Democratizar la educación (III)

Por Jairo Alarcón

Todo diálogo se inicia cuando a partir de una idea expresa se le opone otra, y como resultado de tal contradicción surge una nueva que a su vez deriva otras. Pero las contradicciones de ideas no derivan necesariamente nuevas ideas si no se presentan las reglas del juego y se aceptan dentro de la discusión. Discutir sobre un tema requiere por parte de los que participan del interés por aclarar de lo que se habla. La ignorancia es suplida, en este caso, con la capacidad de asombro y la voluntad de aprender.

Pero a los sistemas donde predomina la explotación, donde se justifican las asimetrías sociales, no les interesa que se fomente el pensamiento crítico y reflexivo; por el contrario, fomentan la actitud pasiva en los estudiantes y articulan la enseñanza al saber hacer utilitario que consiste en aprender técnicas para la sobrevivencia, que a su vez le siguen dando vida al sistema, en un mundo competitivo en el que reina la economía de mercado.

No obstante, no hay que olvidar que el término democracia está estrechamente relacionado con el de justicia. Y esta significa otorgarle a cada quien lo que corresponde y que cada cual esté en el lugar que le pertenece. En consecuencia, la pregunta que surge es: ¿qué le concierne a cada sujeto, dentro de dicho proceso educativo? En este caso, cabe otra pregunta: ¿la democracia, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, deberá ser un diálogo entre iguales?, ¿cuál deberá ser entonces la actitud y el papel tanto del docente como del estudiante?

A diferencia de la mayéutica de Platón, que constituye el arte de parir ideas preconcebidas en la conciencia de las personas, la educación liberadora no debe partir de la reminiscencia platónica en la que a través de preguntas y respuestas el discípulo o alumno recuerde lo que ya posee en su intelecto, sino debe surgir de las inquietudes humanas. Parte del conocimiento humano surge de la experiencia y de saberes previos, sean estos directos o por referencia.

¿Qué se pretende con el proceso de aprendizaje? ¿Se busca acaso el descubrimiento de la realidad, a través del conocimiento, para accionar con mayor seguridad en esta o quizás elucubraciones de orden pragmático que validen el comportamiento subjetivo de las personas en el mundo?

La realidad no puede ser múltiple en sí misma, de lo contrario imposibilitaría su conocimiento y su socialización. La realidad simplemente es, y hay que develar sus secretos. Si se quiere liberar de la ignorancia y con ello conformar una sociedad más justa, la vía es, sin lugar a dudas, una educación que permita el conocimiento de la realidad y no la que lo encubra.

El diálogo, la democratización de la educación, la educación libertaria se logra a través del conocimiento, y este no es algo que se construya arbitrariamente; por el contrario, requiere de una actitud crítica y racional que se cimente con saberes históricos y experiencias directas.

Fuente DCA

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