de deuda pública española. Esa espiral de desconfianza terminó en el rescate financiero y en las draconianas medidas de austeridad provocadas por el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). En 2020, hay nuevos indicios de que puede estar en el mismo lugar, los bonos de deuda, pero en las primeras semanas, los mercados están apuntando a las oportunidades que ofrece la crisis de comprar barato y ocupar posiciones de poder en empresas con necesidades de oxígeno o en manzanas de edificios de los centros urbanos.

Unos sectores entran en situación de peligro inminente, como es el caso del turismo, y otros, como la logística o los servicios en la “nube” relanzan sus expectativas de rentabilidad. Tres nombres de tres compañías sobresalen entre todos: Amazon, que domina la “nube” de internet y se expande el mercado de la distribución, Blackstone, fondo volcado en la actividad inmobiliaria, y BlackRock, el fondo de inversiones más importante del mundo.

“Suspender el circuito de producción pero no el de realización de valor a través de las finanzas es un disparate”, expone Rubén Martínez, investigador de la cooperativa La Hidra, que explica cómo los mercados están en un momento en el que “pueden comprar activos a bajo precio, con estrategias de captación a escala planetaria, y especular con su futuro precio”. Para Erika González, militante del Observatorio de las Multinacionales en América Latina y coautora de A dónde va el capitalismo español, “antes de la crisis del coronavirus, y con mayor agresividad en el contexto actual, las grandes corporaciones están intentando sostener sus beneficios a través de la reducción de costes, la creación de burbujas especulativas para recuperar en el corto plazo altos niveles de rentabilidad y la mercantilización de nuevos sectores y servicios”.

Para Martínez es necesaria una mayor regulación, más profunda que las prohibiciones de las ventas a corto, para controlar el proceso de acumulación que se ha abierto a raíz de la crisis. El dinero se mueve rápido de unos sectores a otros y ya se destacan actores tradicionales en riesgo de colapso e inversores al alza.
Hibernación en el sector turístico

Una compañía en auge hasta el coronavirus como Airbnb ha visto reducida su valoración, según sus criterios internos, un 16% en el mes de marzo. Expedia, Hilton y Booking han caído entre un 38 y un 58%, según el diario Financial Times. En el sector convencional español, Meliá fue una de las primeras compañías en anunciar un ERTE para más de 8.000 empleados, Riu ha añadido otros 6.000 al mismo saco y NH a otros casi 4.000 trabajadores.

Martínez apunta que, pese a sus pérdidas, Airbnb cuenta con la ventaja de poder optar a rondas de liquidez por parte de inversores internacionales, lo que le sitúa en una posición de ventaja contra el resto de competidores una vez termine el periodo de incubación que provocará a la compañía una pérdida estimada de 322 millones para los primeros nueve meses de este año. “Firmas como Apollo Global Management, Owl Rock Capital, Silver Lake y Sixth Street ya han salido al rescate de Airbnb”, de modo que “lo que podría parecer una debacle para Airbnb puede que le haga salir más fuerte”, remarca.
Ganadores momentáneos

Entre las compañías que se han visto beneficiadas en una primera ronda por la crisis del coronavirus destaca Amazon. A pesar de las demandas que afectan a su reputación, especialmente sonadas en Estados Unidos, por prácticas antisindicales, y en Francia, donde un juzgado ha ordenado que limite su catálogo a los artículos considerados esenciales, la compañía de Jeff Bezos está en el momento más alto (por encima de 2.300 dólares la acción) de su cotización en el Nasdaq, el principal mercado internacional de alta tecnología, desde la fundación de empresa. También Netflix ha alcanzado en las últimas semanas su máximo histórico.

La farmacéutica Gilead ha vivido un importante repunte como consecuencia de su dominio del mercado farmacéutico a la hora de colocar sus fármacos, especialmente el antiviral remdesivir, reutilizado para tratar la covid-19 que fue usado como tratamiento para el ébola y el VIH entre los años 2013 y 2017. Como ha publicado El Salto, analistas de Bank of America cifran en 2.500 millones de dólares los ingresos que Gilead tendrá por la venta de remdesivir para tratar el coronavirus. Por este motivo, en los últimos seis meses las acciones de Gilead han pasado de los 63 a los 73,5 dólares en Nasdaq.

El sexto programa Blackstone Real Estate Partners Europa ha sido el más ambicioso de los que ha puesto en marcha hasta ahora este banco especializado en inversión inmobiliaria. El 8 de abril, Blackstone anunciaba que había captado en los mercados 9.800 millones de euros para invertir en el mercado. En la nota enviada a los medios, Blackstone se congratulaba de que algunos de los inversores del nuevo programa son “planes de pensiones del sector público que representan a millones de jubilados”.

Javier Gil, investigador postdoctoral y portavoz del Sindicato de Inquilinos, enmarca el fondo en una serie de movimientos complejos, dado que, en el corto plazo, el sector inmobiliario se enfrenta a una caída de la vivienda comparable al pinchazo de la burbuja a partir de 2009, “tanto por la caída del turismo como por los efectos de la propia crisis se va a dar una devaluación del parque inmobiliario de todo el país”, resume Gil.

Con su capacidad para intervenir en el mercado, Blackstone se dispone ?aunque de momento no se sabe cuánto destinará a cada país? a invertir estratégicamente en el mercado, tanto para acumular nuevas propiedades como para evitar, en una primera instancia, una devaluación del suelo y los inmuebles que ya controla.

Gil recuerda que Blackstone ya destacó en 2008 por sus compras en las subastas judiciales de personas desahuciadas en Estados Unidos y cree que pueda repetir el mismo esquema de inversiones oportunistas en los próximos meses, en los que se puede producir esa caída aguda de entre el 8 y el 9% de los precios, con vistas a un repunte en el medio plazo.

Mediante “inversiones masivas y tan grandes”, concluye Gil, actores como Blackstone funcionan como palanca para la revalorización de activos devaluados, activos que a raíz de la crisis “sólo pueden comprar actores que concentran una gran cantidad de capital”. De este modo, el conjunto de la población no sale beneficiada de la caída de precios, dado que quien mueve el capital domina la compra en posiciones bajistas, y es directamente perjudicado, o queda al margen, de la recuperación prevista e inducida por actores como Blackstone.

Este fondo ha sido objeto de protestas y campañas en contra por el movimiento de la vivienda, que en septiembre de 2019 denunciaron los incrementos del alquiler de hasta el 100% en bloques de vivienda de Carabanchel, Torrejón, Vallecas, Tres Cantos y Getafe (Madrid).

El 10 de abril se conoció públicamente el sueldo que Larry Fink obtuvo en 2019. Fueron 25,3 millones de dólares que se corresponden, según defendió el propio Fink, con los beneficios que BlackRock obtuvo el año pasado, cuando este fondo de inversiones manejó una cartera de 7,4 billones de dólares, según la fórmula de contabilización española, no la americana.

Pero, independientemente de que como compañía BlackRock sea menos “valiosa” que Amazon, el papel que este fondo de inversión tiene en todo el mundo es determinante. Pedro Ramiro, autor junto con Erika González de A dónde va el capitalismo español, recuerda la participación muy importante que Blackrock tiene en las grandes empresas españolas cotizadas del Ibex 35, y también en grandes empresas alemanas y francesas.

A principios de año, BlackRock había anunciado “un giro verde” de sus inversiones en sintonía con las preocupaciones del Foro de Davos sobre la crisis climática. Este giro ha sido una de las claves para que, a raíz de la crisis del coronavirus, la Unión Europea haya podido situar a este fondo de inversión como comisario de las políticas del llamado Green New Deal. Concretamente, BlackRock asesorará a la UE sobre cómo integrar la sostenibilidad en la regulación bancaria en el plan de reconversión “verde”, para lo que el fondo de inversión ha presentado su estrecha relación con los responsables políticos de todo el mundo.

Tanto Rubén Martínez como Pedro Ramiro subrayan el papel de BlackRock en empresas de combustible y de algunas de sus participadas, por ejemplo el Santander, del que posee el 5,9% de las acciones, en el mercado de los combustibles fósiles, el principal foco de emisiones de gases de efecto invernadero. “Tiene a medias con Naturgy (Gas Natural Fenosa) el 49% del gasoducto Medgaz, para traer gas de Argelia a España”, recuerda Ramiro.

Martínez abunda en el hecho de que “controla acciones en compañías de combustibles fósiles por valor de 87.300 millones de dólares y también está en primeras posiciones como inversor en las ocho compañías petroleras más grandes del mundo”. Pero, más que un lavado de imagen ?greenwashing?, Ramiro insiste en que hay un acoplamiento a una realidad cambiante que hace menos rentable la inversión en hidrocarburos.

Para Pedro Ramiro, BlackRock se sitúa en el comienzo de la crisis provocada por el coronavirus en una situación óptima, ya que será un actor clave a la hora de decidir cómo se dirigen las inversiones europeas bajo unos criterios que, en cualquier caso, deben prestar la rentabilidad deseada a la propia BlackRock. Rubén Martínez explica que, con el movimiento de BlackRock, “la reducción de emisiones o la descarbonización, más que objetivos pasarán a ser la excusa con la que cerrar acuerdos donde, de nuevo, las grandes infraestructuras las pagan los Estados y los beneficios van al sector privado”.

Ese control por parte del principal fondo de inversiones del mundo del tablero en el que se va a jugar la crisis del coronavirus ha quedado refrendado por la autorización de la Reserva Federal estadounidense (FED) para la administración de activos por parte de BlackRock. En una profundización de las medidas que se tomaron a partir de la crisis de 2008, la gestora de inversiones capitaneará tres “programas de estímulos” de la Reserva Federal. A esto se une el acuerdo del fondo con China para la gestión de los instrumentos de inversión colectiva, ETF, que han sido aprobados recientemente por el Gobierno de Xi Jinping.

BlackRock sufrió las críticas por parte de Occupy Wall Street y en la Unión Europea ha sido objeto de una campaña en Francia que lo denunció “como cómplice de la inacción climática”.

Trasladar la crisis

Rubén Martínez piensa que en estas últimas semanas estamos asistiendo “a una destrucción de antiguos capitalistas y la entrada apoteósica de nuevos capitalistas”. Para este investigador “todo apunta a que el arreglo o la solución, sea verde o rosa, va a estar diseñada bajo una gobernanza capitalista”. Todo esto, concluye Martínez, recuerda a aquello de que “el capitalismo no resuelve sus crisis, las desplaza espacial o temporalmente”.

Ramiro destaca que el proceso de reordenación del poder corporativo se traducirá en una nueva fase de concentración y acumulación en la que “lo más probable es que se vayan dando una serie de quiebras, de fusiones y de absorciones, una reestructuración del mercado mundial y por supuesto también del del mercado español”. En ese marco, BlackRock, por su posición en el Ibex, tiene un lugar privilegiado para operar en España.

“Lejos de plantear algún tipo de límites a la acumulación por desposesión, la UE y el gobierno español están favoreciendo la centralización y concentración del poder y las ganancias por parte de las grandes corporaciones”, denuncia Erika González, quien cree que las medidas puestas en marcha por el Banco Central Europeo para la compra de bonos corporativos amplían la capacidad especulativa de los inversores, que no tienen prohibido trasladar ese “dinero barato” puesto en circulación por el BCE a la llamada “banca en la sombra”.

En España, recuerda González, las medidas para afrontar la crisis de vivienda han favorecido a Blackstone y otros fondos de inversión, agrupados en la Asociación de propietarios de vivienda en alquiler (ASVAL). Para Erika González, los movimientos que se han dado en las últimas semanas en los mercados suponen el peligro de que los mercados “nos sigan expropiando nuestros derechos y el acceso a los recursos, bienes y servicios esenciales para una vida digna”. Como en 2012, por ajenas que suenen las noticias económicas, estas indican que el dinero está inquieto y se mueve en busca de una rentabilidad que cada vez es más difícil de encontrar.

https://www.elsaltodiario.com/crisis-economica/amazon-blackstone-blackrock-crisis-oportunidad-acumulacion-poder-economico

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