Culpen a la desarticulación

Por Marco Fonseca

Sin articulación de izquierdas y movimientos de abajo, como lo advertimos mil veces, era esperanzador pero fundamentalmente ilusorio creer que se ganarían las elecciones presidenciales o una buena bancada en el Congreso. Lo advertirnos, repito, mil veces. La derrota no se debe a un fraude electoral. Aunque descubran mil anomalías en todas las mesas receptoras, eso no constituye un fraude. El fraude, dentro de la izquierda y los/as de abajo, es decir que se perdió la elección por infiltraciones y por conspiración. La verdad es que se perdió por falta absoluta de audacia y coraje para salir de las divisiones del pasado y tomar la batuta de la Refundación como una idea radicalmente plural, horizontal, participativa y rupturista. La pureza ideológica fue y es el peor enemigo y, como todo mundo que apela a la pureza ideológica, no se sabe perder y se atribuye la pérdida a “los infiltrados”. ¿Dónde está la autocrítica?

“Anomalías”. ¿Quién en su sano juicio esperaba un proceso electoral 100% perfecto, con iguales oportunidades para los/as excluidos/as de siempre, en un país donde se está dando un proceso de restauración total, un proceso de recomposición del Pacto de Corruptos, una guerra de posiciones abierta entre las elites dominantes y entre éstas y los movimientos y grupos subalternos tratando de romper los lazos y las cadenas de la hegemonía? ¿Acaso el TSE no dio todas las señalas claras de la más rotunda incompetencia durante todo el proceso? De que iban a haber mil “anomalías”, errores de conteo, papeletas pre-marcadas, cierre de centros receptores, intentos de todo tipo para prevenir o impedir la consolidación del rupturismo refundador era algo obvio y dado a priori. Guatemala es un país de demonios y en tiempos electorales es su hora más perfecta. Por tanto, había que preparar una campaña a contra-campaña, una lucha electoral sabiendo que todos los instrumentos disponibles para todos los partidos son, de entrada, desventajosos para los/as de abajo. Había que preparar una estrategia de entrada que, conociendo las reglas, buscara formas innovadoras de contrarrestar los efectos neutralizantes y desactivadores que había que anticipar con un modico de entendimiento del proceso. ¿Por qué esperar que un proceso diseñado para la exclusión iba a producir la victoria, sobre todo para una sola organización que apenas se estaba fogueando por primera vez y que, a pesar de manejar el discurso del Buen Vivir y la plurinacionalidad (ideas anti-esencialistas) decidió de todos modos (¿por la infuencia de ciertos asesores?) entrarle a la cosa con un discurso moralista (proveniente del otro Morales) de pureza ideológica?

¿Y porque se perdió la elección ahora hay que hablar de revolución/restauración violenta? ¡Vaya que hemos avanzado!