El nuevo virus de China: cinco preguntas que se hacen los científicos

Ewen Callaway David Cyranoski

Los investigadores tratan de averiguar más sobre las características epidemiológicas y genéticas del coronavirus que se propaga en el país asiático y amenaza con extenderse a otros países.

Las organizaciones sanitarias de todo el mundo están preocupadas por el brote de un misterioso virus que comenzó el mes pasado en Wuhan, China. Las autoridades del país han confirmado más de 500 casos de la infección, que causa una enfermedad respiratoria, y 17 muertes1. Se han observado varios casos en otras partes de Asia y uno en Estados Unidos.

Los investigadores tratan de aprender más sobre el virus y de averiguar si podría causar una epidemia similar a la del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) de 2002-2003, que comenzó en el sur de China y acabó con la vida de 774 personas en 37 países. Ambos son miembros de un gran grupo de virus, los llamados coronavirus, al que también pertenecen los patógenos responsables del resfriado común.

del brote son especialmente importantes, ya que el gran número de viajes que tendrán lugar a partir del 24 de enero con motivo del año nuevo chino podrían propagar el virus más lejos y a mayor velocidad.

¿Cómo se propaga el virus?

La cuestión más urgente es determinar cómo se propaga el virus. Las autoridades chinas han confirmado que algunos casos se deben a la transmisión entre seres humanos, pero aún no está claro si esta puede darse de manera habitual.

«Lo esencial es descubrir si ocurre con la frecuencia y eficacia suficientes como para dar lugar a una epidemia», explica Neil Ferguson, epidemiólogo matemático del Colegio Imperial de Londres. Estudiando el ritmo de aparición de nuevos casos y cuándo comenzaron los síntomas en cada uno de ellos, los científicos deberían poder evaluar la facilidad con la que el virus se transmite entre personas y si el brote tiene el potencial de mantenerse en el tiempo.

¿Cuán mortal es?

Los altos índices de neumonía entre las primeras personas infectadas llevaron a muchos investigadores a pensar que el virus de Wuhan podía ser especialmente pernicioso. Dicha preocupación ha disminuido un tanto a medida que han ido apareciendo más casos leves. Con al menos 17 muertes en más de 500 casos, el virus no parece tan mortal como el SRAS, que acabó con la vida de aproximadamente el 11 por ciento de las personas infectadas. Pero «es demasiado pronto para ser optimista sobre la gravedad», puntualiza Ferguson.

¿De dónde vino?

Las autoridades trabajan con la hipótesis de que el virus se originó en uno o varios animales no identificados y luego se propagó a los seres humanos en un gran mercado de marisco y animales de Wuhan. Identificar la fuente animal del virus podría ayudar a controlar el brote actual, a valorar la amenaza que supone y a prevenir futuras epidemias, según los investigadores.

La secuenciación genética sugiere que el virus de Wuhan está relacionado con los coronavirus que portan los murciélagos, como el SRAS y sus parientes cercanos. Pero hay otros mamíferos que pueden transmitir estos virus: por ejemplo, lo más probable es que el SRAS pasara al ser humano a través de las civetas (pequeños mamíferos parecidos a los gatos y que se venden en los mercados chinos).

El mercado donde parece haber surgido el brote —y que ahora está cerrado— vende marisco vivo y también animales salvajes. Establecer la conexión de otros casos con el mercado (junto a los análisis que buscan el material genético del virus en sus animales, contenedores y jaulas) podría ayudar a identificar la fuente, asegura Ben Cowling, epidemiólogo de la Universidad de Hong Kong.

¿Qué podemos aprender a partir de su genoma?

La secuenciación genética del coronavirus de Wuhan ofrece pistas sobre su origen y propagación. Los laboratorios de China y Tailandia han secuenciado los genomas de al menos 19 cepas halladas en personas infectadas y los han hecho públicos. Eso es «bastante impresionante, dado que empezaron a trabajar en ello hace dos semanas», valora Trevor Bedford, genetista evolutivo del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, que analiza las secuencias a medida que van apareciendo. «Los investigadores son tremendamente rápidos y están haciendo una labor excelente al compartir los datos», agradece Bedford.

Bedford señala que lo más llamativo de los genomas es lo similares que son entre sí. «Hay muy poca diversidad. Esperaba ver más diferencias, y creo que no era el único.» La falta de diversidad genética apunta a que el antepasado común de las distintas cepas humanas surgió en noviembre o diciembre y se ha propagado rápidamente, sin sufrir demasiadas mutaciones. Las que ha adquirido tienden a ser distintas para cada secuencia del virus. Sin embargo, continúa Bedford, los genomas aún no indican si la rápida expansión del virus ocurrió en los seres humanos o en un reservorio animal. El genetista evolutivo Andrew Rambaut, de la Universidad de Edimburgo, publicó recientemente un análisis que arrojaba conclusiones similares.

Según Bedford, examinar más secuencias genéticas del virus quizá permita averiguar si la mayoría de los casos se deben al contagio repetido desde animales a personas (con escasa transmisión entre los seres humanos) o si, por el contrario, el virus se propagó primero a un pequeño número de personas y los nuevos casos responden a una transmisión secundaria entre humanos. «Creo que ahora mismo ese es el gran objetivo epidemiológico que perseguimos todos», asegura. La información genética del animal o animales que contagiaron el virus al ser humano también ayudaría a determinar el alcance de la transmisión entre personas, añade Bedford.

Los genomas, prosigue, también podrían servir para identificar cualquier cambio genético que pudiera haber ayudado al virus a dar el salto desde los animales al ser humano. Y si el brote se prolonga debido a una elevada transmisión entre personas, Bedford y otros genetistas buscarán indicios de otras mutaciones que pudieran permitir que el virus se propague de forma más eficaz en nuestra especie.

Bedford advierte que estas conclusiones son preliminares, porque aún disponemos de muy pocos datos. «Añadir algunas muestras clave podría cambiar el panorama considerablemente», concluye.

¿Se puede desarrollar un fármaco para tratarlo?

Ningún medicamento se ha mostrado eficaz a la hora de tratar el SRAS u otras infecciones en el ser humano causadas por coronavirus, y tampoco disponemos de ninguna vacuna que las prevenga.

Un equipo del Instituto de Farmacología y Toxicología de Pekín está trabajando en la búsqueda de terapias que actúen bloqueando el receptor de las células humanas al que se une el virus. Una reciente comparación entre los genomas del virus del SRAS y del nuevo virus de China encontró que ambos patógenos se unen al mismo receptor. El equipo espera reactivar los esfuerzos por desarrollar tratamientos para el SRAS y tratar de adaptarlos para producir un medicamento que actúe contra el virus más reciente.

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Nota de la redacción de SP:

1 Estos datos ya están desfasados. En esta web se ofrecen datos pormenorizados del virus en todos los lugares del mundo. En el momento de escribir esta nota (2 de febrero) hay confirmados 14.568 casos en todo el mundo de los cuales 14.391 están localizados en China. El total de muertes hasta el momento ya es de más de 300. [Nota de la Redacción de SP]

Ewen Callaway Periodista científico de la revista ‘Nature’.
David Cyranoski corresponsal de ‘Nature’ en la región Asia-Pacífico.
Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/noticias/el-nuevo-virus-de-china-cinco-preguntas-que-se-hacen-los-cientficos-18274

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