De Coronavirus y otros demonios

Por Crosby Girón

En días recientes varios filósofos de renombre internacional han salido a la palestra para presentar sus análisis sobre el coronavirus y sus implicaciones. Allí está el esloveno, Slavoj Zizek, y sus posiciones que muchas veces dan bandazos, al calor de los tiempos convulsos e inciertos. Zizek se decanta por plantear la idea de un capitalismo a punto de morir, donde sólo falta la estocada final de un pueblo que, finalmente decida dejar atrás su conciencia reificada.

Por otra parte, está el italiano Giorgio Agamben, quien afirma su teoría del estado de excepción como regla de conducción política, y su conocido concepto de la nuda vida. Más recientemente, en una entrevista, Agamben se distancia del tema del coronavirus y su dimensión biológica o médica, para señalar que sus reflexiones apuntan más bien a las consecuencias post coronavirus.

Según Agamben “El miedo hace que aparezcan muchas cosas que uno pretende no ver. Lo primero es que nuestra sociedad ya no cree en nada más que en la nuda vida. (…) La nuda vida no es algo que una a los hombres, sino que los ciega y los separa. Los demás seres humanos, como en la peste descrita por Manzoni en su novela Los novios, no son más que agentes de contagio, a los que hay que mantener al menos a un metro de distancia y encarcelar si se acercan demasiado.”

Agamben lanza algunas preguntas cruciales, en vista de que, nuestro prójimo ya no existe y “es verdaderamente espantoso que las dos religiones que parecían regir en Occidente, el cristianismo y el capitalismo, la religión de Cristo y la religión del dinero, permanezcan en silencio. ¿Qué pasa con las relaciones humanas en un país que se acostumbra a vivir en tales condiciones? ¿Y qué es una sociedad que ya no cree en nada más que en la supervivencia?

El filósofo surcoreano, estrella de ventas, Byung-Chul Han, paró en seco a Zizek al decir que el capitalismo dista mucho de terminar. Guerra de argumentos. Pero puntualmente, Han lo que hace es comparar Occidente y Oriente frente a la crisis, y dirá que la eficiencia oriental ha superado con creces a la occidental, al grado que ésta última, “importaría” el modelo asiático, en vista de su alta eficacia. Han agrega que el rasgo que define esta superioridad está íntimamente relacionado con la noción de colectividad e individualidad de ambos mundos.

Han se olvida de mencionar directamente el rasgo totalitario de China. Para el analista, Mariano Schuster, el líder de la República China Popular, Xi Jinping, está demostrando relativa eficacia para controlar la pandemia dentro de sus fronteras, “Pero en China la eficacia dista mucho de estar fundada en un orden democrático. De hecho, esto se hizo patente desde las primeras semanas del brote del virus. Primero, el gobierno obligó retractarse a las dos enfermeras que denunciaron la falta de equipamiento y las condiciones ominosas a las que eran sometidas en Wuhan en una carta a la revista médica The Lancet”.

De acuerdo con Schuster, la policía del Ministerio de Seguridad Pública de China, obligó a Li Wenliang, el médico que alertó de la enfermedad a principios de enero, a decir que estaba difundiendo falsas noticias. Li murió de coronavirus al poco tiempo. Tras la expansión del virus, el gobierno chino actuó rápidamente para atajarlo. Otra de las cosas que le permitió a China el virus, según Schuster, fue la posibilidad de reprimir y fortalecer sus dispositivos de control social. “China que, recordémoslo, vive bajo un régimen de partido único cuyo líder Xi Jinping quiere incluso emular en fortaleza a Mao Tse-Tung que posee el poder de un big data al servicio del control que es, como lo han llamado Maya Wang y Kenneth Roth, un “Leviatán de los Datos”.

Otro filósofo que externó sus reflexiones fue Noam Chomsky, y también lo hicieron Rita Segato, Judith Butler, entre otras investigadoras y filósofas. Y como hemos visto, a lo más que se llega es a la expresión de posiciones encontradas en una babel teórica, donde, como alguien me comentó en redes sociales, se vive enamorado de las teorías propias. O más: quienes no desarrollamos una teoría propia, nos casamos con nuestros teóricos de cabecera, para tener la sensación de que nos asimos a una cosa que a saber qué es.

Y en nuestra vida cotidiana, tenemos que se nos implica como una masa que tiene que obedecer una suerte de combinación de respuestas estatales, y no estatales, al grado que emerge un nuevo campo de especialización participativa que los analistas, Pauli Houtari y Teivo Teivainen, llaman “gobernanza de coronavirus”. Esta idea incluye “curiosidades ideológicas, como por ejemplo que en Finlandia la oposición de derecha le pida a un gobierno de izquierda que asuma poderes más autoritarios. A escala global, muchos se preguntan su la forma en que China ha manejado la crisis ofrece evidencia a favor –o en contra- de las posibilidades de manejo de crisis de parte de un país abiertamente autoritario. En los intercambios sobre la emergente gobernanza de coronavirus a veces se menciona a Corea del Sur como modelo a seguir”.

Para finalizar, diría que, como ya advierten algunos, la expansión del ámbito del Estado no deja fuera el elemento de clase, en vista de que los intereses capitalistas se perciben en riesgo, de cara a la naturaleza política del capitalismo, la cual queda en relieve a la hora de que las empresas no pueden depender únicamente de los “mercados libres”, y por lo visto, necesitan escudarse frente a la furia, ante la ira de las mayorías desprotegidas.

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