Hegemonía y racismo en la USAC

Por Mario Sosa

Sin duda vamos de mal en peor. Grupos enquistados en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) han hecho retroceder académicamente a la USAC, al punto que se replican discursos y prácticas acríticas, racistas e, inclusive, de corte fascista.

En una circular de la División de Recursos Humanos, por disposición de la Rectoría, se “invita” a celebrar la independencia nacional y se conmina a las autoridades universitarias a que la misiva se haga del conocimiento a “los trabajadores bajo su tramo de control”. Bien sabemos que estas invitaciones, cuando se traducen en disposiciones de decanos y directores, pasan a constituir ejercicios de poder que trascienden de la “invitación” a la orden.

El objeto de la “invitación” es la celebración de la independencia nacional de 1821, un hecho protagonizado e instituido por la oligarquía criolla para desprenderse del ejercicio de poder y tributos a los que estaban obligados bajo el régimen colonial español; así mismo, para garantizarse el control de la tierra, la fuerza de trabajo semi-esclava –mayoritariamente indígena– y del aparato de Estado para legislar e impulsar políticas que reprodujeran sus exclusivos intereses y privilegios. En ese sentido, investigaciones historiográficas, provenientes de la USAC misma, demuestran el carácter de este hecho de “independencia” y sus consecuencias en la reproducción del sistema de sometimiento hacia la clase trabajadora, los pueblos originarios y, en general, hacia las mayorías sociales. Son investigaciones que contienen una interpretación crítica del significado de tal evento y su celebración. De tal manera que esta actividad, más allá de la misiva emitida por dicha División, constituye un acto que contradice el conocimiento científico y la orientación crítica que debe mantener nuestra Universidad pública.

La circular es indudablemente un documento que nos hace retroceder. Asume que los trabajadores de la USAC son una especie de menores o discapacitados de pensamiento, a quienes se invita a vestir con los colores patrios o una prenda típica. Seguro, de haberlo creído posible, habrían organizado una banda marcial, un desfile cuasi militar con pelotones, gastadores y batonistas, al mejor estilo de los gobiernos fascistas, cuyas prácticas se extienden hasta el día de hoy, reproducidas acríticamente por supuestos educadores que dirigen las políticas y los centros educativos públicos y privados. Esa “invitación” reproduce toda la carga burguesa, militar, folklorista, machista, es decir, hegemónica de este tipo de “celebraciones”.

Grotesco y repudiable, además, es la orientación racista que subyace en la misiva. Invitar a los trabajadores a vestir una prenda típica es un acto de reproducción del racismo que se expresa en el uso folklórico de las vestimentas regionales de los pueblos indígenas. Un uso que, además, es una celebración que niega la historia de opresión hacia dichos pueblos, que se reprodujo con ese hecho de “independencia”. Constituye además un acto de etnofagia que, siguiendo Héctor Díaz Polanco, intenta disolver al pueblo maya en la fuerza de gravitación de los patrones nacionales hegemónicos, que niegan, como en este caso, al sujeto cultural y político.

Si lo que pretenden las autoridades de la USAC es “celebrar la patria como se merece”, resultaría coherente y alternativo conmemorar y celebrar la gesta revolucionaria de 1944, que dio inicio a un período de diez años en los cuales, tanto el gobierno de Juan José Arévalo como el de Jacobo Árbenz Guzmán, avanzaron sustancialmente en la gestación de una patria verdaderamente soberana e independiente. Al mismo tiempo promover múltiples actividades de investigación y debate sobre ese hecho y su significado histórico.

En cualquier caso, la patria y la independencia en tiempos de imposición de un cuasi protectorado, hacen parte de un proyecto político alternativo todavía por ser gestado.

Fotografía tomada de Soy USAC
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