No todo está perdido

Por Jairo Alarcón

Un mundo donde prevalece la discordia, en donde se viva en un virtual estado de guerra a causa de acciones desmedidas como la acumulación de la riqueza. En donde el interés individual sea más importe que el bienestar colectivo y las necesidades artificiales sustituyan los valores humanos, pondrían a la especie humana al borde de su extinción.

Las asimetrías sociales surgen a partir del egoísmo, en donde se presume que cada individuo tiene derecho de alcanzar el éxito sin importar la forma de lograrlo. No mirar al otro, no contemplar el impacto de las acciones emprendidas puede causar males impredecibles en la sociedad. Así, en el mundo capitalista, se acumula exacerbadamente la riqueza en pocas manos y la pobreza marca el destino de los más.

Valores individuales dejan al margen los preceptos constitutivos de una convivencia social y la exaltación desmedida del emprendimiento personal, cierra las puertas a la solidaridad y a la cooperación entre los humanos. Todo individuo tiene derecho a buscar su bienestar siempre y cuando esté dentro de los límites que le imponga la sociedad.

La convivencia social obliga a que se respeten normas y reglas de comportamiento, las cuales limitan los deseos y apetencias individuales en función de la armonía colectiva. De ahí que surjan los derechos y obligaciones sustentados por un marco axiológico que establecen los valores humanos. El respeto al derecho ajeno, la fidelidad, la solidaridad, la fraternidad son valores sociales que entran en conflicto con la competitividad, el egoísmo, al consumismo, la alienación.

Valores como la lealtad, la confianza, la solidaridad, la fidelidad son dignos de una sociedad sana y de sujetos que comprenden que vivir en armonía supera con creces a una existencia en conflicto, donde el hombre es lobo para el hombre. No obstante las pasiones humanas afloran desenfrenadamente, encegueciendo la racionalidad en sus actos.

El accionar humano se pervierte a través de acciones irreflexivas e irresponsables, lo cual limita la cohesión social necesaria para una existencia digna de cada persona. ¿Es posible que todo esté perdido para los seres humanos? ¿Es difícil entender que no se están haciendo las cosas bien? Lo cierto es que se requiere de un cambio de actitudes, que propicie el bienestar individual y colectivo. Lo que será posible si se comprende que un solo ser humano no se basta a sí mismo y que su felicidad depende del bienestar de los demás.

Educar para una existencia social, brindar herramientas para que la toma de decisiones sea la más justa y adecuada debería ser la solución, lo cual implica el fomento del pensamiento crítico y reflexivo. No debería ser difícil comprender que así como es importante ser puntual, evitar las mentiras, ser fiel, no causar daño a los demás, es necesario entender que, viviendo en sociedad, nose puede hacer lo que uno quiere.

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