Tú café de la mañana contiene 140 litros de agua

Omar Marroquín Pacheco

Muchos de los productos que consumimos y a veces hasta desperdiciamos, se requieren abundantes cantidades de agua, tanto para su cultivo como para su fabricación. Tanto el cambio climático como el acelerado crecimiento de la población, harán del vital liquido un recurso escaso en el futuro cercano.

El agua es un valioso recurso que está presente en la mayoría de los alimentos que consumimos. La carne, por ejemplo, hace un uso intensivo del agua. Por ejemplo, un kilo de carne de res requiere 15,415 litros de agua, que se utilizan mayoritariamente para el cultivo de los alimentos que consumen los animales.

La agricultura no es el único sector intensivo en agua. La industrial textil consume en un año el equivalente a 32 millones de piscinas olímpicas. Una camiseta simple puede llevar 2720 litros de agua y un par de jeans requieren 10,000 litros para su fabricación.

Pero esto no es todo, las centrales eléctricas de carbón en todo el mundo consumen el equivalente a las necesidades de agua de 1,000 millones de personas.

PERSPECTIVAS DEL AGUA EN EL FUTURO:

Según la Organización de las Naciones Unidas, 2,100 millones de personas no tienen acceso al abastecimiento de agua potable, 844 millones no tienen acceso a un servicio básico de agua potable. Anualmente fallecen 36,000 niños menores de cinco años por enfermedades de origen hídrico tales como la fiebre tifoidea, hepatitis A, disentería o cólera.
La demanda del agua seguirá incrementándose por el crecimiento demográfico y la expansión de las ciudades. El asunto es que el suministro se tornará cada día más difícil por la elevada contaminación de los acuíferos con aguas que no se someten a tratamiento alguno.
Se prevé que el cambio climático aumente la escasez del vital líquido, además de generar mayor presión en el abastecimiento. Se espera que cause un impacto en el producto interior bruto de muchos países, impulse la migración e incluso cause enormes conflictos armados.
La seguridad hídrica se ha convertido en un riesgo mundial que puede afectar seriamente el logro de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Si se mantiene el ritmo de crecimiento demográfico, el mundo enfrentará un déficit del 40% entre la demanda proyectada y el suministro del mismo para el año 2030.

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