Epistemología de la educación

Por: Jairo Alarcón Rodas

Todo proceso educativo tiene como propósito que el educando aprenda determinados aspectos significativos de la realidad, que constituyan el caudal teórico para transformarla y, comprender gradualmente el porqué del accionar humano en el mundo. Sin embargo, la lectura que se haga de la realidad puede hacerse en forma correcta o equivocada, en ambos casos se asimilan cosmovisiones, contenidos culturales, saberes y habilidades que se reproducen en un medio social, formando parte de lo que constituye la idiosincrasia de los pueblos.

El individuo que se une o es reclutado por una pandilla, por ejemplo, aprende, es educado en el oficio de delinquir bajo un código de criminalidad que le impone el grupo al que se ha adherido. El marco de referencia, en este caso, es contrario a las normas de urbanidad social. Por ello, cobra importancia determinar qué se espera del individuo al que se está educando. Ya que se puede educar para alienar o para liberar de la ignorancia.

Sociedades donde imperan las desigualdades, la educación se convierte en instrumento de alienación y dominación para mantener los privilegios de los sectores dominantes. De ahí que el modelo tradicional de educación postule al pragmatismo como su marco de referencia en el que se busca en el estudiante que aprenda habilidades y destrezas que posibiliten su orientación en el mundo, más no es relevante para estos, que lo conozca. Aprender a pensar está lejos de ser el objetivo de la educación por contenidos.

Una cosa es poder orientarse en la realidad, otra muy distinta, como acertadamente lo puntualizó Karel Kosik, es comprenderla. Aprender contenidos sobre determinados ámbitos del saber e instrumentalizarlos, muchas veces está alejado del saber pensar sobre estos; sin embargo, no se puede llegar a tener criterio sin antes problematizar los particulares aspectos del saber a partir de la práctica.

El ideal de la educación es aprender a pensar sobre la realidad para poder actuar en ella y comprender el lugar que tienen los seres humanos en el mundo y en la sociedad. En tal sentido, todo saber debe tener un carácter ético. Cualquier tipo de aprendizaje no debe ir en contra de la armonía que se busca para una sociedad. La educación tiene por tanto un fin y es el desarrollo integral de cada uno de los miembros de la especie para el disfrute en sociedad.

Pero hay que distinguir entre lo que es construir la realidad de construir en la realidad. En el primer caso se estima que cada sujeto puede crear una elaboración particular de las cosas que constituye su interpretación de las mismas, lo cual constituye un tipo de subjetivismo arbitrario. En el segundo caso, toda construcción individual debe tener un orden y este lo establece la propia realidad, lo cual obliga a revisiones constantes y a contar con los criterios de verdad.

Construir la realidad significa edificar a partir de propios criterios y conjeturas pero, todo sujeto es histórico, producto de un caudal de aspectos y saberes asimilados a partir de la familia y del contexto cultural. Lograr llegar por sí mismo a la comprensión de una cosa, no significa construirla. Se puede construir a partir de criterios consensuados o verdades preestablecidas lo cual significa un proceso histórico.

Construir a partir de la imaginación no significa hacerlo a partir de la nada, deben existir contenidos de conciencia con los cuales poder hacerlo. Si fuera posible, el intelecto estaría facultado para crear la realidad con ideas innatas, lo que significaría un tipo de idealismo gnoseológico.

Si existen ideas fantasiosas que emergen de la imaginación es porque el intelecto, como lo señalaba David Hume, procede, con las impresiones e ideas simples que guarda la conciencia a partir de experiencia, a unirlas, separarlas, aumentarlas, disminuirlas o transponerlas. Pero estas, dada su configuración fantasiosa, no tienen un correlato existencial, solo se encuentran presentes en la imaginación.

El cuarto mono editado

Al construir arbitrariamente a la realidad, se le sobrepondría otra que la ocultaría, lo que haría que se viviera en un mundo ficticio de sombras y engaños. Por el contrario, la raíz de todo conocimiento está en la realidad, es el manejo de sus constantes lo que permite al sujeto que conoce prever el futuro y el entendimiento que pueda darse en la comunicación.

No obstante que los humanos comparten tanto el mundo artificial como el real, de la misma forma como lo hacen con la religión y la filosofía, los mitos y la ciencia, la comunicación requiere de una estructura común que permita el entendimiento. De ahí que es en la ciencia, que se desarrolla por la vía de lo real y lo racional, la que provee de aspectos más satisfactorios para el desarrollo de la humanidad.

El relativismo pragmático conlleva a una construcción arbitraria de la realidad cuya finalidad es satisfacer los intereses egoístas de las personas. Los caminos del relativismo, obviamente no buscan la convergencia de criterio, más bien su tolerancia, criterios que en vez de enriquecer la realidad, obstaculizan su acceso.

Si el hombre es la medida de todas las cosas, como lo aseveraba Protágoras, la ignorancia, la alienación, la explotación en cualquiera de sus formas, al igual que la discriminación y el fanatismo, estarían justificados ya que cualquier construcción que siga esos criterios tendría que ser aceptados. Sociedades que culturalmente defienden el fanatismo, la violencia, la vejación tendrían que ser respetadas incluso si se mancilla la dignidad de sus habitantes.

Si hay criterios admitidos entre las personas y las sociedades es porque la razón y la experiencia han establecido que son los más adecuados para el desarrollo y la convivencia de la especie y tales criterios no pueden ser arbitrarios, obedecen a la naturaleza del ser humano y a la interrelación que se establece a partir de la convivencia de los individuos en sociedad.

Construcciones psíquicas sobre la realidad no es lo mismo que construcciones cognitivas sobre la realidad. En las primeras se espera que el educando elabore a partir de sus propias reflexiones racionales y de experiencia, una imagen que corresponda a la realidad. En la segunda se edifica una particular concepción sobre las cosas atendiendo a la funcionalidad e interés del que realiza tal proceso, en esta opción se hace prescindible el educador, así como conocimientos previos; en el primer caso en cambio, juegan un papel importante tanto la realidad como el educador.

La educación por competencias, al partir del constructivismo, no solo convierte el conocimiento en un relativismo gnoseológico sino también, al igual que el empirismo radical, cae en un agnosticismo en cuanto a la permanencia de la realidad más allá de las interpretaciones personales, así como de un escepticismo en cuanto al conocimiento de las cosas.

Toda teoría educativa debe partir de una corriente gnoseológica que le dé validez a los contenidos interpretativos de la realidad y desde luego de una actitud ética por parte de quién proceda a develarlos.

La realidad antecede a la conciencia, y de ésta se puede tener una lectura a partir de construcciones elaboradas a través de conexiones lógicas por parte del intelecto o bien, aceptando el criterio de otros sobre las cosas. Si se procede a construir estados mentales sobre la realidad, ello no significa que dicho proceso se realice en forma correcta y efectiva, de ahí que sea necesaria su demostración. Es decir que es preciso que surja el criterio de verdad.

Construir la realidad representa tener una idea de ésta a partir de comprender las leyes que rigen su estructura básica según las constantes que se manifiestan en ésta. Tal acción exige del sujeto no solo un caudal de saberes teóricos, sino también prácticos. Escuchar a la naturaleza, ir a las fuentes, constatar a través de experiencias propias lo que son las cosas tendría que ser el ideal de la educación.

Sin embargo, no toda construcción que se haga sobre la realidad tiene validez aunque sea socializada y aceptada como estilo de vida de una sociedad. El proceso de reproducción de la naturaleza a partir de construcciones mentales, puede efectuarse por medio de juicios lógicos o de valor. De ahí que sea cierto o incierto dicho proceso. Edificar una lectura sobre las cosas en forma emotiva no informa lo que son las cosas simplemente les dan un valor.

Muchos rasgos culturales son producto de esas interpretaciones que tienden más al funcionamiento de las personas dentro de la sociedad que al interés de relevar lo que es la realidad para un accionar más idóneo. En éste caso lo emotivo reemplaza a lo racional o bien, la racionalidad es instrumentalizada a partir de los deseos e intenciones particulares de cada individuo.

Así, aunque muchas veces tales interpretaciones son funcionales, es decir, sirven para el accionar cultural de los pueblos, son arbitrarias. Es más, determinados aspectos culturales ocultan relaciones de poder. Costumbres, tradiciones no necesariamente son las más convenientes para el bienestar y desarrollo de los pueblos.

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