La tendencia golpista de Bukele en El Salvador

César Zelada
Rebelión

El ascenso de Nayib Bukele al poder en la tierra de Roque Dalton expresó un punto de quiebre en la política salvadoreña al romper con el bipartidismo tradicional de derecha e izquierda que gobernó durante 30 años. Y no es para menos. Si bien es verdad, la derecha de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) era odiada y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), realizó algunas políticas “progresistas”, pues, no pudo superar la crisis de inseguridad ciudadana ni mejorar cualitativamente el nivel de vida de lxs trabajadorxs.

Y en efecto, según cifras oficiales de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), 2.200 mil pobladores se encuentran en la pobreza (El Economista, 02/07/19). Es así como se comprende que Bukele (impulsor del partido de la Gran Alianza de Unidad Nacional), haya roto con el bipartidismo de más de 30 años, ganado las elecciones presidenciales del 2019 con el 53.10 % (1 434 856 votos), mientras que Carlos Calleja, candidato de ARENA, y Hugo Martínez, candidato del entonces oficialista FMLN, obtuvieron, 31.72% (857 084 votos), y 14.41% (389 289 votos). “…Este día El Salvador ha pasado la página de la posguerra y ahora podemos empezar a ver hacia el futuro…”, declaró entonces el nuevo mandatario (“La postguerra quedó atrás”, elsalvador.com, 03/02/19).

Bukele nació el 24/07/81 y es hijo del imán palestino e ingeniero químico Armando Bukele Kattán, quien además impulso las primeras mezquitas en Latinoamérica. Además, Nayib Bukele, estudio derecho en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, que luego dejó para seguir su carrera como empresario (fue propietario de la distribuidora de motocicletas Yamaha y de la empresa publicista Obermet), para luego militar en las filas del FMLN. Es así como luego, en una alianza con el Cambio Democrático (CD), ganó las elecciones del municipio Nuevo Cuscatlán (2012-2015), y el municipio provincial de San Salvador (2015), con una alianza entre el FMLN y el Partido Salvadoreño Progresista.

Como alcalde de San Salvador se posicionó con una publicidad agresiva de Una obra por día, Revitalización del corazón del Centro Histórico, la construcción de la Biblioteca Municipal, la creación de las Secretarías de la Mujer y de Cultura. Pero fue en octubre del 2017, que Bukele, fue expulsado del FMLN, aduciendo éste “cuestiones éticas contra la síndica municipal Xochitl Marchelli (El Diario de Hoy). Bukele declaró que fue “porque cuestionó el mal gobierno del partido”. Desde entonces fundó su propio partido Nuevas Ideas (NI) y discurseó contra el bipartidismo tildándolos de corruptos posicionando su “propia marca” a través de redes sociales. Esta cuestión y las contrareformas laborales, le valió el ataque de otrxs dirigentes del FMLN como Norma Guevara, señalando que “Bukele inaugura practicas del fascismo” (Co Latino, 10/07/19).

Una vez en el poder tildó de dictadores tanto a Daniel Ortega como a Nicolás Maduro y Orlando Hernández (Honduras) y se alineó con la Elite financiera internacional (Plan Cucatlàn que comprende la c reación de un Tren del Pacífico, apertura del agro, aeropuerto en el Oriente, etc. A través de APPs), y Donald Trump y sus políticas de ajustes contra los trabajadores (lo que produjo sendas protestas sociales del sindicalismo de la seguridad social, entre otros), y antimigratorias ( entre 2015 y 2017, 50 mil salvadoreños emigraron, la mayor parte al país del norte).

En este escenario complejo y contradictorio, se desarrolla la actual crisis política, donde el publicista presidente, desea erigirse como un nuevo Bonaparte enfilando la “artillería pesada política” contra el Congreso de la República, acusándolo de no querer aprobar un presupuesto de $109 millones (préstamo del Banco Centroamericano), para luchar contra la delincuencia y los asesinatos (30 casos por cada 100.000 habitantes) en el marco de la tercera fase del Plan Control Territorial (cuyo objetivo es modernizar el equipamiento de la Policía Nacional y las FF.AA.).

Para Roberto Rubio, director de la Fundación Nacional para el Desarrollo, «aunque tengan razón, porque pueden tener razón en lo que dicen, no tienen credibilidad ni peso, y ese es el problema de la lucha contra la corrupción» (BBC, 10/02/20). La respuesta de la Corte Suprema de Justicia a Bukele fue la de ordenarle dejar sin efecto la convocatoria a sesión de la Asamblea Legislativa del fin de semana pasado e instruyó a Bukele abstenerse del uso de las fuerzas armadas para fines fuera de sus funciones constitucionales. Por su lado, el Congreso, amenazó con interpelar y pedir la dimisión de los ministros que administrarían los recursos del préstamo. Y el FMLN, en particular, presentó una denuncia contra Bukele por “sedición y rebelión”.

Bukele ha dado plazo al Congreso hasta este fin de semana para aprobar el préstamo. «Todos los poderes fácticos del país lo saben. Si quisiéramos apretar el botón, sólo apretamos el botón. Pero, pero, pero yo le pregunté a Dios y Dios me dijo: ´paciencia, paciencia, paciencia…´» (La Prensa Gráfica, 9/2). Las movilizaciones han sido a favor del Bukele. Pero se espera que en los próximos días se movilice la oposición. De no ceder el Parlamento, es probable que Bukele se atreva a cerrar el mismo ya que tiene el apoyo de la mayoría popular, aunque esa tendencia está en función del apoyo de EE.UU. y las FF.AA. (que hasta ahora lo están apoyando). De ceder los congresistas, fortalecerían a Bukele. De ir a una mayor confrontación, estaría en veremos la capacidad orgánica y militante del FMLN.

César Zelada. Director de la revista La Abeja (teoría, análisis y debate).

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