La gente decente debe votar con dignidad

Por Mario Rodíguez Acosta
Los/as guatemaltecos/as decentes tienen la oportunidad de cambiar el rumbo del país. Las elecciones son un paso más, no el único, pero si uno de los más importantes en la actual coyuntura. Decidir por quién votar no debe ser difícil. Basta con analizar que partidos y quién de sus líderes se opusieron a la continuidad de la Comisión internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG-, quiénes pusieron bloqueos en la rueda de la justicia para que no se cumpliera la ley y lograran que todos los corruptos gozaran de impunidad. Hay partidos que se declaran anti Cicig, por lo tanto, es fácil identificarlos y no votar por ellos.

Se debe recordar que los políticos que se han opuesto a la Cicig tienen cola que les machuquen. El castigo que los ciudadanos honestos podemos darles, es un voto en contra. Para que se queden sin ante juicio y sin poder. Ese será el primer paso para que posteriormente enfrenten a la justicia. Votar por nosotros es la mejor opción.

La elección nos da la oportunidad para cambiar la historia y modificar la dirección del país. Nunca, como ahora, la situación es menos complicada. Por un lado, están los políticos que desean perpetuarse en el poder y se lanzan a la reelección. Hay otros que han optado por ceder el poder a sus familiares. Saber quién se reelige es fácil, discernir su conveniencia, es aún más sencillo. Evitar un voto por estos dirigentes tránsfugas y corruptos es tener un poco de dignidad. Discernir sobre nuestra situación presente, nos da la solvencia para votar en contra de quién se quiere reelegir. Basta con observar nuestra realidad para comprender que con ellos, los corruptos tránsfugas, vamos al abismo.

Es obvio que los que aspiran a presidente tienen un mayor escrutinio de parte de la ciudadanía, y en orden descendente continúan los candidatos a diputados, alcaldes y Parlacen. Para la elección presidencial están los impresentables, los de la vieja política, que representan a lo peor de lo peor. Una mezcla de partidos fascistas, contrainsurgentes, plagados de matones a sueldo, con financiamiento oscuro y redes empresariales de apoyo poco transparentes. En el centro está lo que llaman la nueva política, un puñado de partidos de reciente creación que lanza gente nueva, mezclada de impresentables. Y al final del recorrido, se encuentra la otra política cuyo partido y candidata presidencial representa una disrupción del viejo sistema corrupto que se niega a morir.

La elección para diputados, los congresistas actuales han adoptado infinidad de tácticas para continuar en el poder. Unos dejan sus curules, pero las quiere heredar a sus hijos y familiares, mientras algunos se van al parlacen. Otros, que se han colado por la permisividad del Tribunal Electoral, lo hacen agazapados entre un listado distrital, un poco para pasar desapercibidos. Los más cínicos, están en campaña permanente entre las plazas y los juzgados. Unos hasta de nombre se han cambiado, pero todo lo que hacen es para engañarnos.

Siempre es importante identificar quién los apoya y los financia. Hay políticos que son manejables y que resultan incompetentes en los cargos, entregando el poder a otros para que se hagan cargo, son del mismo tipo del actual presidente. Otros son amorfos. Son tipos variables, que hoy dicen una cosa y mañana otra, están sin personalidad, hacen lo que haga falta para mantener sus beneficios personales pero sin visión ni convicción.

Pocos hablan claramente de sus convicciones y de su ideología. Estos que esconden lo que son, para aparentar otra cosa, en el fondo son una inmundicia. Juegan el papel complaciente, mercadean su candidatura como si fuera un producto, pero sus verdaderos designios los esconden. Hay que temer a estos, pues la falta de escrúpulos es una señal inequívoca que es de la vieja política. Si creen que todos los partidos son iguales, no es tan cierto. Hay unos peores. La otra política es una opción que hay que asumir con dignidad.