Sobre el discurso de Morales ante la ONU

Ante la ONU, Jimmy Morales no describió una república democrática moderna. Describió una plantación bananera del siglo XIX con una estructura social de carácter patriarcal y teócratico, y donde si la gente «cumple», hay pay, pero si no, saquen las conclusiones.

Morales dijo: «represento a Guatemala, un país de fuertes tradiciones, un pueblo creyente de Dios; que ama y respeta a la familia como la base de la sociedad: así como la vida desde su concepción, la libertad y la construcción de una sociedad en paz.»

Claro, no dejó de resistir la tentación de vender a Guatemala al mejor postor, ofreciendo la unión aduanera con Honduras y El Salvador como «un mercado de 32 millones de personas.»

También hizo alarde del hecho que, en materia de narcotráfico, Guatemala trabaja para las fuerzas del orden imperial: «En 2 años, hemos incautado más drogas, que en los últimos 8 años, evitando que más de 30 millones de ciudadanos estadounidenses y europeos, se vean afectados por el consumo de estas drogas.»

Aunque todo mundo en Guatemala sabe que lo del «gobierno abierto» es una pantomima sin significado social, político o económico alguno, pues todo está cocinado por el CACIF y sasonado por la corrupción y la cooptación de la clase política, Morales de todos modos presentó esto como verdadero, como algo que expresa «compromisos en los ejes de acceso a la información pública, transparencia fiscal, participación ciudadana, innovación tecnológica y rendición de cuentas.» El gobierno de la restauración total, la infamia moral, la desfachatez política, habla de «participación ciudadana» y la «rendición de cuentas.» Con estos discursos, lo único que va en aumento en Guatemala es la alineación y el cinismo de gente que antes creía todavía un poco en las instituciones públicas o los procesos formalmente democráticos del Estado. ¡No más!

Con toda una camarilla de ladrones, mentirosos y corruptos como diputadxs, minostrxs, secretarixs, asesosores y altos representantes de gobierno, Morales de todos modos se jacta de que Guatemala trabaja «arduamente para cumplir con los estándares internacionales del Foro Global de Transparencia Tributaria.» Es más, habiendo sido Guatemala certificada bajo la norma ISO 37001:2016, gestión anti soborno, el país realmente nunca necesitó de la CICIG. Nadie soborna a nadie en Guatemala y mucho menos dentro del gobierno de turno. Todo lo que produce el Estado es la pura verdad, como el Censo de 2019, aunque le falten unos cuatro millones de gentes. ¡Échense una carcajada!

No hay que olvidar, ante todo, que «la Presidencia de la República he liderado la lucha contra la corrupción, la transparencia gubernamental y la rendición de cuentas» al punto que ahora se proponen investigar a la muy corrupta y cooptada (por la izquierda internacional) CICIG y su institución apadrinadora (la ONU y, detrás de esto, por supuesto que Soros!). Esto en parte porque la muy digna Guatemala, con sus grandes creencias, valores y principios, rechaza «la imposición de una agenda global burocrática que dicte lo que crean, debe ser».

Así pues, justo cuando la CICIG empezó realmente a revelar las estructuras internas y los vínculos políticos, militares y empresariales que han corrompido y cooptado al Estado en función de intereses mezquinos y podridos, incluyendo los del gobierno de Morales mismo, Morales dijo que «después de más de una década, ha sido tiempo suficiente para cumplir con su mandato». El problema fundamental de Guatemala no ha sido la masiva robazón que han hecho sucesivos gobiernos que culminaron con el de Morales mismo. No. El problema ha sido el mal uso de los recursos de la CICIG!!! Para Morales, pues, es preciso que la ONU de «el detalle del uso de los recursos desde el establecimiento de la comisión, para rendir cuentas a la comunidad internacional sobre la utilización de los fondos acreditados.»

No importa La Línea y todos los otros casos que destapó la CICIG, incluyendo el del hijo y hermano de Morales mismo. ¡Lo que importa es la familia Bitkov! Y no importa que sobornaron a todo mundo para obtener documentos chapines. Lo que importa es que la CICIG los agarró infragantis pero en lugar de obviar la urgencia de esta pobresísima familia Rusa escapando la desgarrante y genocida dictadura de Putin en Rusia, decidió «politizar la justicia» y selectivamente señalar a estas pobres víctimas de su odio y conspiración. Eso, en realidad, es lo que cree Morales. Y también, claro, la muy creíble Comisión Helsinky.

Un problema clave con la CICIG fueron los llamado «jueves de la CICIG.» El hecho de que optaron por transparentar todos los casos y los procesos y no dejarlos en el silencio y la secretividad como es de costumbre en Guatemela y sobre todo cuando toca a gente de poder. Por eso, dice Morales, la CICIG «mediatizó los casos vulnerando la presunción de inocencia». Contra toda la evidencia de que dispone toda persona de mínima inteligencia, Morales dijo que «la CICIG ha llegado a ser una amenaza para la paz en Guatemala» al punto que «ni en el conflicto armado que vivió Guatemala en la década de los 80 se tenía este tipo de polarización.»

Una de las conclusiones de Morales: «En Guatemala no queremos más enfrentamientos, lo que queremos es paz y justicia.» Claro, la persecusión de mentirosos, ladrones, corruptos y cooptadores del CACIF es, precisamente, lo que Morales considera «enfrentamientos». Señalar a quienes nunca han sido señaladxs, por su poder e influencia, es lo que Morales no aguanta ni un segundo. Arrestarlos con orden judicial porque la evidencia es abrumadora es lo que Morales llama «intimidación». Y, claro, como no es gente vinculada a narcos, firmas privadas de seguridad, medios para escapar y/o sobornar a todo mundo, dentro y fuera de cárceles, los arrestos no podían llevarse a cabo con dos o tres pelones. Pero esto es lo que Morales denuncia como «excesivo abuso de la fuerza. Haciéndose acompañar de decenas de policías fuertemente armados, incluso con fusiles de alto calibre.»

Pobres, pues, esas personas inocentes, puras, abnegadas, que se sacrificaron por Guatemala, pero que se volvieron víctimas de la CICIG y hoy «llevan años guardando prisión preventiva.» Pobrecito Carlos Vielmann y Erwin Sperisen. Pobrecito Alfredo Zimeri. Y, claro, pobrecitxs lxs Bitkovs. ¡Tan inocentes!

Eso sí, Guatemala ha inventado las biobardas para limpiar con todo lo sucio en los ríos y lagos del país. Es una «invención» primitiva que solo cacha lo que va en la superficio (y no todo) y que deja pasar todo el excremento y los desechos químicos e industriales por debajo, igual que la justicia en Guatemala, también hecha de plástico no reciclado.

Ese es el Señor Presidente, un payaso infame al servicio de la restauración total.

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