La oligarquía y “sus” corruptos

Danilo Santos

Si se ve la propuesta de bajar el salario mínimo del CACIF, el discurso de Morales y Arzú en la Sesión Solemne del Congreso, el impresentable proceso de elección de magistrados del OJ y, la “alegría” con la que se celebra la Independencia en el país; pues es fácil prospectar un futuro ominoso. Y no, no se trata de pesimismo, se trata de hechos que así lo demuestran.

Con razón la vehemencia del Tercer País Seguro, el estado de Sitio, el control de las Cortes y el MP, y la creación de un enemigo imaginario del cual hablan hasta el cansancio para ocultar los desmanes de la oligarquía y “sus” corruptos.

Celebrar la Independencia por estos días resulta irónico sino es que cínico. Todo lo actuado por el Gobierno va en el sentido de desandar los avances para rescatar al Estado de las manos de las mafias y los poderosos dueños de la finca. Todo está perversamente alineado. Han retomado el curso de obligar a la población a satisfacer intereses ajenos, renunciando incluso a sí misma (en todo sentido). Dominan casi por completo las formas de relación entre el Estado y la población y, se aseguran de que los factores de producción (tierra, trabajo, capital y tecnología), favorezcan a los patrones y sus lacayos gobernantes.

Han logrado eficientemente que nuestro sentido común celebre su poder sobre nosotros, la Independencia. Que la sociedad defienda sin pensar, la exclusión y la pobreza; han sido exitosos culpando a la izquierda y el comunismo de todos los males de los cuales ellos son directamente responsables, pues son los únicos que han gobernado Guatemala por casi doscientos años.

Un país donde su Presidente goza del vergonzoso segundo lugar en el continente como el que menos aprobación obtiene de la opinión pública, no debería estar en medio de discusiones sobre cómo bajar el salario mínimo, lo cual afectará a las grandes mayorías. El señor Morales y su bancada en el Legislativo no son confiables, han demostrado estar en contra de la población y a favor, únicamente, de sus calenturas patrioteras y su servil vocación frente lo que el empresariado más retrogrado les dice que es la patria, Dios y la libertad.

Las decisiones de último momento de este Gobierno son sumamente peligrosas y deben ser observadas con detenimiento. Puede que representen el norte que la oligarquía esté marcando para el país y la carta de navegación para el Ejecutivo y Legislativo electos. No se explica de otra manera tanta irresponsabilidad.

Esta escalada en la demostración de fuerza desde el Gobierno y la oligarquía se acelerará y alcanzará su curva más alta, durante los primeros meses del Gobierno entrante. Estaremos el próximo año frente a decisiones económicas, políticas y sociales que marcarán no solo el futuro inmediato, sino nuevamente, el sentido común de la población.

El signo de nuestra decadencia será cuando se abran las puertas del Mariscal Zavala para que retornen a su sitial de honor algunos de los operadores de la captura del Estado. Eso, o detenemos de tajo a los patrones y refundamos el país de una buena vez y nos damos motivos reales para celebrar la libertad.