Clasismo y racismo enmascarado

Danilo Santos
Politólogo
desantos.salazar@gmail.com

Elegir candidato o candidata, municipal, distrital o nacional, es fácil: vea sus valores y vea quién los representa. Ir descalificando y burlándose de ellos, también sirve, pero deja ver con claridad nuestra alienación, ignorancia y el monumental control cultural del sistema. Para mí, Thelma Cabrera representa dignidad, y eso vale más que cualquier título pedorro o arrogancia de ladinos que reniegan de lo que llevan en la sangre. Por otro lado, el argumento de la capacidad es fútil, casi 200 años de gobiernos de altos mandos del ejército (preparadísimos), liberales, conservadores, neoliberales y últimamente “neopentecostalesultraliberales”; la mayoría con sendos títulos, y el peor de todos, un “gran” bachiller. Y bueno, el país está como está, por esos “estadistas”. Así que eso de la preparación no es un argumento lo suficientemente sólido, es más, parece que sirve para enmascarar un profundo clasismo y peor aún, un vergonzoso racismo.

Es lamentable decirlo 500 años después, pero uno de nuestros grandes problemas de fondo es que no somos Nación, los pueblos no están integrados al Estado de manera real; es un solo pueblo el que ha gobernado y gobierna, y ese el miedo de fondo de los aspiracioncitas arrogantes e ignorantes y de los dueños de la estructura; es decir, sus titiriteros. Existe pues, la hegemonía de un pueblo y a este le da tirria que los otros pueblos existan o decidan, y justifican esa subalternidad a través de la creación de ‘”su” doctrina (el derecho), los dogmas religiosos, las verdades absolutas dichas por semidioses, y por supuesto, la cultura. De ahí que nos han hecho creer que somos un pueblo (no somos un pueblo, somos varios) conservador, religioso y con profundos valores propios que no deben ser mancillados por ideas extranjeras. Mentira todo.

Así que “dios guarde” que un “indio o india” llegue a gobernar el país. Porque no son capaces… Se le olvida al grueso de racistas amentes, que los pueblos han podido llegar hasta nuestros días porque son sumamente capaces, y además de serlo, han alimentado a las élites y la clase dominante con su trabajo. Es decir, han resistido inteligentemente, de lo contrario, en un país que odia a los indígenas, ya hubieran desaparecido.

Estamos a generaciones de reconocer aquello de “una Luciérnaga en la punta de una tusa para hacer creer al carcelero que se fumaba, toda la noche, como lo habían mandado los señores, quienes habían ordenado su muerte si no lo hacían y si lo hacían y no entregaban intacta la tusa, también”. Al día siguiente la tusa fue entregada intacta y el carcelero pensó que habían fumado toda la noche. Los señores se sorprendieron. Eso es capacidad.

Veo en Thelma Cabrera a mi bisabuela Candelaria Peck Sunuc, quien resistió, sobrevivió e hizo posibles generaciones de “profesionales preparados”. Creo en ella, creo en la dignidad. Creo en la sabiduría de las asambleas comunitarias, las he vivido, no son perfectas, pero se escucha la voz de todos. Una última cosa, “…las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son”. Yo elijo el buen vivir, la Asamblea Plurinacional y, la dignidad.