Corruptelas en la salud

Miguel Angel Sandoval

En un comunicado inusual, la junta directiva del colegio de médicos se pronunció en apoyo de uno de sus asociados, el Doctor Román Carlos Begni, quien habría sido demandado por una farmacéutica por las denuncias de precios excesivos en las medicinas. En verdad nada nuevo bajo el sol. Da la impresión que la denuncia de los negocios sucios de las farmacéuticas, antes de correctivos dan lugar a demandas legales, por cierto, espurias.

Es un tema que ya ha dado lugar a muchos comentarios. Uno más. Este fin de semana, en Antigua Guatemala, en visita a dos farmacias de la misma cadena, encontré que unas gotas elementales para la irritación de los ojos, que en verdad es en la base una solución salina, costaba en una más de Q250, mientras que en otra de la misma cadena, unos Q60. ¿Cuál es la explicación? No queda duda que es la impunidad con la cual las empresas que se dedican al negocio de las medicinas imponen los precios, a ciencia y paciencia de las autoridades.

Está muy bien, que el Colegio de Médicos se haya pronunciado en defensa de uno de sus agremiados ante el acoso de una empresa de medicamentos. Pero, ¿qué hacen por ejemplo, cuando médicos sugieren al paciente determinada medicina porque reciben comisión de las empresas? ¿O médicos que sugieren laboratorios clínicos pues igualmente reciben comisión? ¿O que hacen, cuando se sabe que la mayoría de cesáreas en los partos no es por necesidad clínica, sino es por la inminente ganancia de los galenos?

Tenemos entonces dos fuentes de negocios ilícitos: venta de medicinas con sobreprecio, lo cual es demostrable de forma simple. Cualquier producto es más económico en México que en Guatemala. Pero no solo eso. En Francia es más barato comprar medicinas que en Guatemala. ¿Qué dicen de ello? Y hay otras dos fuentes de negocios turbios más. La primera es la venta con sobreprecio de los equipos médicos y la existencia de coimas y sobornos de toda índole en ese negocio.

Y finalmente esta toda la privatización de la salud que dan como resultado que una uña encarnada en un hospital público se trate sin costo, mientras que en uno privado se cobre por miles de quetzales. Es igual con todo el proceso de enfermedades. No es casual que hace muchos años, el enemigo de los negocios shucos, el demonio del caribe Fidel Castro, dijera: la enfermedad es una mercancía del capitalismo. ¿Exagero? Que se demuestre que toda esta columna está llena de imprecisiones y entonces, solo entonces, aceptaría que estoy parcialmente equivocado. Mientras tanto, que el próximo 2020 que ya inicia, bajen los precios de los medicamentos y todos los servicios médicos.

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