¿Hacia dónde nos dirigimos?

Por: Miguel Angel Sandoval

Después de las fiestas de fin y de inicio de año, del cambio de gobierno y otras menudencias hace falta pensar en el país de manera seria. Como punto primero, continuar y profundizar la lucha en contra de la corrupción que tiene en una lista de casos trabados en los tribunales, el peor mensaje a la ciudadanía. A ello hay que agregar las decenas de prófugos por actos de corrupción cometidos. Viven de las fortunas acumuladas en la corrupción y se ríen de la sociedad y sus autoridades. Es la primera gran tarea de la sociedad guatemalteca y del nuevo gobierno. En verdad no hay alternativa, si queremos vivir en un país en donde haya un real Estado de derecho.

El otro gran tema que hay que resolver y atender es el de los migrantes. La sociedad guatemalteca y en primer lugar el gobierno, no pueden ver de brazos cruzados el drama humano que pasan los centroamericanos y los guatemaltecos en su peregrinaje hacia el país del norte. Ya sabemos hasta el cansancio que los migrantes lo hacen porque no tienen futuro en su propio país, que no se les oferta empleo, que la inseguridad los castiga de forma directa, etcétera. En otros términos, la discusión no es si somos un Tercer País Seguro para recibir a los migrantes. Se trata de que se haga un esfuerzo nacional, una verdadera cruzada para que nadie más se aventure a recibir los vejámenes policiales en la frontera con México o con EE. UU., o muera perdido en el desierto.

Se deben crear empleos de calidad, se puede impulsar proyectos, aun con la perspectiva de Keynes, que en el siglo pasado fue determinante para sacar a los propios

EE. UU. de la crisis. Ello supone que el Estado se haga cargo de la creación de empleos y con ello marque el paso y el rumbo. Lo contrario es la actitud de la oligarquía guatemalteca agrupada en el CACIF que lo único que se les ocurre es exprimir mucho más la mano de obra guatemalteca, con salarios diferenciados, trabajo a tiempo parcial, y otras barbaridades de ese calibre. Todo con la lógica de bajos salarios y pocos impuestos.

No estamos en condiciones de oponernos a un planteamiento de ese tipo. No es momento de teorías sobre la competitividad o las prédicas neoliberales de ajustarse el cinturón. Es tiempo de tomar decisiones, si se quiere dramáticas para impedir la sangría nacional vía los migrantes. Los EE. UU. mientras siga en el poder el vulgar Trump, no va aportar nada para una solución pacífica, democrática, justa, al tema de los migrantes, en cuyo origen se encuentran ellos, al haber apoyado gobiernos buenos para servirles en su lógica anticomunista o neoliberal, pero no para el beneficio de sus respectivas sociedades.

Hace falta eliminar todos los privilegios y exenciones que goza al sector poderoso del país. Y junto con ello, modificar la ley de minas o de otras inversiones extranjeras que solo dejan el miserable uno por ciento mientras ellos se llevan el 99 por ciento, depredando en ese proceso nuestros recursos naturales no renovables. Es momento de un poco de dignidad nacional y 10 centavos de soberanía nacional.

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