Posición del Partido Guatemalteco del Trabajo PGT, ante el proceso electoral 2019

En una democracia burguesa, los procesos electorales están orientados a la continuidad y reproducción del sistema político y del Estado que, a su vez, garantizan la pervivencia del modo de producción capitalista basado en la explotación de las clases trabajadoras, en el aprovechamiento irracional de los bienes naturales que conduce a la destrucción de la naturaleza, y que hace uso de múltiples sistemas de dominación y opresión patriarcal y contra los pueblos indígenas.

La sociedad guatemalteca actual corresponde al modo de producción capitalista en su fase neoliberal, propio de un país atrasado y dependiente del imperialismo. Es una sociedad que está dividida en clases sociales antagónicas: la burguesía y las clases trabajadoras. Es una sociedad profundamente desigual en términos económicos y sociales, donde casi el 60% de la población vive en condiciones de pobreza y extrema pobreza.

Es una economía insertada en la economía mundial capitalista y en la globalización a base de la exportación de materias primas, algunas con algún grado de valor agregado como el azúcar, el café y algunos derivados de la palma aceitera. Es una economía abierta a la expansión del capital transnacional, especialmente a través de actividades extractivas como la minería y el petróleo.

En ese contexto, el Estado burgués guatemalteco es profundamente conservador, en el que domina el anticomunismo heredado de la guerra fría; complaciente y dócil a los dictados del imperialismo estadounidense. Es, además, un Estado que en las últimas décadas es configurado por una amalgama de intereses de la clase dominante, el crimen organizado, la cúpula militar de la contrainsurgencia y políticos mafiosos, bajo el amparo de Estados Unidos.

Esas son, brevemente, las condiciones económicas, políticas y sociales en las que se desarrolla el proceso electoral 2019, cuatro años después de las jornadas de abril-agosto de 2015 con motivo de la peor crisis política que se ha vivido en los últimos veinte años, luego que quedara al descubierto la alianza entre empresarios, militares y mafias criminales que controlan el Estado. No obstante, las elecciones permitieron a la burguesía/oligarquía y a los grupos de poder darle una salida controlada a esa crisis, cuya solución de continuidad es el gobierno de Jimmy Morales. Pero no resolvieron las contradicciones entre distintos grupos de poder.

En el contexto del proceso electoral 2019, es importante destacar que el “pacto de corruptos”, que reúne a grupos empresariales, del crimen organizado y políticos mafiosos, ha logrado virtualmente paralizar la lucha contra la corrupción, que tocó débilmente a algunos miembros de la burguesía y de los grupos empresariales corporativos más fuertes.

Pese a las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, el sistema de partidos está intacto. Sigue controlado por la burguesía y estructuras criminales que los financian; con candidatos provenientes del crimen organizado, como lo confirma la captura de Mario Estrada en Miami, quien fuera candidato de la UCN. Es un esquema de partidos en el que predominan los partidos de centroderecha, derecha y extrema derecha; expresiones políticas y vehículos de distintas facciones de poder, de la clase y grupos hegemónicos dominantes que se disputan el control político del Estado.

Las elecciones de este año representan un punto culminante del reacomodo de fuerzas de la clase dominante y grupos de poder, que se han sentido señalados y han visto en peligro uno de sus mecanismos de acumulación de capital por la lucha contra la corrupción. Un reacomodo de fuerzas que, de momento, les ha permitido lograr una frágil estabilidad política.

Por su parte, las fuerzas políticas de la izquierda electoral, representada por los partidos Winaq, URNG, Convergencia y Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), concurren al proceso electoral en condiciones de atomización. Los tres primeros son partidos que han hecho de las elecciones la razón principal de su organización, y han sido absorbidos por el sistema político y de partidos. No están arraigados en las clases trabajadoras, los pueblos indígenas, las mujeres y la juventud. No obstante, son fuerzas que de cierta forma expresan algunas de las aspiraciones más sentidas de la mayoría de la población.

El MLP, por su parte, es un partido surgido de la organización y las luchas campesinas; cuya propuesta política más sobresaliente es la convocatoria a una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional. Es su primera incursión en la lucha electoral, y su principal reto es no terminar siendo absorbido por el sistema.

La izquierda electoral no fue capaz de proponer ni levantar una candidatura común como alternativa con posibilidades reales para enfrentar a los partidos de la derecha. Prevalecieron los intereses personales y sectarios de las cúpulas dirigenciales de esos partidos, que imposibilitaron la construcción de una alianza amplia de izquierda.

Por ello, es previsible que el resultado de estas elecciones sea nuevamente una salida pactada entre las fuerzas de la derecha y extrema derecha, que logre mantener el control de los organismos Ejecutivo y Legislativo. Asimismo, que los partidos de izquierda en su conjunto logren unos cuantos diputados y algunas corporaciones municipales, pero sin ninguna posibilidad de buscar y propiciar la transformación económica, política y social del país.

Los comunistas reafirmamos que la lucha electoral no es, en las condiciones actuales, un espacio en el que se puedan lograr cambios sustanciales en la vida del país. Sin embargo, estamos convencidos que hay una diferencia entre votar por la derecha y votar por la izquierda. Por ello, las guatemaltecas y guatemaltecos que decidan votar y que anhelan cambios en el país, deben votar por los candidatos de la izquierda de comprobada trayectoria revolucionaria, honestos, honrados, que provengan del movimiento popular porque son ellos los que conocen las demandas y sentir de la gente; candidatos que no traicionen, como ya ha ocurrido, las causas populares y la lucha por la transformación de este sistema; candidatos que al estar en el cargo si fueran electos, no abandonen su compromiso con las clases trabajadoras, los pueblos y las mujeres.

Más allá de este momento electoral, los comunistas estamos convencidos que para transformar el país es necesario construir un proyecto revolucionario y un movimiento político capaz de impulsarlo.

Por Guatemala, la revolución y el socialismo

Partido Guatemalteco del Trabajo
PGT