La teoría del desastre como vía de liberación

Hugo Gordillo

La mano invisible de los mercaderes de Guatemala siempre va acompañada de la mano visible militar. A 200 años de la Independencia, el poder del dinero y el poder de las armas nos han dejado un país chirajo, incapaz de salir de las cloacas con la porquería hasta el cuello. El golpe de Estado de Jimmy Morales desobedeciendo a la Corte de Constitucionalidad y el fraude electoral confirmó mi teoría de que solo un gran desastre puede liberar a mayas, garífunas y ladinos pobres, que es lo mismo decir a nuestros pueblos.

En cada intento de diálogo entre sociedad y gobierno, esas manos asquerosas han estado presentes para evitarlo o manipularlo en beneficio de un concubinato que se convirtió en harem de grandes empresarios y militares con políticos, jueces y fiscales para el acueste, cueste lo que cueste.
Tras el terremoto de 1976, el gobierno militar empezó a crear una organización social en torno al Comité Nacional de Emergencia que duró 20 años. La red social del CONE fue un tiro que se le disparó al Ejército por la culata, porque esa organización rebalsó los límites militares y pasó a exigir participación política como forma de poder popular.

Allá donde hubo dolor por la pérdida de la casa y de familiares por el terremoto, surgieron sindicatos urbanos, organizaciones estudiantiles y comités campesinos que se convirtieron en un monstruo para el CACACIF y el Ejército. En la ciudad capital había asentamientos o colonias nuevas de damnificados donde ni la policía podía entrar. Los damnificados crearon un muro de autodefensa contra el Estado militar. ¡Hasta esos niveles llegó la recuperación de la dignidad!
En el campo, a la par de la reconstrucción de la choza o la casa de adobe derrumbada, se erigía el Comité de Unidad Campesina reclamando mejores salarios y la tierra robada por terratenientes vecinos, pero también espacios políticos tras la negativa gubernamental para crear el Partido Indígena Nacional, que sería la vía de participación política maya.

¿Cómo frenaron las manos invisibles este resurgimiento popular tras el “fracaso” de la Revolución de Octubre, gracias a las manos vendepatrias de cuello blanco y birrete? Con represión. Romeo Lucas García, el último gobernante del generalato fraudulento reforzó la Policía Judicial y sus bandas paramilitares creadas por el Ejército y civiles criminales como los liberacionistas Mario Sandoval Alarcón, Lionel Sisniega Otero y Ricardo Arenas Menes.

Mientras la soldadesca inauguraba el arrasamiento de parajes, caseríos y aldeas en el área rural, en las ciudades ocurría el crimen selectivo de estudiantes e intelectuales que hoy figuran entre las estadísticas de los 200 mil asesinados, 50 mil desaparecidos y un millón de desplazados externos e internos. Cifras de holocausto, gracias a los últimos chacales golpistas Efraín Ríos Montt y Óscar Humberto Mejía Víctores. La mayoría de sus perros ladran y siguen mordiendo desde la Asociación de Criminales Veteranos del Ejército -Avemilgua- y la Fundación Terrorista de Ricardo Méndez Ruin.

Frente al avance guerrillero, el demonio enviado por Dios, Ríos Montt creó las Patrullas de Agresión Civil como parte de la doctrina estadounidense de la Estabilidad Nacional, consistente en armar civiles para matar civiles. Las sangrientas patrullas eran fuerza de choque contra cualquier tipo de organización fuera de cuartel.
Eufemísticamente, las PAC fueron llamadas por el Ejército como Comités de Paz y Desarrollo. Aunque oficialmente fueron disueltas, conviven con militares y se reorganizan como fuerza de choque para objetivos políticos. Las amenazas de exmilitares con boicotear elecciones y atacar con bombas a las fuerzas de seguridad no son un chiste. Chiste fue el presidente militarizado Jimmy Morales, dispuesto a pagarles Q85 mil a cada uno y darles tierras en respuesta generosa a la extorsión millonaria contra el Estado.

Cuando las manos adineradas y armadas somatan la mesa, el pueblo tiembla. Así temblaba antes del terremoto, pero el gran desastre lo hizo tomar conciencia, organizarse y pasar del pánico a la recuperación de su dignidad desde las primeras champas del movimiento telúrico que dejó 23 mil muertos. Pueden no estar de acuerdo con mi teoría, pero se agotaron las hipótesis para crear una Guatemala digna.

Todavía está por verse si el coronavirus va a causar un gran desastre en Guatemala, pero sigo pensando lo mismo. ¡Que el próximo desastre salve a Guatemala!

Tomado del muro de Facebook del autor

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