Cómo hacer un proyecto arquitectónico realmente sustentable parte 1.

Omar Marroquín Pacheco

Fueron dos ecòlogos australianos los que acuñaron el concepto de permacultura como un método sistemático. Consiste en la filosofía de trabajar con y no encontrá de la naturaleza, otro autor la define como aquellos paisajes conscientemente diseñados que simulan o imitan los patrones y las relaciones observadas en los ecosistemas naturales.

Se publico un libro que define los 12 principios de la permacultura, como procesos de diseño, que sirven de guía a la hora de la generación de sistemas sostenibles, lo importante que todos estos procesos pueden aplicarse a lo que realizamos diariamente con el objeto de humanizarlos, aumentar su eficiencia y asegurar su subsistencia a largo plazo.

Al tomar el compromiso de comprometerse con la naturaleza, se pueden diseñar soluciones que se adapten a una situación particular.

El principio se basa en la observación de la naturaleza, con el animo de entender los elementos en que estamos trabajando, antes de actuar en él. Los intentos de comprender y comprometernos realmente con la situación que nos afecta, debería de llevarnos naturalmente a una reflexión profunda que nos permita entregar una respuesta adecuada.


La arquitectura antes de sentarnos a diseñar, es necesario que nos preguntemos ¿Que es lo que realmente necesita el usuario del proyecto a desarrollar? ¿Cuál es el contexto que lo rodea? ¿Cómo responder a la necesidad de una manera màs eficiente y apropiada posible?

El hecho de conectar con el usuario e interactuar con el contexto de la obra, facilita el proceso de comprometernos con el encargo recibido. Se tendrá menos oportunidades de tomar caminos equivocados, basados en conceptos erróneos y respetaremos de mejor forma las circunstancias especificas. Un buen proyecto de arquitectura debería surgir fácilmente si es que se pone atención a las pistas, que el mismo nos va entregando.

Al desarrollar sistemas que almacenen recurso cuando son abundantes, podremos usarlos en los momentos de necesidad. La fiebre verde que se vive en la arquitectura hace algún tiempo, hoy se sienta en una sostenibilidad asociada màs bien a métodos pasivos, con le fin de conseguir una verdadera eficiencia en todos los sentidos posibles.

Sin embargo màs allá de las técnicas sostenibles que efectivamente pueden aplicarse, una pregunta podría ser ¿Cómo entregar la mejor arquitectura posible, utilizando los recursos disponibles o mejor aún menos?

A pesar que la arquitectura que desarrollemos puede por si misma funcionar como un sistema que capture, almacene y utilice a su favor los recursos como el viento, el calor del sol, el agua de lluvia, la responsabilidad como arquitectos no debe acotarse a estos métodos.

Cada linea que dibujamos en los planos, tiene un costo asociado, una huella, no tiene sentido levantar grandes rascacielos lleno de paneles solares, si su sola construcción se gastan una serie de externalidades negativas en otros ámbitos.

Se debe de obtener un rendimiento del trabajo que se esta realizando, no se puede trabajar con el estomago vacio, se deben de tener recompensas inmediatas para poder sostenernos, es decir producir frutos que garanticen la supervivencia de la comunidad sin poner en riesgo su futuro. Màs allà del pago monetario que podamos recibir por nuestro trabajo que es totalmente justo y necesario, nuestro rendimiento y productividad como arquitectos deberìa poder medirse en relación a todas aquellas externalidades positivas que esten generando nuestros proyectos.

Una obra de arquitectura tiene que tener la capacidad de influir ampliamente en el contexto en que se està levantando y no se puede perder la oportunidad de identificar y desarrollar en la mayor manera posible sus beneficios potenciales, de ninguna manera puede ser sustentable un proyecto que llene nuestros bolsillos, pero que no rinda positivamente en otros sentidos o peor aun que perjudique a su mismo entorno.

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