El #pride es rebelde

Publicado por Corina Rueda Borrero

Corina Rueda Borrero_ Perfil Casi literalPasamos nuevamente por este capítulo del año donde se agitan las pasiones entre quienes defendemos el derecho a amar e identificarse —más allá de lo que dictan las normas de la heterosexualidad— y quienes sencillamente se oponen a que estas voces y realidades sean parte de nuestra convivencia diaria; pero, aparte de lo que puede representar este contexto simplista, hay algo que causa rocha y va más allá de mi posición en pro de los Derechos Humanos.

Primero, es importante reconocer desde la izquierda que la misoginia y la homofobia no son temas ajenos. Si a las mujeres nos ha costado casi un siglo que se den cuenta superficialmente de que existimos y que nuestro discurso no segrega sino más bien concilia los intereses de —en palabras de Flora Tristán— «la proletaria del proletario»; hablar de la sexodiversidad en un espacio que en teoría reivindica a la clase oprimida significa condenarse a una doble exclusión que poco a poco ha empezado a ganarse lugares a través de voces valientes e históricamente marginalizadas

Dentro de este marco —nos guste o no admitirlo— todxs somos hijxs del patriarcado, del capitalismo y de la colonización, por lo tanto, somos construidxs para repetir los métodos de exclusión que han sido diseñados y heredados hacia nosotrxs, por lo cual, sin querer justificar, no son ajenos estos comportamientos que previamente describo, pero sí depende de nosotrxs desaprender y crear nuevas formas de entendernos en la convivencia, la libertad y el desarrollo social y colectivo.

Entendido esto, también debemos ser conscientes de otro elemento, y es que el capitalismo, con tal de seguir acumulando riquezas y promocionarse como la vanguardia que apoya «derechos» es capaz de transformarse con tal de generar euforia, y por lo tanto, ganancias. Si no me creen, solo recordemos que las marcas de cigarrillos apoyaron masivamente la «liberación de la mujer» en Estados Unidos, armando campañas de encendidas de cigarrillos en Nueva York porque, obviamente, fumar y comprometer toda tu vida adulta a la compra de una marca de tabaco es la mejor forma de quebrar las bases del patriarcado.

Ahora pensemos en el #Pride, en la marcha del orgullo «gay», donde vemos comparsas de empresas, donde para ser patrocinador se deben desembolsar grandes sumas de dinero y donde las compañías hacen alardes publicitarios de cervezas y cepillos de dientes inclusivos. Pero eso sí: sin cuestionar el sistema opresor que solo muestra a los gays políticamente correctos y estéticamente aceptables; o sea, a lo Ricky Martin con su pareja igualmente guapa, ajustándose a los estándares de belleza eurocéntricos; o sea, los que no son hipersexualizados u objetificados en la tele y, mucho menos, racializados.

El #pride capitalista que nos venden es el que tampoco cuestiona el sistema económico ni las estructuras patriarcales. Le importan los casamientos dentro de los márgenes de la heterosexualidad y adoptar niños a costa de los vientres de alquiler de las mujeres empobrecidas. Obvia a las mujeres negras, trans y lesbianas de barrios en riesgo social donde pueden ser atacadas por pandillas y le importa un bledo los gays de áreas campesinas e indígenas que no se amoldan al gay blanco de catálogo de Zara. Tampoco se va a protestar afuera de una iglesia a reclamar el odio y la exclusión, y mucho menos cuestionará tajantemente la falta de laicidad del Estado. El #pride capitalista promueve el símbolo del arcoíris por la diversidad, pero esconde tras sus ganancias a mujeres y niños explotados en fábricas que producen ropa «incluyente» y «revolucionaria».

El orgullo, el #pride, nace de la rebeldía y de la incomodidad. Nace de hombres gays y mujeres trans políticamente incorrectas. Nace de la pobreza y de lo más marginal dentro de lo marginal, no de la mirada capitalista que trata de aprovecharse de los logros de esxs nadies. Nace de lo que todavía hoy se puede y debe rescatar. El orgullo, el #pride, será rebelde o no será.

Fuente https://casiliteral.co