El chavismo realmente existente y el “castigo colectivo” a Venezuela

Por Crosby Girón

Este mes fue presentado el informe Sanciones económicas como castigo colectivo, el caso de Venezuela. Se trata de un documento elaborado por Jeffrey Sachs y Mark Weisbrot y publicado por el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR). Sobre Venezuela, como se puede constatar fácilmente, en los medios masivos y en las plataformas digitales, la información y desinformación han fluido durante años sobre los mismos carriles: dejando una impronta de incertidumbre y polarización entre las audiencias.

La idea de un “castigo colectivo” ha sido uno de los elementos que más me ha llamado la atención. El estudio muestra como primer hallazgo el hecho de que los impactos más importantes de las sanciones económicas impuestas a Venezuela por el gobierno de EEUU desde agosto de 2017 no han sido sobre el gobierno sino en la población civil: “Las sanciones redujeron la ingesta calórica de la población, aumentaron las enfermedades y la mortalidad (tanto para adultos como para menores) y desplazaron a millones de venezolanos que huyeron del país como producto del empeoramiento de la depresión y la hiperinflación”.

Como bien se sabe, comer por debajo del mínimo requerido pone a sufrir a todas las funciones del cuerpo. De hecho, según refiere, Marilú Acosta, la Universidad de Minnesota llevó a cabo un experimento entre 1944 y 1945, el cual consistió en someter a 36 voluntarios a una dieta durante seis meses con sólo 1,600 calorías al día y con una actividad física de 35 kilómetros de caminata por semana. La ingesta calórica mínima promedio es de entre 1800 y 2000 calorías diarias. Se considera una baja ingesta calórica consumir menos de 1,200 calorías al día.

El resultado de ese experimento fue que los participantes dijeron sentirse apáticos, sin energía física, sin motivaciones personales e irritables. Mostraron ciertos comportamientos como lamer los platos y diluir las papas con agua y mantener por más tiempo la comida en la boca con la intensión de prolongar el proceso de ingestión. En consecuencia, la comida se convirtió en la única fuente de fascinación y motivación. Los integrantes del grupo empezaron a guardar recetas de cocina, soñaban despiertos con comida, ideaban planes para robarla, bebían agua hasta sentirse llenos y aumentaron sus hábitos de fumar o mascar chicle.

En cierto punto del experimento, los participantes pausaron su desarrollo personal y socializar les aburría, el romance y el deseo sexual desapareció. Se les dificultaba reír y la interacción con los demás fue complicada, el simple hecho de sostener una conversación implicaba una lucha y ellos, ante cualquier estímulo sólo mostraron resignación.

En el experimento ocurrió algo muy interesante al final, cuando se empezó a aumentar el número de calorías consumidas por el grupo. Físicamente mejoraron casi de inmediato, pero sus funciones cognitivas disminuyeron, la irritabilidad se convirtió en agresión, los cambios de ánimo fueron más pronunciados y, siguieron lamiendo los platos. Fue hasta que durante nueve meses consumieron las cantidades adecuadas de calorías que “el comportamiento social se estabilizó, los ánimos se equilibraron pero nunca volvieron a comer igual. Les quedó una sensación de hambre, aunque sólo tuvieran un poco de apetito”.

Lo anterior es para visualizar el efecto directo en la población de esas sanciones económicas contra el país. No está demás mencionar los efectos a nivel de la estabilidad económica “que contribuyó aún más a un mayor número de muertes”, señala el informe.

El estudio indica que: “Todos estos impactos perjudicaron de manera desproporcionada a los venezolanos más pobres y más vulnerables. Incluso más severas y destructivas que las amplias sanciones económicas de 2017 fueron las sanciones impuestas por una orden ejecutiva el 28 de enero de 2019 y las órdenes ejecutivas posteriores a este año; junto con el reconocimiento de un Gobierno paralelo, que, como se muestra a continuación, creó un conjunto de sanciones financieras y comerciales que son incluso más asfixiantes que las propias órdenes ejecutivas.”

En este punto cabe preguntarse si el debate es sobre “el dictador Maduro y su gobierno corrupto”, o sobre la implementación de prácticas de gobierno agresivas en extremo y de una progresividad que continúa dañando la vida y la salud humanas, al grado de que este documento afirma que estos daños incluyen “más de 40 000 muertes entre 2017 y 2018; y que estas sanciones encajarían en la definición de castigo colectivo de la población civil, tal como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya, de las cuales Estados Unidos es signatario”.

El gobierno de Maduro es el chavismo realmente existente. ¿Qué tipo de gobierno se podría hacer en cualquier lugar del mundo bajo estas condiciones?

Sachs y Weisbrot nos dicen que “Estas sanciones también son ilegales según el derecho internacional y los tratados que ha firmado EEUU, y parecería ser que también violan la legislación estadounidense”.

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