Baloncesto y racismo, una historia indisociable

Pablo Muñoz Rojo, Licenciado en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid con Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Autor del libro Sí es un problema de racismo de la editorial Diwan.

La NBA, la liga Nacional de Baloncesto de los Estados Unidos, es considerada en el mundo del deporte una de las competiciones más espectaculares que existen. Una competición que supera fronteras y que año tras año sigue capturando nuevos seguidores, con un mercado inmenso en China es una competición que en cuanto valor económico crece y crece…Como menciona el periodista Juanma Rubio en un reportaje en el Diario As “a la NBA le va mejor que nunca, en una suerte de edad de oro en la que parece caer de pie desde la cornisa de cada punto de inflexión, avanzada en el diagnóstico y rápida en la ejecución. Percibida como joven, plural y dinámica. Hoy por hoy, reina Midas que convierte en oro todo lo que toca”. Pero ¿cómo llegó la NBA a conseguir ese seguimiento mundial, a convertirse en lo que es hoy en día?

En sus inicios la NBA, como otras competiciones deportivas de la época, era una liga de blancos. El 31 de octubre de 1950 Earl Lloyd se convertía en el primer jugador negro en jugar todavía en la época de las leyes Jim Crow. Esto fue debido a que poco antes los propietarios de las franquicias decidieron por votación 6 a 5 que los jugadores negros podían participar en la liga. Ese mismo año otros dos jugadores afroestadounidenses terminaron jugando: Chuck Cooper y Nat Sweetwater Clifton.

Con el tiempo, y a raíz de los jugadores afroamericanos de la mano de Wilt Chamberlain, Bill Russel, y ya posteriormente el “boom” de Michael Jordan, considerado el mejor jugador de todos los tiempos, la competición fue creciendo en espectáculo y calidad. El fenómeno Jordan, avalado por su calidad como jugador, y figura de marketing creada desde laboratorio del capitalismo, terminó por llevar la NBA a casi todos los rincones del planeta.

Es decir, el gran estirón de la competición se dio con la llegada de jugadores afroamericanos, que poco a poco, fueron haciéndose con el dominio de una competición que era claramente de blancos.

Pero la cada vez mayor presencia de jugadores negros no eximía a la liga de seguir recibiendo críticas que señalaban a su estructura de racista. Críticas tanto desde fuera como desde dentro. Jugadores como el polémico Rasheed Wallace en numerosas ocasiones lo denunció lo que le llevó a pagar grandes cantidades en multas.

La competición se nutre de jóvenes jugadores que llegan de las universidades privadas del país. Si anteriormente hubo un periodo en el que los jugadores podían pasar directamente del instituto a la liga profesional, desde hace unos años deben haber pasado mínimo un año en la universidad para dar el salto a la máxima competición. Con ese formato, las universidades se pelean por conseguir que los mejores jugadores de todos los institutos del país los elijan. Ofrecen becas, ofrecen minutos de juego, venden triunfo y venden “futuro” y “esperanza”. Estos jugadores, que no pueden recibir remuneración por parte de las universidades al no ser una liga profesional pasan a ser una suerte de mano de obra gratuita.

El cambio de reglamento que impedía saltar a los jugadores de institutos directamente a la NBA obligándoles a pasar por las universidades fue duramente criticado, y lo sigue siendo, porque fuerza a que jugadores que podrían estar cobrando como profesionales se vean obligados a jugar para las universidades de forma gratuita enriqueciéndolas a su costa. Stan Van Gundy, el que fuera entrenador de los Detroit Pistons de la NBA llegó a señalar: “La gente que estuvo en contra de que los jugadores llegaran directamente desde el instituto inventó muchas excusas, pero creo que en gran parte fue racismo. Nunca he visto a nadie levantarse a protestar sobre las ligas menores de béisbol o Hockey. Allí no ganan muchísimo dinero y suelen ser chicos blancos, así que nadie tiene ningún problema. Pero de repente tienes a un chico negro que quiere salir del instituto y ganar millones y eso sí es una mala decisión. Pero saltarse la universidad para ganar 800 dólares al mes en una liga menor de béisbol es una buena decisión. ¿Qué narices está pasando?”

Otros jugadores han mostrado en repetidas ocasiones su disconformidad con que no se pueda cobrar en las universidades mientras estas se enriquecen, y que a la vez sea condición necesaria pasar por ellas. Esta medida, que se llamó one and done, obliga a los jugadores de instituto a pasar un año por la universidad o por el contrario dejar pasar un año entero antes de poder declararse elegibles para el draft de la NBA.

Dentro de todo este mercado universitario son numerosos los casos que se han denunciado por corrupción. En septiembre del 2017 al menos diez personas fueron detenidas entre los que había entrenadores y responsables de marcas deportivas por sobornos a jugadores para que jugaran en sus universidades. Para la temporada 2015-16 la NCAA, la asociación que gestiona las competiciones deportivas universitarias, anunció que tuvo ganancias por 100 millones de dólares. Al final es considerado un deporte amateur que mueve cientos de millones y del que no obtienen beneficio sus trabajadores, mayoritariamente negros.

La realidad es que muchos de los jugadores negros que juegan en la NBA (un 80%) provienen de unas realidades complicadas marcadas por todas las estructuras racistas y clasistas del país que determinan que los jóvenes afroestadounidenses tengan mayor probabilidad de pasar por la cárcel, ser tiroteados por la policía, vivir en familias sin recursos, no terminar los estudios, no poder acceder a trabajos bien remunerados, etc. Y lo cierto es que la realidad del racismo que se vive en Estados Unidos obviamente se traslada a muchos otros aspectos y en este caso al baloncesto.

Estos jóvenes sobreviven en entornos de segregación, tanto racial como económica, que derivan en ambientes de bandas, de armas y de drogas que en más de una ocasión acaban con ellos ya sea con la muerte o terminando en prisiones del país (con los latinos componen el 80% de los presos del país). Para conocer sobre los guetos, las drogas y cómo influye en la vida de los afro estadounidenses en Estados Unidos conviene leer Pensando la pobreza en el gueto: Resistencia y autodestrucción en el Apartheid norteamericano, del antropólogo Philippe Bourgois y Muerte en el gueto, de Jill Leovy.

Se les hace creer que su única vía de escape es el baloncesto, tratando de seguir los pasos de sus ídolos, con los que se sienten representados ya que muchos provienen de orígenes similares. Esto se traduce muchas veces en una trampa. Se perpetúa la idea del hombre negro lejos del ámbito educativo, la academia, espacios de generación de conocimiento, etc, para encasillarlos en los lugares donde se sobreexplota lo físico. Parece que el único futuro se basa en ser máquinas del deporte, mientras que otros elementos esenciales de la educación se pasan por alto. A estos jóvenes se les “regala” el acceso a buenos institutos y de ahí a universidades de prestigio donde se les allana el camino en el aspecto académico dirigiendo su viva única y exclusivamente al baloncesto. Los estudiantes deportistas afro estadounidenses son los que tienen por estadística los peores índices de graduación. Según Earl Smith en su ensayo The African American Student-Athlete menos del 40% de estos estudiantes terminan graduándose. Al final, la universidad se termina convirtiendo en una fábrica de jugadores sin reparar en el ámbito académico. Se cultiva su juego y se les potencia en ello, pero ¿qué pasa con el resto de los conocimientos que deben englobar una educación real? Se les vende ese camino como la única salvación económica.

Sólo tienen una alternativa, ser buenos, muy buenos jugando al baloncesto. Si un jugador de repente no destaca lo esperado, o se lesiona de gravedad, puede que no resulte rentable a la universidad mantenerle la beca para que siga estudiando en ella. Entonces quedará en un punto muerto donde o se hipoteca de por vida para seguir estudiando (las personas afrodescendientes tienen mayores barreras para acceder a préstamos bancarios) o decide dejar los estudios.

Se delega el futuro de tantos jóvenes de los guetos, de mayoría afrodescendientes y latinos con familias que son segregadas por el sistema estadounidense, en el deporte, es decir, en sus cualidades físicas, y se olvidan de cambiar el origen de toda la estructura de segregación, discriminación y racismo que genera estas situaciones. Entonces cabe preguntarse qué pasa con aquellos que no consiguen llegar a esos niveles, que no nacen con las posibilidades físicas que requiere un deporte como el baloncesto, o algo más simple, qué pasa con el que no tiene ningún interés en el deporte. Ahí está el peligro que conllevan en muchas ocasiones las respuestas a los problemas sociales mediante vías deportivas. ¿Puede ser usado el deporte como forma de control social de tanta gente que carece de medios, pero a quienes se les regala una pelota como Brasil con el fútbol o en Estados Unidos con el baloncesto?
Empresario blanco, trabajador negro

“Nos tratan como a trabajadores de una plantación” han afirmado en ocasiones diferentes jugadores y miembros de todo el aparato de la NBA y lo que es cierto es que a día de hoy algo que no ha cambiado es que los que dirigen la liga, es decir, la empresa NBA, siguen siendo una élite blanca.

De los 30 propietarios de franquicia hoy en día, solo uno es negro, Michael Jordan. De los 30 entrenadores 6 son negros (a lo largo de la historia de la liga ha habido 208 entrenadores de los cuales 32 han sido negros). De los 30 General Manager 5 son negros. Todos los comisionados que ha habido, es decir, la autoridad ejecutiva de la liga, siempre han sido blancos. Y de todos los jugadores de la liga, en torno al 80% son afrodescendientes.

Este aspecto refleja una vez más cómo es la sociedad estadounidense, pues es una fiel imagen de cómo funciona el país donde la mayoría de los altos puestos de las principales empresas son liderados por una élite blanca.

Podemos preguntarnos, ¿por qué el porcentaje de jugadores blancos es tan bajo? Quizás se explique en todo el proceso de captación por parte de las universidades descrito previamente. Esto a su vez se alimenta de las expectativas creadas en función de las poblaciones. En base a los referentes que se exponen, y del llamado colonialismo mental, las poblaciones negras son enfocadas desde pequeñas a partir de los medios de comunicación, desde las propias escuelas, e incluso a veces desde las propias familias, se hace creer que el futuro de los jóvenes no pasa por los espacios institucionales, académicos, empresariales, u otros, que son vistos como entornos blancos. Es decir, los imaginarios sociales impuestos sitúan a estas poblaciones al margen de determinados lugares y futuros que se terminan por alejar en función de esas expectativas. Se puede hablar de encasillamientos raciales, que parten primero de las propias barreras institucionales y racistas, hasta las barreras psicológicas e identitarias. No todo el mundo lucha por estar en un espacio que siente que no le pertenece. En esta redirección que se les hace a los diferentes cuerpos, vemos cómo posiblemente a un blanco se le invite a otro tipo de futuro que no dependa simplemente de unas determinadas cualidades físicas. Así, lejos del llamado “racismo a la inversa” con el que se ha señalado a la NBA como si no quisiera blancos -y como si eso existiera-, la explicación probablemente parte más de los modelos educativos, la construcción de los deseos y las expectativas creadas de las experiencias y los entornos de cada colectivo poblacional bajo el marco del modelo racista y clasista que condiciona todas estas vidas.

Los académicos Onofre Ricardo Contreras Jordán, Juan Carlos Pastor Vicedo y Sixto González Víllora en su ensayo La influencia de los deportistas de élite en las actitudes y estereotipos racistas de los escolares, señalan un elemento que debe tenerse en cuenta, “en una sociedad donde tanto sutil como manifiestamente se están lanzando imágenes negativas de la población negra, los jóvenes afro-americanos tienen pocos lugares donde encontrar una valoración positiva, siendo una de esas áreas el deporte. Ya que es dentro de esas disciplinas deportivas, donde los deportistas de élite afro-americanos ocupan un lugar de superestrellas, son altamente valorados y admirados por el resto de la población americana (Harrison et al., 2002)”.

También podríamos preguntarnos, ¿por qué el porcentaje de propietarios negros es tan bajo? La respuesta tiene que ver con las diferencias de oportunidades que existen entre poblaciones para poder acceder a una educación de calidad, poder continuar dentro de los sistemas educativos de alto nivel, las posibilidades de ascender de clase social, de que te contraten en una entrevista, de tener contactos en posiciones de poder que ayuden, etc. Y todo esto tiene que ver con la herencia de poder y privilegio de la que parten unos y otros. Las poblaciones negras no han tenido bienes, patrimonios, riquezas y puestos que heredar. Por el contrario, su herencia parte de la esclavitud, el trabajo asalariado, la falta de propiedad, así como todos los estereotipos negativos como cuerpos vagos, no-pensantes, infantilizados, sexualizados y violentos.

Aun así, se sigue asumiendo que la NBA es una “liga de negros”. Se entiende, entonces, que no por que estos tengan poder sobre ella, sino porque es su rostro el que se vende. Porque los que terminan tomando las decisiones internas siguen siendo otros.

Esto se aprecia en cómo ha ido gestionando algunos aspectos de la competición. Un ejemplo de ellos es la imposición de un código de vestimenta en el 2005. Bajo el marco de la estética y las buenas formas de lo llamado “apropiado”, lo cual es un elemento socialmente construido y con claros matices clasistas y racistas, se buscó formalizar la vestimenta de los jugadores. En un ejercicio de cuidar la imagen de la competición, se definió que esta debía partir de un alejamiento de los patrones culturales negros con los que se le venía relacionando desde la cultural hip hop, es decir, la cultura originaria de tantos jugadores que hacían parte de la NBA. La idea era que los jugadores no tuvieran el mismo aspecto que los delincuentes, los que entraban y salían de las cárceles. Con esta postura se estaba asumiendo las premisas que vinculan hip hop y población negra con violencia y la informalidad. Se imponía así una estética blanca, que sin decirlo directamente también señalaba los peinados en trenza y el uso del pelo natural por parte de los jugadores negros.

Con todo ello, de forma paralela, desde el propio marketing se explota una imagen de cultura urbana que internamente es criminalizada, en un ejercicio de apropiación y extractivismo cultural, mercantilizando solo lo que les interesa. La NBA para vender busca romantizar el origen de determinados jugadores. Capitaliza esas historias de tal forma que terminan por reproducir ciertos estereotipos y banalizan en cierta media experiencias vitales violentas. Aprovecha para vender esa superación reforzando el relato de la meritocracia, al final quienes llegan son los que más se esfuerzan sin tener en cuenta los puntos de partida tan desiguales y las barreras que condicionan a estas personas. Por eso son tan visibles y conocidas esas historias. Explotan estos relatos en una suerte de exotización de la precariedad. Una de las imágenes más explotadas fue la del irreverente Allen Iverson, quien junto con otros jugadores criticaron fuertemente estas medidas.

De esta forma, la NBA, “la competición de los negros”, pasó a ser la primera liga de Estados Unidos que aplicaba un código de vestimenta, que, por otro lado, se alejaba de las formas estéticas de una parte importante, sino mayoritaria, de la liga. Al final lo que se buscaba, y se consiguió, es la homogenización de la estética, siempre desde los parámetros de lo blanco-formal. Esto se traduce en medidas de control de identidad negra a partir de las formas de vestir, de conductas y simbologías.

Esta medida tiene reflejo en las estéticas actuales de los jugadores, y ahora “sí son millonarios vistiendo como millonarios” como señaló el mítico jugador Walt Frazier. Otro asunto muy interesante sería analizar cómo esta medida ha influido en la estética general de los jóvenes negros del país y como se refleja hoy en las formas de vestir en tanto que los jugadores son muchos de ellos referentes en distintos aspectos. Pero no entraremos en ello ahora.

Si bien es cierto que la liga tiene muy bien cuidada su imagen con el exterior, con numerosas campañas como el “NBA Cares” de ayuda a los desfavorecidos, niños y niñas, se celebra el día de Martin Luther King y otra serie de eventos que ofrecen una imagen muy positiva de la NBA, de puertas para dentro sigue habiendo muchos problemas a solucionar. Son conocidos casos de jugadores portando armas, de jugadores en peleas en clubs como las 11 puñaladas que recibió Paul Pierce a la salida de una discoteca, problemas de drogas e incluso de asesinatos. El motivo de que esto esté ligado a jugadores afroestadounidenses tiene mucho que ver con lo ya explicado, con su origen, la desestructuración desde la que parten, “deudas” de juventud, la falta de educación que recibieron mientras se les convertía en meras máquinas para el deporte y de la poca preparación y pedagogía que se les ofrece una vez que son lanzados a una industria que mueve tanto dinero, con todos los peligros que implica.

Todo este problema se puede volver a reflejar una vez los jugadores se retiran. Hay casos de jugadores, según un informe de Sports Illustrated el 60% después de cinco años de retirarse, que lo han tenido todo, que han tenido contratos millonarios y que cuando se retiran acaban con deudas y habiendo perdido todo su dinero. Muchos de estos jugadores ganan millonadas a lo largo de su carrera, y si bien tienen la opción de recibir cursos para aprender a administrar su dinero en ocasiones se ven desbordados por sus cantidades. La mala distribución, gestión del dinero y el propio modelo de consumo del país los lleva a perderlo todo. También es cierto, que en Estados Unidos existe una mayor visibilidad y viralización de este tipo de casos, y desconocemos si en otros deportes y en otros países, como en España, tienen lugar casos similares de deportistas que se enriquecen muy rápido y luego terminan perdiéndolo todo.
La fábrica africana

Por otro lado, tenemos el caso del baloncesto europeo que tiene una de sus canteras en África. Dos de los ejemplos más exitosos son el caso del jugador internacional español, el congoleño Serge Ibaka que hace años dio el salto a la NBA y el también congoleño Bismack Biyombo quien también juega actualmente en la NBA tras criarse baloncestísticamente hablando en España. Pero llegar donde lo ha hecho Serge Ibaka es muy complicado y hay muchos jugadores africanos que se quedan con sus sueño frustrado y perdidos en España y otros países europeos. Como con el fútbol, los equipos van a diferentes países africanos en busca de jóvenes promesas. De pequeños se los traen con el fin de entrenarlos prometiéndoles de nuevo ese gran futuro lejos de su situación de “pobreza”. El objetivo, blanqueado por la caridad, es conseguir jugadores que les hagan ganar, es decir, que al final lo que importa son los éxitos de los clubes, de ahí las grandes inversiones de dinero. El problema es cuando estos jugadores no terminan de ser tan buenos como se pensaba, o simplemente deciden que no se quieren dedicar a ello, y quedan al amparo de nadie, con un sueño que se les había creado frustrado, en un país que desconocen y con una lengua que en su mayoría no dominan. ¿Quién se hace cargo entonces de estos chicos? Algunos tienen la opción de regresar a sus países y otros se quedan en una especie de sin lugar. Estas “jóvenes promesas” que llegan, no vienen con el fin de recibir una educación que les abra un abanico de oportunidades, sino para hacerse jugadores de baloncesto.

Los equipos europeos aprovechan algunas de las instituciones satélite que ha creado la NBA como nos contaba el periodista Darío Ojeda en un artículo de El Confidencial donde señala que “la participación de la NBA más allá de Norteamérica tiene mucho sentido. Es una estrategia que beneficia a todas las partes, pero sobre todo a ella, pues le permite detectar pronto el talento. Uno de los proyectos que cuenta con su respaldo es SEED, una organización educativa y deportiva con sede en Thiès (Senegal) que tiene en el baloncesto uno de sus pilares”.

Estas situaciones chocan con la cantidad de personas que buscando llegar a Europa, y debido al blindaje de las fronteras militarizadas (Frontex), terminan buscando cada vez más rutas alternativas que lleva a un gran número de personas perder la vida en el camino. Recordemos que más de mil personas al año terminan en el fondo del Mediterráneo, y otras tantas enterradas bajo la arena de los desiertos. Y ahí está la trampa, en el marco de los deseos creados, del paraíso del norte, que empuja a que estos jóvenes fácilmente acepten las condiciones impuestas por las agencias deportivas, representantes, cazatalentos que en ocasiones exigen pagos previos y los clubes bajo las promesas del éxito. Y claro, siempre será mejor esto que tener que saltar una valla o lanzarse al mar en una patera.

Este se convierte así en un modelo más dentro del extractivismo en África de los cuerpos negros en función de las necesidades de occidente. Estas personas solo son bienvenidas cuando interesa por los beneficios que pueden suponer, pero cuando eso no es así el derecho a la libre circulación de las personas termina restringido y quienes intentan hacerlo son criminalizados. Por eso, comprobamos cada cierto tiempo lo rápido que supone en el mundo del deporte la regularización y nacionalización de un deportista, frente a las interminables filas, infinitos trámites burocráticos, maltrato verbal y psicológico por el que pasan muchas otras personas. De ahí que no resulte extraño preguntarse si son personas o mercancías.

Otra de las formas donde aparece el racismo dentro del baloncesto, y del deporte en general, es en las categorizaciones creadas de unos deportistas y otros en función de su color de piel. Heredando los relatos durante la esclavitud que reducían los cuerpos negros a meros animales como herramientas de trabajo como cuerpos prelógicos, se tiende a valorar el físico de la persona, sus condiciones atléticas, pero en muy pocas ocasiones se hace mención la inteligencia del jugador. El jugador inteligente es el blanco. Si bien, en los torneos internacionales se reconoce por obviedad a la selección estadounidense como la mejor del mundo, se le suele achacar a su físico, a su velocidad capacidad de salto, se habla del jugador como “bestia”. Lo mismo ocurre con otros países donde la mayoría de los jugadores son negros como podría ser la selección de Francia. Pero por otro lado a selecciones de corte europeo, claramente blancas, como Serbia o Lituania se les califican como jugadores inteligentes, listos y hábiles mentalmente en el juego.

Esta lógica, que se ha venido dando históricamente en la prensa deportiva, se evidenció de la forma más manifiesta con el tweet de uno de los periodistas referentes y más mediáticos de España. Manolo Lama señaló el pasado verano para la final del Mundial de Baloncesto celebrado en China: “Final del Mundial de BASKET. Se viene abajo otro mito del baloncesto. España-Argentina ni un solo jugador de color. Antes BASKET era igual a músculo …ahora ya no».

Como sostienen diferentes estudios académicos, tal y como recogen Contreras Jordán, Pastor Vicedo y González Víllora en su ya mencionado ensayo La influencia de los deportistas de élite en las actitudes y estereotipos racistas de los escolares, se ha encontrado “evidencias de la existencia de un estereotipo racial común sostenido por la mayoría de la sociedad americana, la cual consideraba a los atletas de color superiores físicamente pero menos inteligentes, mientras que los atletas de raza blanca fueron considerados superiores cognitivamente, más listos”.

De esta forma se reproduce la dicotomía de quienes hacen parte de los campos del saber y la creación de conocimiento y quienes no. La estrategia, la táctica y la creación de teoría sobre metodologías del juego están en manos de las personas blancas de la misma forma que la academia no apoya ni visibiliza los resultados de las personas afrodescendientes en la misma media, y si no es así, ponte a pensar cuantos académicos o académicas afros conoces.
Racismo en lo concreto

Por otro lado, los jugadores de baloncesto ya sea en las competiciones europeas como en la NBA no están exentos de sufrir racismo fuera del entorno del baloncesto en tanto que personas negras que viven en sociedades racistas.

El racismo, como elemento estructural que se ramifica en todos los aspectos de lo político, económico, cultural y social, tiene implicaciones en lo cotidiano. Y esto, que será mitigado o atenuado en función de la clase, del género, de la identidad sexual y su orientación, entre otras categorías, afectará a todas las personas negras.

Algunos ejemplos del racismo que han vivido jugadores de baloncesto de mayor o menor reconocimiento y en diferentes categorías son estos:

Marquie Smith, exjugador del Boet Mataró de la Liga EBA, el CB Castellar el CB Prat de la Liga Leb Oro y doble ganador de las dos primeras ediciones del concurso de mates ALLSTAR de Copa Catalunya. Denunció que durante una noche de San Juan en la playa de la Barceloneta tras recriminar a un miembro de seguridad que le había tirado un petardo en las piernas, recibió varios puñetazos por parte de distintos vigilantes. Estos golpearon y le quitaron el teléfono a otros chicos negros que estaban grabando lo sucedido. Cuando intentaron denunciar lo ocurrido fueron cuestionados por la policía en comisaria pese a las evidentes muestras en el rostro de la paliza. Todo esto se puede encontrar en el portal online Es Racismo con quienes se puso en contacto para hacerlo público.
Larry Abia, jugador del Leyma Coruña de la LEB Oro, y ganador de una Eurocup con el Valencia Basket la temporada 2013-2014, denunció en su cuenta de Twitter el racismo que sufrió al intentar alquilar un piso: «Ir a ver un piso y que te digan: ‘No alquilamos a gente de color'» señalando que no era la primera vez que le pasaba.
El exjugador del Real Madrid de baloncesto, Marcus Slaughter, fue retenido en el aeropuerto de Barajas por la Guardia Civil cuando se iba de vacaciones. Slaughter denunció el trato por parte de los agentes con insultos como “puto negro”.
El jugador griego Thanasis Antetokounmpo, durante un partido como miembro del equipo Panathinaikos en el 2018, fue tildado de simio por un periodista de la prensa del propio país. Su hermano, el actual MVP de la NBA, Giannis Antetokounmpo reconoció en su momento: “No he podido dormir en los últimos días en vista del reciente incidente racista. Si esto le puede pasar a Thanasis, que representa con orgullo al equipo nacional griego y al club Panathinaikos, no me puedo imaginar lo que soportan otras personas de color en Grecia”.
En Italia durante un torneo de baloncesto Sub 13 organizado por la escuela de baloncesto Schuster en Milán, un niño italiano de origen etíope fue interpelado desde la grada al grito de “negro de mierda” tal y como denunció la madre y reconoció el club.
En el 2015 el jugador profesional suizo de la liga estadounidense NBA Thabo Sefolosha, sufrió abusos policiales tras unos altercados, en los que él no estaba involucrado, en un Club de Nueva York provocándole una rotura de peroné que le dejó sin poder competir una temporada entera. Sefolosha terminó siendo absuelto de los cargos que se le imputaban.
El jugador de los Milwaukee Bucks de la NBA Sterling Brown denunció abuso policial tras estar mal aparcado al ir a comprar a una farmacia. Terminó en el suelo esposado por la policía tras recibir una descarga con una pistola eléctrica. La ciudad de Milwaukee le ofreció 400 mil dólares para resolver su demanda acusando a la policía.
Durante un partido de NBA entre Oklahoma City Thunder y los Utah Jazz, dos aficionados desde las primeras sillas lanzaron comentarios racistas contra el que era jugador de Oklahoma Russell Westbrook, a los que este respondió claramente violentado. Si bien los dos aficionados fueron sancionados sin poder volver a entrar al estadio, el jugador fue multado por responder los insultos racistas con 25 mil dólares.
Lebron James, uno de los mejores jugadores de la liga, y de siempre, sufrió pintadas racistas en la puerta de su casa. Tras denunciarlo señaló públicamente que “No importa cuánto dinero tengas, no importa lo famoso que seas, no importa cuánta gente te admira, ser negro en Estados Unidos es duro. Y todavía tenemos un largo camino, como sociedad, para sentirnos iguales”.
Por su conexión con el mundo del baloncesto, y porque permite reflejar cómo el racismo supera las lógicas de clase y género una vez más, se puede incluir el caso de la actriz Gabrielle Union y mujer del jugador ya retirado Dwyane Wade. Siendo jurada del popular programa de televisión America’s Got Talent fue despedida tras denunciar diferentes actitudes racistas durante su trabajo.
Donald Sterling, el que fuera propietario de los Ángeles Clippers de la NBA, en conversaciones con su novia llegó a decir que “Me molesta mucho que difundas que te estás relacionando con gente negra. ¿Tienes que hacerlo? Puedes dormir con ellos. Puedes traerlos aquí. Puedes hacer lo que quieras. Lo poco que te pido es que no lo promociones, que no los lleves a mis partidos, que no los traigas al pabellón” (…) “No pongas a Magic ahí, en Instagram, para que el mundo lo tenga que ver y luego tengan que llamarme. Y no le traigas a mis partidos ¿Por qué te haces fotos con minorías?”. En esta ocasión tras las quejas de los jugadores y las amenazas de no jugar en el pabellón de Sterling, la NBA decidió apartarle de la competición.

Por último, conviene destacar el caso de Giannis Antetokounmpo, el actual MVP (Most Valuable Player) de la NBA, un jugador griego de origen nigeriano. Su vida es un ejemplo más del racismo estructural en Europa. Nació en Atenas, pero hasta los 18 años no pudo solicitar la nacionalidad griega porque sus padres eran inmigrantes nigerianos. Durante un tiempo vivió de la manta -como mantero en la venta informal- bajo el riesgo de ser detenido por la policía y deportado. “Hace seis años tenía miedo de salir de casa por si me deportaban” reconoció en una entrevista que le hizo Robert Álvarez para el El País el uno de julio del 2019. Podía ser deportado a un país que nunca había pisado. Había nacido en un país que le consideraba un ilegal por el estatus de sus padres.

Este es el resultado de Ius sanguinis por el cual el derecho a la nacionalidad solo se transmite “por sangre” y no así por haber nacido en el territorio del estado ya sea por parte de padres y madres que hayan adquirido la nacionalidad previamente, o simplemente que no la tengan. De esta forma aquellas hijas o hijos nacidas heredan el estatus legal de los padres y/o madres por lo que aquellas que hayan nacido de personas con estatus de “ilegalidad” pasaran a ser “ilegales” para el Estado con la amenaza constante de encarcelamiento y deportación.

En la entrevista señalaba: “Cuando éramos niños, nuestros amigos obtenían sus identificaciones y pasaportes. No entendíamos qué estaba pasando. Preguntamos a nuestros padres ‘¿Por qué no tenemos identidad ni pasaporte? ¿Por qué no podemos viajar con nuestros amigos?’ No pudieron explicárnoslo. Nunca tuvieron la ocasión ni de votar, ni de expresar su opinión. Es increíble. Gracias a Dios, nosotros encontramos a la gente que nos dio la oportunidad de vivir mejor, como una familia. Y poco a poco, al menos en Grecia, se va dando la oportunidad a ese tipo de personas. Es un problema muy complicado y no va a ser fácil resolverlo. Espero que esos inmigrantes que hay en toda Europa tengan esa oportunidad de vivir mejor.”

Giannis sabe lo que es correr para que no te coja la policía por su origen, sabe lo que implican las leyes racistas europeas que criminalizan a las personas que buscan sobrevivir bajo un sistema que les niega la propia existencia. Sus padres, como tantas otras personas en Europa, no pudieron ejercer los derechos políticos del resto. Conoce en carne propia la realidad del racismo. Todo ello mientras jugaba al baloncesto.
Las voces que se levantan

Cada vez más jugadores se están posicionando públicamente contra el racismo en la sociedad. En ese sentido ha habido numerosas declaraciones públicas y gestos denunciando tanto situaciones que surgen dentro de los estadios como el racismo que viven el resto de la población en las calles. Algunos ejemplos de ello serían:

En el 2012 los jugadores de Miami Heat posaron con una capucha puesta en denuncia del asesinato del joven negro de 17 años Trayvon Martin a manos de un agente de seguridad privada que le vio como peligroso, cuando estaba desarmado, por llevar la capucha puesta.
Distintos jugadores salieron al campo con camisetas donde se leía “I can´t breath” en referencia Eric Garner, el joven negro que fue asesinado por la policía aplastado por numerosos agentes mientras gritaba “I can´t breath” (no puedo respirar).
Cuatro de los mejores jugadores de la liga (Carmelo Anthony, Lebron James, Chris Paul y Dwyane Wade) aprovecharon la apertura de la gala de los premios ESPY para dar un discurso contra la violencia armada y el racismo que sufren las poblaciones negras del país a manos de la policía. En palabras de Dwyane Wade, “esta situación tiene que acabar. La mentalidad de disparar a matar tiene que acabar. No se puede seguir sin valorar la vida de las personas negras. Y las represalias tienen que parar también (…) ¡Basta es basta!”.
Como el caso de Colin Kaepernick en la NFL inclinando la rodilla cada vez que sonaba el himno como protesta por los asesinatos de personas afrodescendientes por parte de la policía, lo que le llevó a sufrir el rechazo de la liga de fútbol americano, de parte de la sociedad estadounidense y del propio presidente de los Estados Unidos. Otros jugadores han tenido gestos simbólicos, como cuando Lebron James se cruzaba de brazos, y han apoyado públicamente al jugador, su libertad de expresión y sus motivos.
En el 2018 un partido en la ciudad de Sacramente entre Sacramento Kings y Atlanta Hawks se disputó como poco más de 2 mil personas debido a la manifestación por el asesinato de un joven negro que llevaba un teléfono encima y fue confundido por una pistola por la policía. Tras el partido el equipo de Sacramento hizo un comunicado apoyando las manifestaciones.

Pero las denuncias contra el racismo no han venido solo por parte de jugadores negros de la liga. En el 2019, el ya veterano jugador Kyle Korver, publicó una carta para el medio The Players Tribune titulada ‘Privileged’ (Privilegiado) señalando el racismo como un problema estructural y reconociendo sus privilegios como persona blanca.

“Lo que me estoy dando cuenta es que, sin importar cuán apasionadamente me comprometo a ser un aliado, y sin importar cuán inquebrantable sea mi apoyo para los jugadores de color de la NBA y la WNBA… Todavía estoy en esta conversación desde la perspectiva privilegiada de optar entre formar parte o no. Todos los días me dan esa opción, se me otorga ese privilegio, basado en el color de mi piel. En otras palabras, puedo decir todo lo correcto en el mundo. Pero también puedo desvanecerme entre la multitud, y mi cara puede mezclarse con las caras de esos entrometidos, cuando quiera”.

Otro personaje importante de la liga, el legendario entrenador de los San Antonio Spurs, Greg Popovich, una de las voces públicas más críticas contra el gobierno de Donald Trump también ha compartido públicamente en diferentes ocasiones palabras para reconocer el racismo que existe dentro del país, condenarlo y señalar los privilegios de unos por encima de otros: “Si tú has nacido blanco tienes una monstruosa ventaja de manera automática en materia de educación, economía y cultura en esta sociedad. Es un tema difícil porque nadie quiere afrontarlo, pero es un tópico nacional”.
En definitiva

Esto es una muestra más del racismo que impera en nuestras sociedades y de cómo a la persona afrodescendiente se la sigue deshumanizando en cantidad de situaciones. Las estructuras de hoy en día dominadas por el capitalismo y el racismo en vez de solucionar los problemas de base, lo que hacen es utilizarlo para su beneficio económico. Siempre se busca la rentabilidad económica. El joven negro de los suburbios de Estados Unidos, o, el chico empobrecido de alguna región de Camerún es un posible saco de dinero para muchas empresas como son las universidades privadas, los clubes europeos o las franquicias de la NBA.

Hemos podido ver cómo uno de los deportes que más asociado está a las poblaciones negras, lejos de ser un santuario para estas, sigue siendo un espejo más de las sociedades en donde se enmarca. El deporte, con todos sus aspectos positivos, debe ser protegido como cualquier otra esfera de la vida de todo tipo de actitudes discriminatorias, pero, sobre todo, reformulado para que sus estructuras no reproduzcan las desigualdades sociales. Disfrutar del deporte, la libertad de practicarlo, e incluso de poder vivir de él, no debe suponer ni un privilegio para unos ni la única salida para otros. Por eso es importante denunciarlo para poder cambiarlo. El problema no es el deporte, es quienes lo manejan.

Baloncesto y racismo, una historia indisociable (II)

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