Democratizar la educación (II)

Por Jairo Alarcón

Democratizar la educación significa reducir al máximo cualquier intento autoritario que limite el proceso de enseñanza a un adoctrinamiento discursivo y tendencioso. Pero, ¿qué significado tiene hablar de democratizar la educación? Será que democratizar significa que cada sujeto, dentro del proceso educativo, tiene derecho de hablar y contradecir lo puesto a discusión y en tal sentido, lo que se diga, sea lo que fuere, ostenta un valor significativo e importante, que se resume a que todos tienen derecho a opinar.

¿O quizás cada quien puede y tiene derecho de hablar pero, con la justeza que le da la propiedad de lo que se está discutiendo para indagar respuestas sobre dudas que surjan a partir de la capacidad de asombro? Habermas, en su teoría de los consensos, pone en duda la opinión de aquellos que poco o nada tienen que aportar al respecto, dada su ausencia de criterio y escasez de conocimiento.

El diálogo puede retardar los procesos de conocimiento, de aprensión y de entendimiento en la educación, cuando los que lo entablan no lo hacen con sensatez. Tener criterio es al menos saber de qué se habla. Pero, ¿cómo pueden ponerse de acuerdo sobre un tema ético o de la teoría de los valores, por ejemplo, los que siguen la moral autoritaria y ponen a Dios como el sumo e indubitable rector, con aquellos que siguen la moral autónoma, para quienes la razón y la libertad son las indiscutibles vías de discusión? En este caso el diálogo se convierte en una discusión de sordos ya que fe y razón son irreconciliables.

¿Todos tienen derecho a hablar lo que quieran o solo aquellos que lo hagan con criterio y propiedad? He ahí la importancia del docente como moderador de los debates y guía en los diálogos que surjan dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. En el caso de Habermas se excluye aquellos que no hayan producido conocimiento alguno, aquellos que pueden argumentar. No obstante, desde la precariedad de los países en vías de desarrollo, se tiene el derecho de hablar y decir lo que se piensa sobre determinados aspectos de la realidad, ello se convierte en insumo para el logro de saberes más completos, a partir de un auténtico diálogo.

Pero, un diálogo que pretenda significativos logros, el hablar apropiadamente requiere no solo de un somero conocimiento sobre el tema sino también de la precisión en el uso de la palabra. Al momento de dialogar, hay que presentar las reglas del juego que provean no solo de un mediano entendimiento sino también eviten la dispersión de las ideas.

No se puede hablar por el simple hecho de hacerlo, por el contrario, se debe tener el criterio de cuándo y cómo entablar una discusión y eso debe ser aprendido y practicado, lo cual no significa inhibir cualquier inquietud de duda; el despertar y fomentar la capacidad de asombro es fundamental en la búsqueda del conocimiento y del proceso educativo.

DCA.

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