Sinvergüenza

Por Mario Rodríguez Acosta
Un simple gesto y una propuesta bastó para poner en evidencia la vieja política.

Vicenta Jerónimo, la única diputada del MLP se sentó al lado de viejos zorros y presentó lo que días antes había advertido al presidente del Congreso, su propuesta para terminar con los privilegios que gozan los diputados, la cual contenía dos cosas que han hecho falta en la política guatemalteca: dignidad y coherencia.

Vicenta Jerónimo demostró que la política no está corrupta, que son las personas las corruptas y los que se corrompen en los cargos públicos y privados por el poder y los privilegios, los cuales tienen nombre y apellido.

Cuando el ex presidente del Congreso tomó la palabra destiló rabia y arrogancia quedando en evidencia como lo que es, el más sinvergüenza entre los sinvergüenzas del Congreso.

Él, tan acostumbrado en la anterior legislatura a hacer y deshacer desde la posición de poder que le había heredado su padre y bajo el cobijo atento del pacto de corruptos, no pudo contenerse y se opuso de la peor manera posible, reflejando el tipo de persona que es, un político despreciable que se sirve de la política bajo el pedigrí de su familia, que ha vivido del Estado durante años, manteniendo esos privilegios que no quiere perder.

Pero mantener esa postura es vital para el resto de los diputados corruptos, pues poner en riesgo la cooptación del viejo sistema, no está en sus planes. Ellos están tan acostumbrados y habituados a recibir mucho dinero en esos famosos maletines, donde les llevan el efectivo a cambio de votos, que no se puede dejar pasar una propuesta de tal naturaleza. Por eso la reacción de Arzú es perfectamente natural a su sentido de pertenencia y a su origen, a la naturaleza propia del padre y de su partido y a lo que esa rancia familia representa en el imaginario colectivo.

Pero todo salió mal. Prevaleció el desprecio de la gente, la reacción de la sociedad fue contundente a tal despropósito. Pero a pesar de esos hechos, muchos diputados siguen justiciando esas prebendas y pocos sectores de la sociedad aún los respaldan. Eso es lo peor.

Sinvergüenza

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