Recordando a Gabriela Mistral

Johanna Barrios
Defensora de los pueblos originarios y de la identidad Latino Americana.

Al igual que Paulo Freire, construyó una pedagogía que transformó en acción, su poesía, abiertamente revolucionaria transformó la visión de la educación y del rol de la mujer en la sociedad, no sólo en Chile, sino en toda América…

En 1889, viene a este mundo una gran mujer: Lucila Godoy, conocida a nivel internacional por el nombre compuesto del cual ella se apoderó, empoderó y transformó: Gabriela (por el poeta Gabriel D´Annunzio) Mistral (por el poeta Frédéric Mistral).

Considerada pagana y socialista, tuvo severas críticas desde su inicio como estudiante de magisterio, su autoformación y pedagogía natural, le generaron profundas y agudas detracciones al sistema pedagógico educativo, a las dinámicas estatales reflejadas en la vida cotidiana, lo cual se refleja desde sus 15 años en sus escritos en el periódico “La VOZ”, en donde sus letras, reflejan los inicios de sus obras magnas respecto a cómo las mujeres han sido relegadas a un plano secundario; para ella, la cobertura de la educación hacia las mujeres era impostergable así como la rebelión ante la imposición estructurada desde todos los ámbitos.

Desde su trabajo en las áreas recónditas de Chile, continúa su compromiso consigo misma, desde la Patagonia, dedicada y comprometida con la educación, realiza una pedagogía amorosa, solidaria, crítica y transformadora.

Ya conocida en su país, en 1920 se logra consolidar uno de sus anhelos: la educación obligatoria en Chile, luego en 1922, continúa su trabajo en México y publica su poemario: “desolación”. Es aquí; donde sigue floreciendo y amplificándose sus escritos educativos; especialmente para las mujeres docentes y niñas que marcan esas primeras generaciones con acceso a la educación.

En 1928 cuando Francia rechaza el voto femenino, no sólo se pronuncia abiertamente, sino que, como un río que regresa a su cauce, lo hace con toda su fuerza y energía. Ya conocida en el plano internacional, defiende que la educación de un país, debe basarse en su propia realidad y en la búsqueda de la transformación del contexto, y ya, en 1945, obtiene el premio Nobel de Literatura, reivindicando el poder Latino, el poder de la mujer, su autonomía y su crítica constante y rigurosa a los Estados Patriarcales, por lo que invita a las mujeres, una vez se aprueba el voto femenino, no sólo a votar, sino a postularse, a ser parte del poder, y como para muestra un botón, en 1953 representa a Chile en las Naciones Unidas, siendo la vocera, la comunicadora social, no sólo por su capacidad intelectual; sino por su conocimiento desde las bases campesinas, desde estas zonas desconocidas para muchos funcionarios.

En 1957, muere en Nueva York, y aunque sus restos son enterrados en Chile, queda en el mundo sus letras, sus acciones revolucionarias: Pensadora y Maestra, defensora y promotora de una América Libre: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú, donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino”