Entre la mentira y la realidad

Por Kajkoj Máximo Ba Tiul

Desde el día 13 de marzo, cuando el presidente Giammattei, comunica a la población guatemalteca por medio de una cadena nacional de radio y televisión, sobre el primer caso de coronavirus en el país, nuestra forma de vida comenzó a cambiar poco a poco. Si bien es cierto que ya el miedo y el terror se habían apoderado de nuestros cuerpos y mentes, por la escalada de violencia. El individualismo se constituyó como norma de vida, el odio y el miedo al extranjero se fortalecía como parte de nuestras relaciones sociales. Con el coronavirus; el distanciamiento social, como la forma más oportunista que han utilizado todos los gobiernos para tratar de detener la pandemia, puede fortalecer el individualismo, o como una oportunidad para preocuparnos del Otro, que sufre o que tiene hambre.

El miedo y la doble moral del guatemalteco, poco a poco está siendo utilizado por los discursos contradictorios y confrontativos de un presidente que no quiere dejar de ser candidato y héroe, ofreciendo con promesas populistas de derecha, como si estuviera haciendo proselitismo.

Las valoraciones que hace de su plan de contingencia para detener la pandemia, pareciera que estuviera hablando de un país que no es Guatemala. Porque nuestra realidad es otra, no es la que presenta al hacernos creer que todo está controlado, cuando esto es un absurdo.

Sus informes están relacionados sobre lo que se vive en lo urbano central, pero no en la periferia, como en su oportunidad lo hemos manifestado. Los informes están relacionado de cómo sufre la pandemia, la clase media, principalmente capitalina. Porque, en el área rural o en el interior del país (departamento, municipios, aldeas, caseríos, parajes, etc.), que sería la Guatemala profunda, la situación es otra. No hay un plan de emergencia y control por parte del Ministerio de Salud Pública (hospitales regionales y puestos de salud), para verificar si en las familias hay casos que posiblemente puedan ser conatos de la pandemia. Constantemente, se escuchan a vecinos decir: “que doña Juana y don Juan; llevan días de no salir, solo escuchamos que están tosiendo en sus casas”. En los mercados se encuentran vendedores y vendedoras con fiebre y sin protección. Por eso, no es confiable las estadísticas que presenta en cada cadena de prensa el ejecutivo y debería de ser humilde para aceptar el apoyo de profesionales (sociólogos, antropólogos, médicos, biólogos, etc.) que le están diciendo, esa no es la realidad.

Por si esto fuera poco y con el convencimiento de que estamos deteniendo la pandemia, el Congreso aprueba una ley de emergencia que a todas luces fortalecerá la corrupción, la impunidad y la evasión de impuestos. Cómo puede ser creíble que empresarios como FUNDESA y otros, que han criminalizado a líderes comunitarios, quieran ayudar como buenos filántropos al país, donando pruebas de COVID-19. La ayuda de los empresarios, es una forma de evadir impuestos, que serían los recursos para estas emergencias. Recordemos que semanas atrás, el presidente, llamó al Ministerio Publico y a la Corte Suprema de Justicia, para que dejará sin efecto la persecución penal en contra empresarios evasores de impuestos, y pidió al congreso la aprobación de la ley para apoyar económicamente la fumigación de plantación de bananos.

El millonario préstamo aprobado; que tiene como objetivo paliar la situación de la pequeña y mediana empresa, donde las Personas Expuestas Políticamente, no tendrán restricciones para acceder a estos préstamos, nos presenta un escenario totalmente corrupto. Por de acuerdo al listado presentado por la Superintendencia de Bancos, este tipo de personas son todos los funcionarios de los tres poderes del Estado, quienes podrán acceder a este recurso, sin ninguna limitación y sin necesidad de que se les investigue si tienen capacidad de pago y con posibilidades de que se los regalen de una vez, mientras la economía familiar y comunitaria, seguirá sostenido por pobreza y desnutrición.

Estas solo son algunas ideas de lo que hemos vivido hasta hoy. En un país en donde el hambre y la desnutrición es el gran virus histórico, provocado por el modelo económico y político que tenemos. El plan de emergencia y las acciones del ejecutivo, sin ser pesimista no detendrá la pandemia, ni muchos menos la pobreza y el hambre, cuando tenemos un 85% de población que viven en pobreza y extrema pobreza.

Es cierto que se ha ofrecido mil quetzales por familia que está sufriendo está emergencia. Lamentablemente en un sistema corrupto, esto solo servirá para que los mismos se beneficien. Porque ni bien se han conseguido los recursos, los COCODES o los coyotes, que son los intermediarios entre los pobres y el Estado (acaldes, diputados, cocodes, líderes políticos, etc), ya están haciendo sus famosas listas, como están acostumbrados, y están pidiendo ya cierto porcentaje para que sean incluidos en las listas de beneficiados de estos aportes. Corren por todos lados hombres y mujeres, sacando fotocopias de sus DPI y lo pasan entregando a esos famosos coyotes.

En este clima de ideas, hay preguntas que aún no han sido contestadas: ¿Quién auditará a las empresas privadas, para que las ayudas no se transformen en evasión de impuestos? ¿Quién velará para que las ayudas que lleguen a los pueblos no caigan en manos de políticos y funcionarios mafiosos? ¿Por qué diputados de izquierda y progresistas no presentan un amparo para que los funcionarios públicos no puedan acceder a préstamos de emergencia? ¿Cómo para cuando el presidente nos presentará una estadista real y nacional de como se está desarrollando la pandemia en el país? Y por último, ¿Conoce Usted como están sus vecinos?

Mientras esto pasa en la Guatemala corrupta, trabajadores del finquero Byron Thomae, en la Sierra de Las Minas, sigue disparando en contra de comunitarios, con el fin de desalojarlos de tierras, que reclama como de él.

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