La asignatura pendiente…para ser otro país

Edi D. López S.

Ahora que se acerca la conmemoración de los únicos diez años de primavera democrática, en que Guatemala ha tenido verdaderos Estadistas, Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, que tenían entre sus objetivos la modernización y desarrollo del país; vienen reflexiones, análisis de la actual situación económica, social, política del país. Los hechos, evidencias, indican el gran retroceso que hemos tenido desde los años 54 a la fecha; los indicadores de salud, educación, salarios, nos pintan como uno de los países más desiguales e inequitativos del continente y del mundo, con abundante mano de obra no calificada y desperdiciando el potencial de una cantidad mayoritaria de población joven.

Y precisamente la desigualdad e inequidad, se pone plenamente de manifiesto en la tenencia y acceso a la tierra; de tal suerte que hoy sigue siendo un tabú hablar, discutir sobre la necesidad de redistribución de este factor de producción. Se dice que esas con cosas de los comunistas, que debe respetarse la propiedad privada, que debe darse certeza jurídica, que los campesinos no son eficientes en la producción, etc. El modelo agroexportador impuesto, ha dado réditos a unas cuantas familias, cada vez más ricas; en contrapartida las condiciones de miles de familias campesinas han empeorado, siendo la principal causa de la migración a Estados Unidos.

La propiedad privada de grandes extensiones de tierra, los latifundios, producto en última instancia del despojo de los pueblos originarios, lo que ha generado son relaciones económicas/sociales de explotación y subordinación; la historia demuestra que, aún en épocas de bonanza en los productos de exportación, no ha tenido ningún impacto positivo en la masa campesina; en el mejor de los casos se impulsan acciones/programas benéficos, que sirven a su vez para pagar menos impuestos. Y no hay visos que, esta situación vaya a cambiar para bien, al contrario se ha ido observando un proceso de reconcentración de la tierra, con la siembra de palma africana, extracción de minerales; se continúa bajo la lógica de hacer competitivo los productos de exportación, pagando salarios de hambre que, en más de un caso ni siquiera cumple con el salario mínimo que su vez, no cubre el costo de la canasta básica alimentaria.

Evidentemente estamos en situación diferente a los años del 44 del siglo pasado, que no permitiría hacer la Reforma Agraria de entonces; pero la conflictividad agraria es latente en varias partes del país, lo cual exige acciones para evitar más violencia. Las élites económicas del país han demostrado ceguera histórica, no visualizan que, una mejora de las condiciones económicas de miles familias, pasa por el acceso a la tierra y salario digno, que en última instancia se verían beneficiados ellos, con la ampliación del mercado interno y evitarían los constantes conflictos económicos sociales.

Se debe reconocer y respetar y recuperar la propiedad comunal, lo poco que le va quedando a lo población del área rural; por otra parte es ingente buscar mecanismos de acceso y tenencia de la tierra, se puede sugerir que a través del mercado de tierras, pero la realidad demuestra que, no se dan las condiciones para el funcionamiento de este mecanismo. Además es necesario garantizar la seguridad y soberanía alimentaria, en función de ello debería garantizarse el acceso a la tierra, con asistencia técnica, crediticia y por supuesto el apoyo de cultivos con productos para la exportación, alargando la cadena productiva, a efecto de generar mayor valor agregado.
Las tierras comunales en Guatemala tienen el potencial de turismo ecológico/comunitario, actividad sostenible económica, social y ambientalmente, que en la actualidad prácticamente no reciben apoyo y/o impulso del gobierno.