Coronavirus: Claves para reconocer un operativo globalista

Claudio Fabian Guevara

La crisis del coronavirus es un diseño engañoso con una agenda macabra. Inaugura el totalitarismo sanitario, con restricciones a las libertades fundamentales, fomento del miedo al otro y proyectos de vacunación forzosa. Y le abre las puertas a un reseteo del agónico sistema financiero mundial.
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El coronavirus es una operación globalista planetaria de alcances nunca vistos. Su agenda central parece proponerse la imposición masiva de restricciones a las libertades fundamentales (derecho a la reunión, a la manifestación masiva, a la libre circulación y expresión), fomento del miedo a los demás (nociones de «distancia social») y proyectos de programas de vacunación forzosa. Además, el colapso inducido de la economía mundial permitirá un reseteo del agónico sistema financiero, y la ruina de sectores medios y bajos de la economía en todo el mundo prepara el escenario para la aceptación de «medidas extraordinarias».

Estos conceptos son familiares al proyecto globalista, una reingeniería del mundo impulsada por una elite de poderes supranacionales que se propone la creación de un gobierno mundial. Con una formidable ofensiva comunicacional, casi todos los sectores caen bajo el embrujo de una crisis artificial que remodela valores básicos de la convivencia social que han regido durante centurias.

La agenda globalista -que prevé entre otras cosas el debilitamiento de los Estados nación para reemplazarlos por formas de gobernanza supranacional, control totalitario de la vida de las personas y un proceso masivo de reducción de la población- se vale de eventos catalizadores que modelan cambios profundos en la sociedad planetaria.

La «pandemia» del coronavirus es uno de ellos, y su diseño deliberado está a la vista. Cada evento catalizador -operaciones de alta complejidad y planificación- tiene múltiples metas y utilidades. En este artículo, algunas pistas.

La OMS y el pensamiento único sobre la salud

El operativo se inicia con las alarmas emitidas desde una de las usinas globalistas: la Organización Mundial de la Salud.

Amplias audiencias tienen la falsa percepción de que la OMS es un ente neutral, aséptico y no contaminado por las comunes cuestiones de la naturaleza humana. La OMS, según una opinión generalizada, es un organismo científico dedicado a promover la salud en todas sus formas posibles, y una referencia fundamental a la hora de decidir sobre cuestiones sanitarias.

Sin embargo, como no podía ser de otra manera, la OMS refleja los equilibrios políticos del mundo, y aloja en su seno lobbys de diferentes intereses. En general, predominan aquellos asociados a las farmacéuticas que defienden una visión de la salud unidimensional: la lucha contra virus, parásitos y bacterias, causantes de las enfermedades, debe librarse en base a fármacos, vacunas y tratamientos especializados. Se trata de encontrar la «bala de plata» para cada patología.

Esto es sumamente útil para desempoderar a las personas en el cuidado de su propia salud, y en cambio empoderar a la corporación médica y comités de «expertos». Pero nadie ha demostrado que este paradigma -ciego y cojo en muchos aspectos- sea el más seguro, ni el más eficaz. De hecho, la iatrogenia (muerte del paciente por haber seguido un tratamiento médico) es la tercera causa de muerte en EE.UU.

Desde un enfoque de la salud integral y multidimensional -mucho más abarcativo de la suma del conocimiento humano actual- la alarma internacional que fomenta la OMS es muy lucrativa para las farmacéuticas, pero es ruinosa para la salud de las poblaciones.

Un evento hipotético futuro como herramienta de chantaje

La «pandemia» del coronavirus es literalmente una «invención», como la ha definido el filósofo italiano Giorgio Agamben. Se inicia con un evento hipotético futuro. La OMS le advierte a los gobiernos que si no se toman medidas extraordinarias de prevención, se puede desatar una crisis sanitaria sin precedentes. A continuación, miles de documentos y artículos de «expertos» trazan cuadros estadísticos que siembran el pánico: podría haber millones de muertos y los sistemas sanitarios colapsarán.

Esta estrategia es de uso común en los operativos globalistas. Se lanzan alertas en torno a «amenazas», con información originada en especulaciones de los máximos dirigentes, imposible de contrastar, y por lo tanto, de refutar. Los argumentos se inmovilizan y el debate se ubica en el terreno de las emociones. ¿Quién va a reunir suficientes elementos para desmentir que un hipotético evento futuro NO puede suceder? Y aunque tuviéramos la certeza de que al mal augurio no va a tener lugar, es difícil evitar la angustiante duda: «¿Y si me equivoco y sucede?»

Las predicciones catastrofistas, en este caso, tienen una obvia salida lógica: si no se producen millones de muertes -como sucedió en todas las «pandemias» de este siglo que la OMS declaró- deberemos agradecer al operativo masivo de prevención.

Hasta ahora, nada fuera de lo común ha sucedido. Aunque es probable que muchos hospitales colapsen, como el efecto simple de una profecía autocumplida: si hablamos todo el tiempo de peligros sanitarios, más gente se sentirá enferma.

Intoxicación mediática: Conteo diario, estadísticas en tiempo real

La OMS no explica por qué un brote de una cepa que provoca gripe común, es más peligrosa que otras 300 cepas de virus similares, ni por qué este año debemos contar las muertes en tiempo real, cuando todos los años hay entre 250 mil y 650 mil muertes por gripe estacional en el mundo, una cifra a la cual la «pandemia» actual no llega ni al 5 por ciento.

Esta postura han expuesto el virólogo argentino Pablo Goldschmidt, o el subsecretario de Salud de México. Nadie los ha refutado, pero sí descalificado y ridiculizado.

https://es.sott.net/article/71865-Coronavirus-Claves-para-reconocer-un-operativo-globalista

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