De la Patria del Criollo, a la Patria de Todos.

Mario Rodríguez Acosta

La celebración de la independencia es un motivo especial para reflexionar sobre el país que fue y el país que se construye. La dualidad existente en la sociedad guatemalteca es fruto de los desencuentros provocados desde la génesis misma del hecho independentista. Por eso, el análisis del hecho independentista debe ser abordado desde un enfoque crítico, revisando la naturaleza del régimen colonial y el resultado, aún latente, del proyecto criollo que se impulsó posterior.

Para eso se hace imprescindible comprender que mucho antes del proceso de conquista, Mesoamérica era una sola región, en donde florecía una de las culturas más brillantes de su época. Conocedores de una astronomía desarrollada, inventores del cero, grandes arquitectos y místicos religiosos. Para el arqueólogo S. Morley, los mayas deben ser aclamados como “el pueblo indígena más brillante del planeta”.

Con la conquista, y posteriormente con la independencia, la historia oficial se encargó de difundir que la civilización maya había desaparecido, se había evaporado, sin dejar rastros ni herederos de sus logros. La otra historia muestra que está viva y latente, escenificando nuevas hazañas que retan la imaginación, que se multiplican en cada rincón de la creatividad de sus tradiciones diversas, de sus lenguajes milenarios, de su multiculturalidad viva y cotidiana.

La independencia debe analizarse como producto de una conspiración entre iguales. De una conquista militar, se pasó a una dominación económica, en donde el peso ideológico del colonialismo sigue latente. El resultado, eso que llamamos sociedad guatemalteca, es una mezcla de múltiples historias, labradas a la sombra de aquella que fue escrita por los encomenderos criollos, vasallos de la colonia, que impusieron posteriormente su ley.

Al contrario de lo que pasó en otros países, en donde las élites de ese momento se unieron con la gente sencilla para repudiar el colonialismo y propiciar así la independencia, aquí en la Capitanía General, la gente que llevó a cabo el proceso nunca tuvo claridad del significado histórico de la gesta, y no comprendió la magnitud de su alianza con los conquistados. La anexión a México y la fragmentación de la Capitanía General en distintas parcelas, representó la des-identidad que hoy se vive. Las élites centroamericanas conspiraron contra ellas mismas.

¿Cuántas Guate-malas existen?, ¿Cuántas buenas?.

La Guatemala “independiente” es compleja y simple al mismo tiempo, difícil de percibir y confusa para descifrar. Su explicación está inacabada, porque se sigue construyendo desde perspectivas divergentes. Desde la visión criolla que recoge los beneficios de la conquista, hasta la visión popular, que asume inconcluso el proceso. Hoy existen dos historias entrelazadas de la Guatemala actual. Una es triste y cruel. La otra es emocionante y dramática. Ambas convergen en un crisol de destinos, que tratan de confluir sin lograrlo, a través del patriotismo criollo que celebra la independencia a su estilo, mientras que los escépticos y excluidos, deploran la mal llamada modernidad y se aferran a su identidad, como signo de los tiempos rebeldes que perduran a pesar del tiempo, la colonización y el mestizaje.

La otra historia, la más inmediata, se construye en la cotidianidad, recociendo la lucha perseverante y paciente de la gente por encontrar su identidad, su forma de verse, entenderse y aceptarse con el otro. Es una historia inconclusa, que 200 años han sido insuficientes para absorber la visión del conquistador.

Con la llegada del trece B´aktun, antes de la celebración del bicentenario, se empieza a germinar un nuevo horizonte. Es el final de un ciclo largo y el inicio de una nueva era, desde la cosmovisión Maya se vislumbra un nuevo amanecer, distinto al oficial. Por que esa historia, la oficial, esta llena de contradicciones, construida con sangre y fuego, retrocesos y desencuentros, acompañada de violencia y represión por ese estado criollo que se niega a morir.

La otra es una cotidianidad viva que permite celebrar el bicentenario como oportunidad para reírnos de las desgracias y celebrar nuestra tragedia, reconstruyendo el glorioso pasado, como condición para construir el futuro.

Por eso, la ironía de este tiempo permite observar con mayor claridad las disparidades existentes en la Guatemala actual. Por un lado, la celebración de la independencia cargada de una emotividad criolla, mezclada con un patriotismo barato y simplón y por el otro lado, la celebración del levantamiento popular, el fin de un ciclo en el Calendario Maya, el 13 Baktún, que también representa el inicio de una nueva era desde una cosmovisión distinta a la oficial.

Mencionar estos dos hechos, muestra las dualidades de una misma realidad. El ciclo largo, aquel que se manifiesta en la conquista y dominación, y se perpetúa a lo largo de los siglos, se rebela, por fin en una fecha significativa. Pero esta paradoja coincide con la otra realidad, un proceso de independencia que solo registra dos siglos.

El proceso político en la actualidad busca garantizar los beneficios criollos establecidos con la ruptura colonial, ahora restablecida en beneficio de las inversiones extranjeras y la explotación y despojo de los recursos naturales. La supuesta democracia se ha convertido en imperativo para los mercados, no para la gente. De modo que los procesos de construcción de la ciudadanía se ven imposibilitados para que las poblaciones tomen decisiones en los asuntos nacionales de mayor trascendencia. En eso los criollos, herederos del proceso, van con la ventaja.

El rasgo distintivo de la renovación actual se basa principalmente en el discurso de los excluidos. La amplia participación ha ido permitiendo desmantelar la idealización de la conquista y a los propios conquistadores que hoy viven arropados con distintos pelajes. Desmantelar el pensamiento criollo, es un paso hacia adelante dentro de un sistema educativo que va en retroceso.

La historia es irónica con los pueblos originarios, porqué glorifica su pasado y su grandeza, pero margina, denigra y estigmatiza a los mayas actuales y construye el discurso oficial sobre el auge y declive de una de las más grandes civilizaciones de la humanidad, descubridores del cero y de uno de los más exactos calendarios que se conozcan, pero desprovee de un futuro a sus herederos, los margina y los condena a la pobreza. Y desde el Estado racista que se construyó posteriormente a la colonia y que aún perdura, se justifican esto y más en nombre de la independencia.

El ciclo B´aktún, de nuevo abre un porvenir, sin embargo, en los círculos oficiales se presenta como un espacio para el marketing turístico y folklórico del país.

La celebración oficial de la independencia también representa una “recordación florida” de las gestas criollas. En donde los herederos de la conquista siguen manteniendo el bienestar que provoca el poder y el control de los recursos, la economía y el gobierno. La superioridad del hispano es una condición indispensable para el mantenimiento del orden social heredado de la colonia.

Algunos son rémoras de la herencia colonial que hoy todavía imponen dominadores, y convierten a la realidad en una historia trágica de construcciones inacabadas, inconclusas, nefasta herencia de la historia patria. Basta con observar la pobreza, la marginación, el racismo y sobre todo el desprecio de una élite heredera de la colonia tiene hacia una parte importante de la sociedad guatemalteca para comprender la tragedia que significó la independencia.

Los mayas actuales, son la mayoría en este país. Son el testimonio vivo del pasado glorioso, de la cultura viva, del futuro. No siendo parte del pueblo mítico, sino del real, que emerge gallardo por la verdadera independencia, como dice el ciclo B´aktun de la nueva era.

El artículo se publicó en la Revista Análisis de la Realidad Nacional del IPNUSAC.
Tomado del Blog Catarsis http://ciidgt.org/boletin