Ganó la posverdad neoliberal

Por Mario Rodríguez Acosta
Los resultados provocan disgusto e inquietud interior. Lo que pudo ser un plebiscito contra la mala gestión gubernamental, la corrupción y la falta de oportunidades para el bienestar de la gente, se convirtió en una ratificación del sistema y la consolidación de la cooptación del Estado. Ganó el pacto de corruptos, ganaron los mismos de siempre.

La UNE y Vamos pasan a segunda vuelta. Eso significa que el ala más light del neoliberalismo criollo, representado por la UNE, se enfrentará a la ultra derecha militarista de Vamos. Habrá que elegir entre dos males mayores.

Entre los dos partidos se repartirán el control del Congreso y quién llegue al ejecutivo gestionará el modelo neoliberal corrupto que asumen. El ejecutivo será el motor para administrar los paliativos del sistema, con los programas sociales como bandera insignia para reflotar el modelo económico en crisis. El otro hará contrapeso, en un congreso más compacto y más previsible.

La justicia volverá a funcionar corporativamente, dentro del esquema de cooptación vigente. Las estructuras del crimen organizado y el narcotráfico continuaran conviviendo con los poderes locales y actuando en el interior como un Estado paralelo.

La derrota del partido de gobierno, no significa el fin de tanto despropósito. Al contario, el entorno de Jimmy Morales ha obtenido un salvoconducto para gozar de los beneficios de la impunidad que buscaron desde el principio. Sus principales gestores estarán en el congreso defendiendo esos intereses. Es el pago a sus buenos servicios. El resto de operadores corruptos respira con más tranquilidad.

La familia Arzú conserva sus espacios, tanto en la municipalidad de Guatemala, como en el Congreso. Y se mantendrán apoyando la gestión del ejecutivo, sea con UNE o con Vamos. La apuesta de Encuentro por Guatemala resultó fallida y es posible que la diputada Montenegro sea historia. Semilla se desinfló al final, pero logra importantes espacios en el legislativo con una representación pequeña, pero importante para un partido nuevo.

La izquierda seguirá siendo marginal en el Congreso y por lo tanto irrelevante dentro de nuevo esquema de poder. Incluso si decidieran actuar unidos en una agenda compartida dentro del Congreso, aspecto muy difícil de lograr, no serían factores de poder. El esfuerzo de Thelma Cabrera y el MLP no fue suficiente para cambiar la correlación de fuerzas, pero abrió las puertas para los temas importantes de su campaña, incluyendo la Asamblea Constituyente. La representación en espacios del poder local por parte del MLP le otorga una ventaja importante para movilizar su agenda política.

Por su parte URNG y Winaq incrementan su presencia en el Congreso, pero seguirán siendo marginales e irrelevantes. La gran derrotada fue Convergencia, que se queda sin representación en el Congreso y con tendencia a desaparecer como partido. Líder, el otro partido de izquierda tampoco supera la prueba. La izquierda histórica sigue con una práctica patética y con un obstinado protagonismo individual de sus dirigentes que los condena nuevamente a ser comparsas del Estado cooptado.

Si lo pensamos bien, nunca estuvo en juego el desmantelamiento de la estructura corrupta del Estado. Nos queda un Ministerio Público vigilante, pero inefectivo. Una FECI en proceso de desintegración. Un buen recuerdo del actuar de la CICIG y su Comisionado. Una embajada con poder y con tropas gringas en nuestro territorio. Un empresariado a gusto con la corrupción, gestionando sus negocios en la sombra del Estado y conviviendo con el crimen organizado. Una policía nacional civil desmantelada y un sector militar vinculado al narcotráfico, actuando de modo contrainsurgente para lograr mayor impunidad.

Es el resultado de una muerte anunciada, para un país predecible.