Reivindicaciones (I)

Por Jairo Alarcón

Más allá de las peculiaridades accidentales que les son propias y que establecen, construyen o crean las personas, subyace en estos lo común que poseen: el ser humano. Podrán existir apetencias diversas, inclinaciones distintas, tamaños, formas o colores variados dentro de los distintos grupos étnicos, pero lo humano persiste, y es lo que debe tener un valor substancial y significativo.

No obstante, ciertos grupos, gremios, asociaciones, culturas exaltan sus particularidades con el fin de visibilizarse y obtener reivindicaciones que históricamente les han sido arrebatadas, la especie humana tiene fines y necesidades esenciales que deben ser satisfechas. La lucha por alcanzar satisfactores en la esfera supraestructural invisibiliza aspectos vitales para la subsistencia.

Y no es que no se tenga el derecho de luchar por tales causas, es que toda reivindicación sectaria debe estar articulada con los fines de la especie. No se debe, por ejemplo, exigir que se cumplan los fundamentales derechos humanos, incumpliéndolos. Hay principios generales que deben respetarse en aras del desarrollo y la convivencia humana.

La problemática social surge cuando las oportunidades de una vida digna no son factibles para todos los miembros de la sociedad, ya que solo algunos son los
privilegiados.

Buscar el origen de tal situación conlleva hacer un análisis del sistema. Por qué unos tiene oportunidades para desarrollarse y otros no. ¿Es ese acaso, un problema de orden cultural o económico?

Si se consolida un sistema donde las oportunidades sean para todos y el modelo educativo desarrolle la formación crítica en cada una de las personas, dará por resultado el surgimiento de seres humanos distintos, los cuales sabrán lo que es vivir en sociedad y la responsabilidad que ello amerita.

Por el contrario, si se vive en un ambiente hostil, en donde los privilegios son para un reducido número de personas, el hambre y la frustración será el denominador común para los desafortunados, lo cual desembocará en violencia y en crisis para la sociedad.

El enemigo común es aquel que divide, que oculta a través de distractores la problemática social que subyace en todos los grupos humanos; que exalta reivindicaciones sectarias, sean o no justas, y pone en pugna a aquellos que son víctimas de la miseria, frustración y la violencia.

Sin duda, hay grupos que han sido históricamente mancillados, y surgirán nuevos que lo seguirán siendo si no se identifica la causa real de que eso suceda.

Una sociedad donde la miseria sea desterrada e impere la educación crítica, liberadora, que en vez de domesticar al individuo le enseñe a pensar a través del conocimiento, no solo lo liberará de la ignorancia, le derribará sus ídolos, sino lo convertirá en un sujeto reflexivo que hará de él un mejor ser humano, que en vez de instrumentalizar a la razón, la fundirá con la ética.

Las reivindicaciones justas son aquellas que no olvidan la raíz esencial de toda lucha, que es edificar una sociedad más justa entre los seres humanos.

Fuente: DCA

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