Que bueno que ganó Giamatei

Boris Hernández Herrera
Rebelión

Sí, que bueno que ganó la peor opción de las dos, qué bueno para el movimiento social porque esto nos dará la opción de analizar nuestra situación y ver en qué nos hemos convertido. Como hemos dicho cada vez que pasan las elecciones y la derecha siempre sale triunfante, que qué bueno que triunfaron porque eso nos permitirá hacer un auto-análisis y así fortalecernos para el próximo proceso. Cuántas elecciones van ya y que nos repetimos lo mismo, pero nunca cambiamos. Lo que ha quedado claro es que, para participar en política partidista no hemos estado preparados porque, la forma en que se condujo el movimiento revolucionario ya nos traía divididos y se ha visto reflejado cada vez que de participación política se trata, no tenemos la capacidad de consensuar la unidad.

Sí, que bueno que ganó Giamatei porque eso nos obliga a pensar que el modelo de organización social, de movimiento social ya claudicó, porque ha estado fundamentado desde la cooperación internacional que, de alguna manera fue creando una nueva clase social, la burguesía de izquierda, esa que se ha considerado la rectora del movimiento social en Guatemala.

Ahora es tiempo de repensar en un nuevo movimiento social, sin la cooperación internacional, para ver si tenemos la misma capacidad de aportar a los cambios que tanto necesita nuestro país, pero no ya desde nuestras flamantes oficinas desde donde solo respondemos a un proyecto elaborado para seguir manteniendo una forma de vida, que nos ayuda a resolver los problemas económicos y que nos permite tener todo el tiempo del mundo para liderar las distintas luchas emanadas desde esa cómoda posición, y seguir siendo revolucionario.

Tenemos muy claro que la gente que seguirá gobernando el país es la misma de toda la vida, que no les interesa en lo más mínimo resolver las más graves problemáticas ancestrales que ya se han vuelto inaguantables.

En este proceso perdimos una gran oportunidad de mostrar una madurez política, aquella que había empezado a agarrar forma con la Asamblea social y popular surgida a raíz de la coyuntura del 2015. Eso demuestra que este movimiento social ya caducó, que no da para más, lo malo es que no estamos dispuestos a renunciar a la cooperación internacional y a hacer los máximos esfuerzos porque el financiamiento que se requiere para seguir sosteniendo las distintas organizaciones de derechos humanos y de búsqueda de justicia, sean financiadas desde el mismo estado, que es al que le corresponde esa tarea o, desde el mismo autofinanciamiento para que tenga más validez y lo traduzcamos en cambios tangibles, que nos hagan sentirnos satisfechos de cumplir a cabalidad con nuestro deber revolucionario. Nuestros prejuicios no nos lo permiten, por supuesto, ni la forma de vida a la que hoy tenemos acceso, buenos salarios, viajes por distintos países, vehículos, etc.

No cabe duda, necesitamos reinventar el movimiento social y sus formas de organización, creo que 30 años de venir intentando cambios en el sistema y ver solo mínimos avances nos tienen que hacer recapacitar y, de una vez por todas, entrarle a los cambios desde adentro, con la famosa autocrítica que realmente pueda ser efectiva y llevada a la práctica, que nos duela porque tiene que dar paso al nacimiento de un nuevo movimiento. Ya hay pasos que se están dando en ese sentido, todo es cuestión de mostrar madurez y apostarle a ello. La firma de los Acuerdos de Paz nos “había” abierto el camino y, como siempre, dejamos ir la oportunidad.

Si, que bueno que ganaron los de siempre porque, creo que hoy si buscaremos maneras más efectivas para hacerle frente a este Sistema, que seremos capaces de reinventarnos, de pensar en nuestras fortalezas más que en nuestras debilidades, que nuestro “Ser revolucionario” se manifieste de nuevo, sin importar que estos cambios se tengan que hacer de manera violenta. Eso espero.