Guatemala o la torpeza del cangrejo

Miguel Angel Sandoval

El país va mal, nadie lo duda. La democracia se encuentra en intensivo y con pronósticos reservados, no por el retorno de los militares y sus prácticas conocidas, sino por la incapacidad de las instituciones de dar satisfacciones a la ciudadanía ávida de democracia y resultados. Los ejemplos son duros de asimilar y tienen como actores a las instituciones que deberían dar certezas. Para muestras varios botones.

Rápidamente: El censo se población es increíble. Las explicaciones no convencen, los datos son alarmantes y ello no puede dejar de ser un mal síntoma para el país. No sabemos cuántos somos, cuanto producimos, cuantos migrantes tenemos, cuanto necesitamos, y un largo etcétera. Las comisiones de postulación han resultado un fiasco. Al grado que la CC les corrige la plana y les dice que todo lo hecho no sirve, que lo cambien. Las elecciones no convencieron a muchos, por la intervención abierta de resoluciones judiciales, que por lo menos son cuestionables. Encima planea la idea de un fraude escandaloso en el escrutinio final.

Con el asunto del Censo ya estamos casi acostumbrados. Hace unos cuantos años, en el primer informe de desarrollo humano del PNUD ese fue el problema mayor identificado. No teníamos datos de población, hombres-mujeres, producción agrícola o industrial, porcentajes sobre etnias, normas en lo agrario, etc. Con las comisiones de postulación nos vemos ante la urgencia, una vez más, de abordar las reformas constitucionales en el tema de la justicia. En este terreno ya sin la Cicig hace falta tener certeza que la lucha contra la corrupción debe continuar hacia adelante de donde lo dejo la Cicig, no hacia atrás. No hay carrera judicial, no existe separación de funciones jurisdiccionales y administrativas en el OJ, el derecho indígena no se acepta, entre tantas falencias.

Con los resultados electorales urge un estudio serio sobre la estructura de las juntas electorales a nivel nacional y departamental, hace falta una auditoria externa sobre el padrón electoral y sobre el sistema de cómputo. Errores como el ocurrido en el software en las últimas elecciones no son admisibles. El TSE debe sufrir una profunda reforma. Aquí se deben separar las funciones electorales y las administrativas. Adicionalmente lo jurisdiccional debe de dejar de esta ligado a lo puramente electoral. En esto se encuentra el destino de nuestra frágil democracia que no pocas personas se anima a calificar como democracia a la tortrix.

Asimismo, las reformas a la ley electoral de partidos tienen que hacerse en el curso del primer año de la próxima legislatura. Más tarde es mandar al carajo la escasa credibilidad que hoy por hoy tiene el TSE. No hablo al tanteo. Otra cosa es la escasa memoria de los guatemaltecos que a esta altura ya se olvidaron del escándalo que tuvo lugar durante las elecciones generales de 2019. Un culebrón a la mexicana o española no hubiera tenido tanto suspenso.

Estos temas de naturaleza institucional son apenas para pedirse cartas como se dice en lenguaje de la calle cuando se aborda una discusión sobre algún tema en particular. En nuestro caso esto es apenas para intentar evitar al naufragio de nuestra sociedad y sus instituciones. Son temas de construcción de ciudadanía, de institucionalidad democrática. No tienen que ver con los fantasmas que andan viendo comunistas en la sopa o derechistas en el desayuno. Se trata de temas que deberían importar con la misma vehemencia a tirios y troyanos. Una vez realizadas estas reformas que serían la base, el tamaño de la cancha, las reglas válidas para todos, entonces, solo entonces, podríamos sacar los guantes de las ideologías y otros posicionamientos y demandas.

Hace años, en el informe del PNUD, se observaban pocos avances, pero estaba abierta la ruta de cierta confianza y existían expectativas por lo reciente de la firma de la paz, cuyos acuerdos han sido puntualmente desbaratados por los conservadores y la miopía de amplios sectores del país, sin darse la molestia de ver en ellos la mayor oportunidad que como sociedad hemos tenido en muchos años; y haciendo uso de las virtudes de los cangrejos los echamos a perder. Ahora asistimos a un retroceso que provocaría envidia por su celeridad, al más ágil de los cangrejos.