No todo está perdido

Por Jairo Alarcón

La exaltación de la individualidad conduce al egoísmo y con ello al desprecio o indiferencia por los otros. Pero, ¿cómo es que se llega a tal situación, a pesar de que se vive en sociedad y prevalece la dependencia con los otros? Dado que el ser humano es el resultado de lo biológico y lo que asimila durante la vida, es pertinente examinar esos aspectos para establecer en dónde comienza el problema.

Lo biológico incide en la personalidad y el comportamiento de cada individuo, pero es lo asimilado, en la formación que se obtenga durante la existencia, es decir, en lo que se aprende en sociedad junto a los otros, que se traduce en conocimientos, valores y destrezas, lo que marca la diferencia entre una actitud honesta de su contrario.

Aprender a ser seres humanos, significa adquirir conocimientos para la vida, en donde cada individuo se da cuenta no solo de que no debe satisfacer deseos innecesarios a costa del dolor y sufrimiento de otros, sino también poder distinguir lo que es esencial para su vida de lo que no lo es.

Es más, los placeres necesarios tienen que estar subordinados al bien último de la especie humana que consiste en su pervivencia y el desarrollo integral de cada uno de sus miembros; lo cual significa que el medio para lograr tales deseos tiene mucha importancia. Es decir, la forma en la que se obtienen los bienes particulares es primordial. Los deseos no pueden traicionar a los principios humanos pero, para eso, se deben tener valores que se circunscriban a la naturaleza esencial del ser humano, que consiste en ser sociales; en donde mirar al otro es realmente importante. Muchas veces, deseos inmediatos destruyen valores honestos, ya que la inmediatez de un impulso emotivo anula al
discernimiento.

Entre el placer que constituye consumar un deseo fútil o la serenidad de desecharlo, muchos prefieren el arrepentimiento que deviene después de consumar el hecho, a vivir con la inquietud de lo que habría pasado al desaprovechar tal oportunidad. No obstante que la humanidad requiere de un ser integral que, antes de actuar, contemple el impacto que ocasionarán sus actos y lo contraproducente que puedan ser los excesos.

No todo está perdido para la humanidad, a pesar de la miseria, de las injusticias y traiciones en que se han desenvuelto muchas personas en el mundo. Sin embargo, la confianza en que lo humano prevalecerá y con ello, la razón y el entendimiento de que todo accionar, requiere de un revestimiento ético.

Epicuro planteó la importancia de distinguir entre los placeres, aquellos que son verdaderamente beneficiosos, de aquellos que pueden generar una dependencia y que terminaban por causar insatisfacción, sufrimiento y aflicción. De ahí que evitar la discordia, es cuestión de la toma correcta de decisiones, misma que requiere de la reflexión humana, del imperio de la razón.

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