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Otro año que inicia

Por Jairo Alarcón

Finaliza otro año y en él, como en los avatares de la existencia humana, hubo momentos gratos, felices, intensos y maravillosos; pero también

ocurrieron hechos angustiantes, tristes, oscuros y desoladores. Borrar lo malo y dejar lo bueno no se puede, lo que es posible es luchar porque lo desagradable, lo que causa tristezas y miseria cada vez sea menos intenso a través de las acciones.

Relacionarse con otros, es decir, el ineludible vínculo que une a las personas, determina que el bienestar personal, que es condición necesaria para ser feliz, no dependa solo de uno, radica en la circunstancia en la que se viva, en la armonía que pueda lograrse en sociedad, en las relaciones que se establecen con otros, en el intercambio que se da en una vida compartida.

Al tomar conciencia de lo que se es, no se debería vivir a plenitud, en una sociedad en crisis, cerrando los ojos al dolor ajeno, indiferentes a la desesperación y frustración que viven muchas personas.

Y aunque hay seres que sacan ventaja del dolor y sufrimiento de otros y se aprovechan de su infortunio para ostentar privilegios, lo cual no es más que evidenciar lo perverso que puede llegar a ser un individuo sin conciencia social y guiado por el egoísmo, al final la existencia solo tiene sentido cuando es compartida. Para unos, el balance fue negativo, la intensidad de las tristezas avasalló con creces los volátiles instantes de fruición que vivieron a lo largo del año. Y las expectativas de algo mejor, de cara al futuro, les son mínimas, como el resultado de destinos casi destruidos por circunstancias adversas que hacen resistencia a un posible bienestar.

La cadena invisible que une a los seres humanos con cierta relación de dependencia, que para unos no existe o no es importante, hace para aquellos que sí lo consideran esencial, que el dolor de otros ensombrezca su bienestar. Sacudiéndose el egoísmo y la indiferencia ajena, estiman que la felicidad solo puede lograrse dentro de un estado de bienestar para todos.

Tornando vigente la frase de Terencio que dice, “soy humano y nada de lo humano me es ajeno”. Otro año termina y uno nuevo se inicia y para los que están vivos es una nueva oportunidad para hacer bien las cosas, para reparar el daño que se ha hecho, tomar conciencia de la responsabilidad que tienen al residir en este planeta que requiere ser auxiliado y dejar por un lado los egoísmos para establecer un mundo más equitativo y humano, en donde no se saque provecho de las debilidades de los demás y la corrupción, las infidelidades y traiciones sean cuestión del pasado.

Extender la vista a los otros, mirarlos, ver en detalle su circunstancia, reflexionar sobre ello, debe dar paso a la acción; saber que se está mal, que las cosas no caminan bien, tiene que ser es el inicio para generar el cambio.

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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