El capitalismo de las partes interesadas en Davos

Michael Roberts

El capitalismo de las partes interesadas: esa es la manera de ‘moldear’ el capitalismo en algo que incluya a todo el mundo. Ese fue el mensaje de Klaus Schwab, el cofundador del Foro Económico Mundial (FEM), que ahora cumple 50 años con su festejo anual en Davos, Suiza.

Schwab fue profesor de políticas de negocios en la Universidad de Ginebra desde 1972 hasta 2002. Desde 1979, ha publicado el Global Competitiveness Report, un informe anual que evalúa el potencial para aumentar la productividad y el crecimiento económico de los países de todo el mundo, escrito por un equipo de economistas. Durante los primeros años de su carrera, formó parte de muchos consejos de administración de empresas, como Swatch Group, Daily Mail Group y Vontobel Holdings. Fue miembro del comité de dirección del conocido grupo Bilderberg. Este grupo realiza una conferencia anual desde 1954 para reforzar el consenso entre las elites para apoyar el «capitalismo occidental de libre mercado» y sus intereses en todo el mundo. Estas reuniones son privadas y a ellas asisten los poderosos del mundo.

Schwab dirige ahora el FEM como un lugar de encuentro y de reflexión para la élite global empresarial, del sector público y de la academia, con miras a desarrollar ideas para hacer que el capitalismo funcione. La nueva presidenta de la Comisión de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, se desplazó este año a Davos para decir en la reunión que «Davos es el lugar donde se previenen los conflictos, se inician los negocios y se terminan las disputas. Gracias a Klaus Schwab por reunir a gente brillante y por su visión sobre cómo dar forma a un futuro mejor para el mundo».

¿Y qué cree Schwab que queremos ahora? Un capitalismo de las partes interesadas (stakeholder capitalism; se traduce también como «grupos de interés»). «En general, tenemos tres modelos entre los cuales elegir. El primero es el ‘capitalismo de accionistas’, adoptado por la mayoría de las corporaciones occidentales, que sostiene que la meta principal de una corporación debe ser maximizar sus ganancias. El segundo modelo es el ‘capitalismo de estado’, que confía al gobierno la responsabilidad de establecer la dirección de la economía, y que ha cobrado importancia en muchos mercados emergentes, entre ellos China. Sin embargo, en comparación con estas dos opciones, la tercera es la más recomendable. El ‘capitalismo de las partes interesadas’, un modelo que propuse por primera vez hace medio siglo, que posiciona a las corporaciones privadas como fideicomisarios de la sociedad y es claramente la mejor respuesta a los desafíos sociales y ambientales de hoy».

Así que las grandes corporaciones deberían ser los ‘fideicomisarios de la sociedad’ y la principal fuerza para resolver ‘los desafíos sociales y ambientales de hoy’. Necesitamos reemplazar el ‘capitalismo de accionistas’ que es el modelo dominante en este momento. Eso es porque «el enfoque exclusivo en las ganancias provocó que el capitalismo de accionistas se desconectara cada vez más de la economía real. Muchas personas se dan cuenta de que esta forma de capitalismo ya no es sostenible». También hay una reacción popular frente al fracaso del ‘capitalismo de accionistas’ y su incapacidad para enfrentar la creciente desigualdad de ingresos y riqueza, el cambio climático y los desastres medioambientales y el impacto de las nuevas tecnologías. El capitalismo de las partes interesadas, en cambio, según Schwab, puede «acercar al mundo a la consecución de objetivos compartidos».

Pero, ¿qué es este capitalismo de las partes interesadas? Schwab ofrece lo que él llama el Manifiesto de Davos. En él se apela a que las empresas traten a los clientes con dignidad y respeto, que respeten los derechos humanos en todas sus cadenas de suministro, que actúen como guardianes del medio ambiente para las generaciones futuras y, lo que es más importante, que midan el rendimiento “no sólo en cuanto al retorno a los accionistas, sino también en cuanto a la forma en que logren sus objetivos ambientales, sociales y de buena gobernanza». En la práctica, entonces, el capitalismo como sistema de producción con fines de lucro debe transformarse en un sistema que involucre a otros sectores de la sociedad como parte de un sistema de ‘metas compartidas’ dirigido por las corporaciones.

Con esto se hace eco de los mismos temas presentados por economistas y políticos más radicales que buscan modificar el capitalismo para hacerlo funcionar para más gente. Está el ganador del premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, con su ‘capitalismo progresista’ y luego está la aspirante a la presidencia demócrata Elizabeth Warren con su ‘capitalismo responsable’. En todo ello, el objetivo es encontrar una manera de ‘moldear’ a las corporaciones capitalistas para que tengan en cuenta a todas las ‘partes interesadas’, es decir, los trabajadores, los clientes, los gobiernos locales, etc. – todos trabajando juntos. Todos esperan que se pueda influenciar o persuadir a los capitalistas para que actúen para reducir la desigualdad, mejorar el medio ambiente y adoptar políticas morales para la inversión. Como dice Schwab «Los líderes empresariales tienen ahora una oportunidad increíble. Al darle un significado concreto al capitalismo de las partes interesadas, pueden ir más allá de sus obligaciones legales y cumplir con su deber para con la sociedad».

Por supuesto, esto es una tontería engañosa. De hecho, como Nick Buxton señala, «el afán de lucro siempre ganará», y prosigue: «en ninguna parte se mencionan los mecanismos para asegurar el cumplimiento, la legislación o la reglamentación para garantizar que las empresas acaten sus compromisos. Es un proceso totalmente voluntario que depende completamente de la autorregulación, que no pone en tela de juicio el objetivo primordial de las corporaciones de obtener ganancias”.

Mientras Schwab y otros en Davos hablaban de que las mega-corporaciones estaban tomando la delantera en la solución de los problemas sociales mundiales y no sólo ganando dinero, el presidente de los EEUU, Donald Trump, se presentó para decir a la élite allí reunida que era una gran noticia que los mercados de valores estaban alcanzando nuevos máximos, que el capitalismo se encontraba muy bien gracias, y que no hay necesidad de pesimismo ni de hablar de crisis ambientales o del aumento de la desigualdad.

Al mismo tiempo que Schwab emitía su Manifiesto de Davos, Oxfam publicó su informe anual sobre la desigualdad mundial. Según Oxfam, los 2153 multimillonarios del mundo tienen ahora más riqueza que los 4,6 mil millones de personas que constituyen el 60% de la población mundial. Los 22 hombres más ricos del mundo tienen ahora más riqueza que todas las mujeres de África. Las mujeres y las niñas dedican 12,5 mil millones de horas de trabajo de cuidado no remunerado cada día – una contribución a la economía global de al menos 10,8 billones de dólares al año, más de tres veces el tamaño de la industria tecnológica mundial. Conseguir que el uno por ciento más rico pague sólo un 0,5 por ciento de impuestos adicionales sobre su riqueza en los próximos 10 años equivaldría a la inversión necesaria para crear 117 millones de puestos de trabajo en sectores como el cuidado de ancianos y niños, la educación y la salud.

Hasta allí tenemos el liderazgo corporativo en la reducción de la desigualdad. Y lo mismo ocurre con el cambio climático. Las temperaturas medias mundiales alcanzaron niveles récord en 2019; y los incendios de matorrales causaron estragos en Australia, mientras que las inundaciones azotaron a Indonesia. Sin embargo, el informe de las Naciones Unidas sobre la actual brecha de emisiones concluyó que «no hay señales de que las emisiones de GEI lleguen a su punto máximo en los próximos años; cada año en que se pospone el punto máximo significa que se requerirán recortes más profundos y rápidos. Para 2030, las emisiones tendrían que ser un 25% y un 55% más bajas que en 2018 para poner al mundo en la vía menos costosa para limitar el calentamiento global a menos de 2?C y 1,5°C respectivamente». Como dijo Greta Thunberg en Davos, se habla mucho de cómo afrontar el cambio climático pero hay poca acción efectiva.

Y luego está el estado de la propia economía mundial. Mientras que el ‘capitalismo de los accionistas’ está en auge, con los mercados de valores en máximos históricos, el ‘capitalismo de las partes interesadas’ está luchando. En Davos, el FMI entregó su informe sobre las perspectivas de la economía mundial en 2020. La economista principal del FMI, Gita Gopinath, anunció una reducción de sus previsiones de crecimiento para 2020 y 2021 con respecto a la estimación anterior de octubre, mientras que la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que la economía mundial corre el riesgo de volver a la Gran Depresión de los años 30. Georgieva dijo que la actual economía mundial podría compararse con los «felices años veinte» que culminaron con el gran colapso del mercado de 1929. «El aumento de la desigualdad y la ‘creciente incertidumbre’ causada por la emergencia climática y las guerras comerciales evocan la primera parte del siglo XX, cuando las fuerzas gemelas de la tecnología y la integración condujeron a la primera edad dorada, los felices años veinte y, en última instancia, al desastre financiero».

¿Cuál fue su respuesta? ¡Un sector financiero más inclusivo! «Los servicios financieros son principalmente algo bueno. Las economías en desarrollo necesitan más financiación para dar a todos la oportunidad de tener éxito. Si bien la política fiscal sigue siendo una herramienta potente, no podemos pasar por alto las políticas del sector financiero. Si lo hacemos, podríamos descubrir que la década de 2020 es demasiado similar a la de 1920». Pero, «El asunto es que lo bueno hasta el hartazgo puede convertirse en algo malo. La excesiva profundización financiera y la crisis financiera pueden alimentar la desigualdad. Así que tenemos que encontrar el equilibrio adecuado entre demasiado y demasiado poco».

Nada de esto inspira confianza en la probabilidad de éxito del ‘capitalismo de las partes interesadas’. No es de extrañar que una encuesta global publicada justo antes de Davos encontrara que más de la mitad de las personas encuestadas creen que el capitalismo en su forma actual hace «más daño que bien». Esa creencia fue expresada por una mayoría a través de todos los grupos de edad, género y nivel de ingresos. De hecho, sólo había seis mercados en los que la mayoría no estaba de acuerdo: Australia, Canadá, Estados Unidos, Corea del Sur, Hong Kong y Japón. El mayor apoyo a la declaración se encontró en Tailandia (75 por ciento) y el nivel más bajo en Japón (35 por ciento). En Estados Unidos, sólo el 47 por ciento estuvo de acuerdo con la afirmación.

La encuesta también encontró que el 48 por ciento de las personas encuestadas creen que el sistema les está fallando, mientras que sólo el 18 por ciento cree que está funcionando para ellos. El 78 por ciento está de acuerdo en que «las élites se están enriqueciendo mientras que la gente común lucha por pagar sus cuentas». Y en 15 de 28 mercados, la mayoría es pesimista sobre su futuro financiero, y la mayoría cree que no estará mejor dentro de cinco años de lo que está hoy.

Allí no se ve hay mucho apoyo para el capitalismo, ya sea de accionistas o partes interesadas.

(Traducción de ALAI)
Michael Roberts: es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2020/01/22/stakeholder-capitalism-in-davos/

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