Cacifes, sueño y pesadilla

Por Hugo Gordillo

Tras la independencia, la oligarquía criolla se organizó en la denominada Asociación de amigos del país, con su visión de futuro: todo para los ricos y nada para los pobres. Cien años después se crearon las cámaras empresariales. La del agro, la más fuerte por el poder sobre el principal medio de producción: la tierra. El finquero altivo, vestido de beige con chicote en mano, dispuesto a reventarle la cara a cualquier campesino indio o ladino, se reflejó en el gobierno con la figura de Jorge Ubico, uno de los suyos.

Tres años después de la venta de la patria, se creó el CACIF, que aglutina a las diferentes cámaras de agrios terratenientes ecocidas y explotadores; comerciantes hambreadores que controlan la oferta y la demanda, así como corruptores de aduanas en exportaciones e importaciones; Industriales monopolistas y matones de nuevo cuño a través de las empresas mineras; y banqueros lavadores de dinero, prestamistas ventajosos del Estado y principales aprovechados del 4.5 % de las remesas que sostienen al país.

Para mantener la seguridad de sus privilegios, los empresaurios de primer mundo que aman a Guatemala, han recurrido a los militares como fuerzas de choque contra simples protestas, levantamientos y la insurrección nacida del mismo y corrupto Ejército, con caudas de excluidos, golpeados, secuestrados, torturados, desaparecidos, ejecutados extrajudicialmente, genocidio y tierra arrasada.

La influyente Cámara del Agro logró la creación de la Policía Militar Ambulante dentro del Ejército, que contribuyó al despojo de tierras particulares, comunales, municipales y estatales por parte de los finqueros. El finquero y la PMA mataban dentro y fuera de la finca a cualquiera que atravesara los cercos de la propiedad privada obtenida como regalo estatal o ilegalmente por la fuerza.

La pequeña pero influyente Cámara de Industria logró la creación de la Guardia de Hacienda en el Ministerio de Gobernación, para perseguir fabricantes de bebidas alcohólicas con el fin de mantener el duopolio de la cerveza y el guaro en manos de los Castillo y los Botrán. El saldo: miles de claneros perseguidos, golpeados y muertos a las orillas de los ríos.

La PMA y la Guardia de Hacienda generaron organizaciones de grupos criminales, uno de ellos liderado por el tercer jefe de la Guardia de Hacienda, Baudilio Hichos, conocido por su tenebrosa Panel Blanca, icono de secuestros y ejecuciones extrajudiciales durante el primer gobierno de la mal llamada era democrática, en la que Hichos casi se llega a eternizar como diputado por Chiquimula.

Desaparecida la PMA y la Guardia de Hacienda, empezó a florecer el negocio de las empresas de seguridad privada, cuyo antecedente son las policías preventivas creadas en varias cabeceras departamentales por los anticomunistas vende patrias, con el ofrecimiento de la seguridad del vecindario como pretexto, pero con el objetivo único del control urbano. Los informes de las preventivas iban a parar a manos del Ejército, la Policía o las bandas paramilitares asesinas.

A COSTILLAS DEL ESTADO.

Las policías privadas, la mayoría en manos de militares genocidas, florecieron en un contexto de corrupción institucional y se apertrecharon con armas robadas al Ejército, a la policía, a la Guardia de Hacienda y algunas armas decomisadas a la guerrilla. Pero también se abastecieron del flujo internacional de armas de norte a sur, con el armamento para contrarrevolucionarios en Nicaragua, que se llegó a conocer como el escándalo Irán-Contras en la década de los 80 del siglo pasado y, hoy, con el flujo de armas, que ingresan a contracorriente del narcotráfico.

El Ejército no solo sigue siendo fuente de abastecimiento de armas de policías privadas, como lo hace también con pandillas como Salvatrucha y Barrio 18, en las que algunos mandos militares controlan bandas delincuenciales. El Ejército también pone a disposición de estas empresas, personal que ha aprendido el uso de armas y otras cositas en la institución durante el servicio militar.

Fortalecidas legal e ilegalmente, generando inseguridad para que haya demanda de seguridad, están expandidas por todo el territorio nacional, constituyen una fuerza que maneja más de 80 mil millones de quetzales en armamento y tecnología, superior al presupuesto de la nación, amén de que sus agentes son informantes sobre las empresas que custodian. La información está acumulada por los militares dueños, tanto como lo hicieron en El Archivo, dentro del Estado, durante la época de control y represión social por parte del Ejército.

Las policías privadas tienen asistencia tecnológica y armamentista de empresas israelíes como Golán y Wackenhut, principales dadoras de guardaespaldas y jefes de seguridad a los más prominentes oligarcas. Por eso no es raro encontrar en el FB a generales y coroneles declaradamente evangélicos lanzando hurras por el gobierno judío genocida, con la bandera de Israel como foto de portada o de perfil en el Facebook.

De las últimas fechorías de las empresas privadas de seguridad, está su apoyo paramilitar a la campaña del Partido Patriota. Cuando el criminal, corrupto y ladrón, general Otto Pérez Molina, hablaba de mano dura en público, sus paramilitares ya habían hecho su trabajo. Matar gente en los poblados, días antes de que el chacal llegara a ofrecer seguridad. Tanto, que Pérez Molina hasta mencionaba con nombre y apellido a las recientes víctimas.

Parte de esto fue el trabajo de las empresas de seguridad privada, así como se dieron a la tarea de ametrallar negocios pequeños en mercados cantonales durante la noche en la capital, principal núcleo de votación. Al día siguiente, les surtía el efecto del terror y la necesidad popular de un gobierno de mano dura. Los mismos que llegaron a ametrallar negocios, llegaron a hablar con los dueños para ofrecerles seguridad gratuita, consistente en un policía cuidando la tienda, durante el tiempo que permaneciera abierto para prolongar el efecto de la inseguridad creada.

Mágicamente, durante la semana posterior al domingo que Pérez Molina ganó, las empresas de seguridad retiraron a sus agentes de los pequeños negocios. La inversión que habían hecho estaba asegurada para asaltar a mano armada al Estado, según el plan diseñado, por engendros malévolos en las zonas 10 y 11 de la ciudad de Guatemala.

POR AHORA, NO MUCHAS GRACIAS

En la medida que se fortalecieron, los empresarios de la seguridad solicitaron al CACIF ser aceptados como cámara de empresas de seguridad. Así, la organización oligárquica pasaría a convertirse en Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciantes, Industriales, Financieras y de Empresas de Seguridad, CACIFES. Una situación que durante décadas ha sido quebradero de cabeza y pesadilla de los oligarcas.

¿Cómo es posible que los militares, que siempre han sido usados por la oligarquía blanca, lleguen a tutearse con la flor y nata criolla? Pero más que una objeción racista y clasista, la gran pregunta del directorio del CACIF está en la desconfianza que le tienen a los militares. ¿cómo van a permitir que su alacrán llegue hasta el corazón de la gusanera empresarial?

¿Por qué la desconfianza? Los militares, como la oligarquía, son vende patrias y matones. Si pueden vender la patria, pueden vender hasta a su madre, pero, para el CACIF, el Ejército es traidor y no respeta códigos entre delincuentes. De hecho, ha traicionado la confianza de los empresarios. Los atentados contra finqueros durante la guerra y represión no son todos de la guerrilla. La Policía Militar Ambulante, que nació para cuidar fincas, también asedió finqueros para hacer el negocio propio. Así es como nacieron los primeros extorsionistas y asesinos de terratenientes en las fuerzas armadas, pero el CACIF nunca dijo nada.

De las últimas extorsiones a los empresarios es la que Zury Ríos mantiene permanente para que le financien sus campañas políticas, bajo la amenaza de que si su padre, el general Efraín Ríos Montt, pasó a la historia como genocida, ella se encargará de develar el papel que jugó la iniciativa privada en la última cruzada político-militar-empresarial-evangélica que dejó un millón de desplazados, doscientos mil muertos, cincuenta mil desaparecidos y cuatrocientas cuarenta aldeas arrasadas por la mano de Jehová y su hijo genocida que se estrenó en Sansirisay.

Los grandes empresarios, especialmente la familia dueña de la cementera, sabe que el secuestro de Olga de Novella, en plenas negociaciones de la paz, fue ejecutado por un grupo guerrillero, pero también sabe que el plan no pudo ser ejecutado sin el apoyo de “inteligencia militar”. Nuevamente, el CACIF calló para no hacer olas. El secuestro de la señora Novella, así como una masacre, untó el cebo con la manteca, a la hija con la madre; es decir: a chafarotes de la guerrilla con chafarotes del Ejército en acciones criminales.

La oligarquía aprendió a vivir con un instrumento amigo-enemigo armado. Mal con ellos, peor sin ellos. Que el Banco Industrial haya homenajeado al criminal de guerra, general José Luis Quilo Ayuso, fue un trago amargo que había que atorarse para evitar destapes, como el de la relación íntima de Álvaro Arzú, (Pedo de Alvarado) con el capitán Bayron Lima, criminal de guerra y de monseñor Gerardi. Trago amarguísimo que la oligarquía todavía regurgita, aunque Arzú tuvo el descaro de homenajear chafarotes después del descubrimiento de su maridaje con un asesino.

Pero también, la oligarquía se ha cuestionado el hecho de llevar militarotes estúpidos a su mesa. Por eso, Manuel Ayau y Armando de la Torre, dos de los terroristas de la Universidad Francisco Marroquín, alcahuetes del terrorista anticubano Luis Posada Carriles en Guatemala, propusieron “educar a los militares”. Esta educación no fue más que amaestrar generales, coroneles y otras porquerías, en la teoría económica del capitalismo salvaje, ad-hoc al pensamiento anticomunista que permeó al Ejército desde la contrarrevolución.

Así es como en el corral militar empezaron a aparecer hombres de “ciencia” en diversas carreras y grandes empresarios de verde olivo, que a la Universidad Francisco Marroquín le dejaron buena plata con la compra de títulos. A pesar del amaestramiento neoliberal de los militares, la oligarquía no está convencida de poder darles la bienvenida a su directorio. Algunos de estos junta cadáveres integran la Junta de Seguridad y tienen copadas otras instituciones en el gobierno del títere Alejandro Giamatei,ganando como funcionarios y beneficiando a sus empresas con contratos millonarios.

La desconfianza sigue siendo una pesadilla oligarca. Así que el sueño militar de que el CACIF se convierta en CACIFES está tan distante, como la blanca Cayalá de la tiznada Escuela Politécnica. Por ahora, los dueños de Guatemala prefieren seguir teniendo al Ejército a su servicio, pero como la candela de Iglesia: ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre.

Fuente: página de Facebook del autor.

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